Vilma Vargas Robles (1961) es una escritora nacida en San José, Costa RIca. Con su primer poemario, El fuego y la siesta (1983) fue acreedora al Premio Centroamericano de Poesía Juan Ramón Molina. Desde entonces ha publicado seis colecciones de poemas y ha sido miembro activo del sistema literario costarricense.
En los siguientes poemas de Vargas, la desolación y la angustia del desamor se entretejen con un lenguaje sencillo, pero enigmático, y con los colores tenues de un atardecer que reflejan el recuerdo de un amor que se desdibuja.
CONTIGO
No olvidaré tu rostro,
nunca
ni el mundo inconsistente.
Los habitantes
mezquinos; y tú pálido,
y eso es todo.
Como hoy,
así silbaban aquellos viejos usureros,
pero tu viste dos veces
la Tierra,
el sitio donde amarnos
exactos,
concluidos
como una mano abierta.
PORQUE ME INCLINO
Porque espero
porque parece que nadie viene
por el silencio
y las cosas que son ajenas
por lo repentino y los pájaros
por las puertas
que únicamente al mediodía
en el calor cuando parecen abrirse
crujen y atrapan algunos ruidos
por el fuego
que sombrea su cola
pido perdón
pido perdón porque me inclino
porque espero
casi soplo
casi vida
casi mi cuerpo
abriendo tu cuerpo.
MASCARADA
En la noche cercana alguien me espía.
En las caras una lágrima se alarga.
Voy a entrar donde no logró deslizarse el sol.
Pero no querré enseñarles a llorar
porque soy una buena niña de piedra.
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Escribir y leer poesía es una forma de sanar el alma. Si quieres leer más poemas de amor y desamor, te invitamos a que conozcas a los autores de los poemas para los que se resisten a superar las decepciones y los poemas para los que no quieren olvidar.

