
“Siempre imaginé el paraíso como una especie de biblioteca”. Sólo un amante de los libros podría darle sentido a esta frase del autor argentino Jorge Luis Borges respecto a su idea acerca del paraíso. Ese lugar que resguarda libros llamado biblioteca es testimonio del saber humano y la evolución de las ideas, así como de la imaginación. Tal es la importancia de estos sitios que se encuentran en prácticamente todo el mundo que desde el 24 de octubre de 1997 se celebra el Día de la biblioteca.

Las bibliotecas ordenan de manera sistemática los libros dependiendo de su tema, autor y disciplina. Todo libro resguardado en ella es puesto a disposición de los visitantes para su consulta. De esa manera, estudiantes, académicos, investigadores, periodistas y público en general tiene acceso al conocimiento de manera libre y autónoma.
La gran clasificación de una biblioteca se divide de la siguiente manera, según la Clasificación Decimal Universal, o CDU: Lengua, Artes, Ciencias exactas y Ciencias naturales, Ciencias aplicadas y tecnología, Literatura, Filosofía y Psicología, Historia y Geografía, Ciencias sociales, Religión y finalmente obras de referencia (diccionarios o enciclopedias).

Desde la época de Mesopotamia existen las bibliotecas: en aquel entonces su función era el resguardo de tablillas de arcilla que fueron el antecedente de los libros. Sin embargo, la primera biblioteca tal y como la conocemos fue la de Alejandría en Egipto que adoptó el sistema alfabético de clasificación para ordenar los libros, y la de Pérgamo, actual Turquía. Otro antecedente fueron los grandes almacenes de libros en los monasterios de la Edad Media.

El término “biblioteca” deriva de las palabras griegas biblion = libro y theke = caja, que equivaldría a “depósito de libros”. Actualmente muchos de estos recintos forman parte importante de una ciudad o país ya sea por su acervo bibliográfico o por su imponente arquitectura. Ejemplo de lo anterior son la Real Biblioteca del Monasterio del Escorial (Madrid, España), Biblioteca Real de Dinamarca (Copenhague), o la Biblioteca de la Abadía Admont (Austria).

Estos recintos conservan su esencia original pero también han añadido factores de modernidad como acceso a archivos digitales o exposiciones temporales que le dan dinamismo y un mayor interés a su catálogo. Asimismo permiten la visita guiada a sus instalaciones para el público que quiera conocer su historia, valor arquitectónico e importancia como patrimonios de la humanidad.
Actualmente las bibliotecas no sólo se limitan a resguardar libros y ofrecer espacios para su consulta sino que también han incorporado actividades como cursos, museos, galerías de arte, pláticas y conferencias, digitalización de su catálogo, salas interactivas de lectura, entre otras cosas.

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