
I
Quiero contar lo que me sucedió hoy por la mañana. Insólito. Sorprendente. Todo sucedió de camino a la oficina, aún el frío hacía que el esqueleto temblara, la neblina apenas dejaba ver las luces delanteras de los automóviles; recuerdo que en el café rodante que estaba en la esquina de Barazra sonaba muy amenamente un concierto en flauta y violín de Antonio Vivaldi.
Llegué a la oficina extasiado, no podía creer lo que había ocurrido. No quise contarle a nadie hasta llegar a casa. Los segundos en el trabajo se convertían en minutos, los minutos en horas y las horas en días. No pude probar alimento a la hora del almuerzo, el recorrido a casa de no más de siete minutos a pie se transformó inexplicablemente, todo se detuvo: el tiempo, el espacio, mi andar… Eterno se hizo el día para poder llegar a mi escritorio, sentarme en aquella silla de madera incómoda que está por derrumbarse en cualquier instante, poder sacar la hoja en blanco del cajón, la pluma que siempre me acompaña y escribirles sobre lo ocurrido esta mañana.
Después de pensar en los problemas de todo hombre soltero que vive en un apartamento alquilado: salir a comer al lugar más barato que encuentre en la zona, caminar horas y horas fumando cigarrillo tras cigarrillo, pensar en cómo sería el amor ideal; deseando formar una familia sin realmente quererla.
Después de entrar a las librerías de viejo y salir con siete u ocho libros que devoraré en menos de 15 días. Buscar la hora y el día ideal para entrar a la sala del cine o del teatro solo, sin que alguien se percate de ello. Que nadie se percate de mi presencia. Pensaba en esto cuando escuché que el timbre del apartamento sonaba por tercera vez y que iniciaban los avisos a la puerta manualmente, no sé cuántas veces habían llamado ya.
II
Visitas inesperadas. Visitas que matan carcomiendo por dentro lentamente. Visita en las que no hubo palabras, sólo miradas, miradas fijas que penetran el alma…
Me levanté de mi silla de madera cuidadosamente para que no se desintegrara antes de ir a atender la puerta.
Tiempo que se fue y no volverá, tiempo perdido en dimensiones que no conoceré.
Después de escribir el último párrafo tardé 23 minutos en volver a sentarme y comenzar a escribir. Me levanté de nuevo, ahora a poner un poco de música para amenizar mi noche y poder escribirles la historia que me sucedió hoy que sé, también los dejará con la boca abierta.
Siempre me tardo en escoger qué libro leer, qué película ver y, como en este momento, qué disco poner, hoy me decidí por la canción que más me pone nostálgico: `Love Street´ de The Doors.
Dejémonos de charlatanería y déjenme contarles esta historia que comienza así…
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Conocer y adentrarse al universo de las letras trae consigo algunos hábitos extraños, te compartimos los 8 tipos de lectores con los que puedes encontrarte en una librería la siguiente ocasión que vayas a buscar tu nueva adquisición.
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Las imágenes que acompañan el texto pertenecen al artista Jared Tyler, conoce más sobre su trabajo en su perfil oficial.

