Te quiero, te quiero ahora porque te quise un día.
Te quiero porque me enseñaste el sabor de tus labios dulces,
porque fuiste como una estrella fugaz cumpliéndome sueños,
te quiero por el año y los meses acariciando tus dedos esbeltos.
Te quiero, te quiero porque te quise un día
por tus gritos sin compromiso,
por tu espalda y tu piel suave,
por ti y por mí en nuestros dedos,
por el mundo en nuestros talones en ese día.
Te quiero por la cima que eran tus ojos,
por las lágrimas que brotaron al besarte,
por esos momentos en que me dio miedo
bailar por hacer mil ridículos.
Por ese peculiar caminar que tenías
y que quizás aún tengas.
Por tus adiós de lejos, por tu mano
despidiéndome desde tu casa.
Por tus silencios, que aunque lo negaras,
guardabas algo siempre, siempre.
Ah, pero silencios también había
en un rincón junto a la oscuridad.
Diario tenías razón, es cierto,
ahora lo admito.
Te quiero por tu frío,
por la falta de entendimiento
que tenías hacia el sarcasmo.
Por el temor de mostrarme
tus pies que creías que eran feos.
Por como peinabas tu cabello
rápido antes de verme.
Por el sentido del amor
que tenías conmigo.
Por no decepcionarme
seguiste estando ahí.
Te quiero por no alejarte
de mí después de todo.
Por los vasos de agua que me diste
al llegar a tu casa.
Por aceptar salir conmigo la primera vez,
por esperar a decirte lo que sentía,
por las idas clandestinas a esa casa.
Te quiero por la vez en que esas
lluvias nos sintieron, por las calles
que nos vieron enamorados,
por las personas que nos presentamos.
Por todas las decepciones, los olvidos,
por todo el universo de defectos que tuvimos, te quiero.
Por todos los días en que me decías: mi amor.
Por las estrellas que no alcanzábamos a ver,
por los lugares donde no fuimos,
por los planes que hicimos, te quiero.
Y por el primer beso que me diste,
y el último gran y hermoso beso
que nos dimos esa mañana
cuando ya casi todo acababa,
el beso que no aguantamos.
Y por tanto más te querré.
Te quiero porque te quise un día
y te amo.
Hasta luego.

