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Quisimos curarnos las heridas y nos abrimos, sin querer, el cuerpo en carne viva

Quisimos curarnos las heridas y nos abrimos

Quisimos curarnos las heridas y nos abrimos

Recordar lo que fuimos nos hace entender lo que somos:

‘Las niñas ya no se acarician cuando lloran’

Fuimos niñas con los ojos oscuros

y la boca llena de tierra.

Fuimos niñas que tiritaban 

que tenían fiebre

que sudaban.

Fuimos niñas mientras mirábamos 

desnudas

enfermas

con miedo

la luna

por la ventaba de la habitación de una niña.

Niñas llenas de pus.

Niñas sucias.

Niñas que no sabían lo que hacían.

Niñas que aprendieron.

Niñas que no querían parar. 

Nosotras, 

las niñas que se lamían el dolor,

las niñas que se bebían las lágrimas,

las niñas que se tapaban la boca ,

—la una a la otra—

cuando el grito desgarraba                                           sus cajas torácicas. 

Fuimos niñas 

que se acunaban

que se hacían cosquillas 

que se acariciaban.

Fuimos niñas diseñando un plan

de huida.

Nosotras, brujitas.

Nosotras que hicimos rituales.

Nosotras que nos prometimos algo

ante un dios 

que nos miraba y se reía de los juegos de niñas.

Las niñas que se contaban cuentos

mientras se arañaban la espalda y saltaban

en la cama y se vestían

con las sábanas y encendían

las linternas.

—¡Apúntame a los ojos! ¡Ciégame!—

Niñas llenas de oscuridad.

Niñas que se creían luz.

Niñas que juntas

                                         creyeron brillar.

Niñas luciérnagas.

Quisimos curarnos las heridas, mi niña

y nos abrimos            —sin querer—

de arriba abajo

el cuerpo en carne viva,

y nos estamos desangrando,

y nos estamos pudriendo,

y nos estamos abandonando.

Nosotras, 

que jugamos a hacer el amor

pensando que nos íbamos a sanar

o salvar                  —no recuerdo—.

Nosotras,

niñas inocentes,

niñas que no sabían,

niñas que sin querer

fueron malas niñas.

**

La poesía salva, la poesía nos sana las heridas más profundas, la poesía también nos desconecta de aquello que deseamos no exista, pues “no quería flores, sólo encontrarme totalmente vacía”.

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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Henar Bengale.

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