
Estoy aquí de nuevo,
con la mente en un vuelo permanente,
aunque a veces tenga sus dudas,
nunca para,
nunca vuelve.
Estoy confundido ante todo,
y eso me perturba.
Me vuelvo loco solo,
y a veces en tertulia.
Desdichada mi sonrisa que sangra veneno y mendiga consuelo,
que brota ante los demás,
que para sus adentros murmura en silencio,
y entre sus murmullos y sus ecos,
se oyen tenues sus lamentos.
Converso con la gente,
me aburren, me empalagan,
me abruman sus repetidas pláticas…
las reiteran para saciar esos huecos en donde sus penas entierran,
las esconden,
las olvidan.
Pero la Soledad me ha sido fiel,
buena amiga,
de ella sí me puedo fiar.
No aconseja,
sólo escucha,
bien atenta,
muy contenta.
Mi querida Soledad,
cuánto te quiero,
consuelo mío,
cásate conmigo.

