Ícono del sitio Cultura Colectiva

¿Quién no ha anhelado sólo un beso más?

¿Quién no ha anhelado sólo un beso más?

¿Quién no ha anhelado sólo un beso más?

A continuación un poema de la joven autora Karen Barrera, escrito como un manifiesto o un monólogo que incita a la reflexión existencial.

¿Quién se atrevería?

¿Quién no se ha tomado el tiempo por la noche o por la mañana para marcarle, sin una razón aparente, sólo con la intención de que responda, de escuchar un “¿bueno?, ¿hola?” y el silencio, ese que a intervalos da paso a su respiración, ese momento que parece ser perdido pero que recupera un poco de lo que eran ustedes, que te da el instante en el cual, aunque sean sólo un par de segundos, tengas su compañía, y aquel, del otro lado de la línea tenga la tuya; el minuto en el que vuelven a estar juntos?

¿Quién no ha pasado una noche con una duda clavada en el pecho pensando que está en el lugar equivocado? ¿Que hay algo más esperando por ti y que quizás estás o has desperdiciado un valioso tiempo que jamás volverá?

¿Quién nunca se ha maravillado al observar a aquella persona que alguna vez no era nada y ahora lo significa todo, agradeciendo cada momento que te hizo llegar hasta ahí?

Que levante la mano quien nunca ha enviado un poderoso “OK” en un mensaje de texto, ese en forma de agresión para expresar todo el enojo.

¿Quién jamás tuvo miedo al sentir que todo el amor se marchaba y le aterraba pensar que lo más bello en ese momento parecía ser la huida, esa que, sabías, destruiría todo detrás de ti?

O ¿qué me dices de aquella vez en que bloqueaste una cuenta que no era la tuya por tratar de adivinar la contraseña?

¿Quién no ha sentido cómo el corazón se cae en mil pedazos hasta la boca del estómago cuando la mirada de un ser querido cambió volviéndolo sólo un extraño?

Que levante la mano quien nunca se ha creído que el amor es eterno y que él mismo es capaz de hacerlo todo por él; sintiéndose invencible, poderoso, capaz de cometer las más grandes locuras aunque todos le advertían que era un error.

¿Quién no se ha asustado por la muerte de uno mismo, pensando en qué habrá después y qué caso tiene entonces todo esto?

Peor aún, ¿quién no se ha angustiado por la muerte del otro, pensando que quizá se vaya antes que tú, dejando, entonces sí, un vacío irremplazable que no sabrás sobrellevar?

¿Quién no se ha dejado consentir como un niño cada vez que visita la casa de sus padres, sintiéndose el ridículo querido más grande del mundo?

¿Quién no ha querido que existiera el “control + Z” en la vida real para deshacer lo que apenas hace un segundo hiciste que sucediera?

¿Quién no se ha enredado en un romance de una sola noche seguro de que ha sido uno de los mejor de su vida precisamente por su efímera duración?

Que levante la mano aquel que nunca ha buscado por redes sociales algún indicio de que alguna vez lo quisieron, de que quizás aún lo recuerdan.

¿Quién no ha caído en la tentación de mirar de soslayo hacia un teléfono ajeno, por celos, angustia, morbo, diversión, chisme?

¿Quién jamás odió un lunes porque empieza de nuevo la rutina cuando tú quizás querías hacer algo más, como dormir, por ejemplo?

Seguro hay más de uno que ansiaba el fin de semana, las vacaciones; porque sabe que no todo es el trabajo, porque aun amando lo que haces, amas más a los que te rodean.

¿Quién no sintió que había algo dentro de él que aún no había descubierto y lo hacía único, especial, capaz de lograr lo que nadie había conseguido?

Que diga “yo” quien nunca ha sonreído como un verdadero tonto a la pantalla de su celular tras recibir el mensaje de otro.

¿Quién no ha llorado hasta llegar al cansancio, agotarse y rendirse ante un profundo sueño?

¿Quién nunca ha sentido ese momento de eterna alegría en la que juraron podría llegar la muerte en ese instante y sería bienvenida?

¿Quién no ha dicho un adiós que no quería decir?

Seguramente eres de aquellos que ha intentado arreglar el mundo en un furioso debate con los amigos, la familia.

¿Acaso hay alguien que haya dicho todo lo que siente sin quedarse con nada dentro pensando que tal vez con esas palabras la vida sería diferente?

¿Quién no se ha arrepentido de hacer algo, de no hacerlo; y lo único que queda entonces es quedarse ahí como un simple espectador, observando cómo va avanzando la vida a causa de aquello mismo?

¿Quién no se ha reservado la noche para poder pensarle, recordar; en secreto?

Que diga “yo” quien nunca despertó plenamente feliz y de pronto la sensación de haber sido abandonado le amargó la mañana.

¿Quién no ha deseado ser el hombre, la mujer que acompaña a ese otro con quien deseas quizá sólo besarle, tocarle o amarle como nadie, como seguramente (o eso piensas) ese hombre, esa mujer no lo ama?

¿Quién no ha deseado volver al pasado, vislumbrar el futuro?

¿Quién no ha visto cómo su futuro cambia una y otra vez al pasar los días y cómo, aquel pasado, ya no es tan parecido a lo que recordabas?

¿Quién no se ha vuelto loco por el tránsito descargando su furia en el otro, o en el auto que sufre innumerables manotazos en su volante que siempre quedarán en secreto?

¿Quién no ha anhelado sólo un beso más?

¿Quién no ha puesto un sinfín de canciones triste sólo por sentirse mejor?

Que levante la mano quien nunca ha llorado con una película, se ha dormido con un libro o disfrutado una exposición.

¿Quién no ha llegado a hacer cosas que no le gusta hacer sólo por acompañar al otro?

¿Quién no se ha permito un momento de locura, de fiesta, de libertinaje para, a la mañana siguiente ser una persona totalmente distinta, la de siempre?

¿Quién no ha dado su mejor consejo y ha sido ignorado? ¿Quién no ha ignorado los mejores consejos?

¿Quién no ha tenido la tentación de renunciar a todo y huir para siempre?

¿Quién no ha deseado al final de todo sólo ser feliz??

¿Quién podría atreverse a asegurar que la vida no es bella?

*

Las imágenes que acompañan al texto pertenecen a Brandon Woelfel.

Puedes apreciar más de su trabajo fotográfico aquí.

***

Pase lo que pase, no hay motivos para decaer en función de lo que dictan nuestros instintos primordiales. La felicidad y la tristeza son una dualidad amplia que se complementan. No es preciso desistir. Hay que avivar el fuego interno.

Salir de la versión móvil