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Como el acto más egoísta, mi mente no recordará ni tu nombre

Como el acto más egoísta

Como el acto más egoísta

Olvidar a una persona requiere de valor, ya que sólo de esta forma podemos seguir adelante:

Tal vez en algún momento la vida me haga olvidarte

como el acto más egoísta, mi mente no recordará ni tu nombre

el olor de tu perfume

la textura de tu cabello

mi pecho olvidará tu cabeza

las manos se acostumbrarán a otras manos

a los labios le gustarán otros labios

las tardes más bonitas ya no serán contigo

el futuro ya no será contigo

ya nada será contigo

siempre tuve miedo de perderte y de los días perfectos

porque la gente va planeando sus despedidas para arrancarte de una sola intención el corazón y su recuerdo

pero con tu despedida no pasó eso

incluso si lo planeaste

sé completamente que no salió como lo esperabas

tú no me arrancaste el corazón porque te da miedo el olvido

y así

a cualquier lugar que fueras

sabrías que alguien en alguna parte del mundo te estaría extrañando

y con un tantito de suerte tú me olvidarías

aunque tus deseos sean menos egoístas

como

por ejemplo

sé que te mueres porque yo sea feliz

aunque sea con otra persona

y la persona que me hace feliz eres tú

yo soy egoísta

sabes

creí que te haría feliz con lo de siempre

que te gustaría que te llenara de poemas

que te amara de una forma tan patética

pero tan necesaria

creí que te llenarían las mismas cosas

que te harían feliz

cuando no sabía qué era lo que te hacía feliz

me gustaría que cada poema que te hago fuera una despedida

no porque espero que nos separemos

sino porque si un día me voy o te vas

ojalá me recuerdes de una manera bonita

y ojalá sea así la manera en que ahora me estás recordando

yo sigo con la esperanza de encontrarte en cualquier café de la ciudad para mirarte una vez más

la última

sólo para mirarte

no iré a saludarte

ni pasaré de manera intencional frente a tus ojos tratando de evocar alguna emoción ya perdida

cuando te vea

si llego a verte

sólo estaré con una sonrisa por un rato observándote

y luego cuando se me llene el corazón de cosas bonitas

me iré de aquel lugar

sin que tú sepas siquiera que existí junto a ti otro ratito

que me llenaste de felicidad otro ratito

y te dejaré ir siendo yo el que me marché.

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Decir adiós es un paso difícil, pero lo más complicado es “explicarle al corazón que para esa persona jamás fuiste su motivo”.

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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Jenny.

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