Poema por: Diego Rodrigo Illescas Díaz

Despavorida corre el agua,
en esas risas de barro, y
en la imprenta del cuerpo ha
sido tallada la vida, hogar
de reuniones, otra vez vuelvo
a ver pasar la nubes, donde
una vez las encontré.
Sembradíos han dejado de
dar luz, surrealista la existencia,
sentirse una pluma, y en plomo
nadar llenos de orugas, llevo en mi
garganta la puesta del sol, ahora
que me he arrancado
estas arrugas, el sol sale de
mis manos y de nuevo voy
contra corriente.
Silbidos silvestres, el bosque
repite mi nombre, con sus
largos silencios,
siento su vida en mi sangre.
Mis latidos retumban en la tierra,
mi ser un ejército, aunque
la noche se asome y los laberintos
saquen sus telarañas.

