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Ramera

Ramera

Ramera

 

 Hija del bar, cuna de nicotina,

bautizada en vodka con limón,

el Kama Sutra su universidad,

ella, la Ramera de la Soledad.

Su nombre se le ha olvidado

en la primera peluca que usó,

el canto le quedó amargado

por el orgasmo que se le fugó.

Eres Ramera, con labial de fuego,

y en la llamarada intensa de tu sexo

incendiaste las ansias de los infieles,

quemando tu cuerpo con el tiempo.

Cuántos olores ya han bostezado

como pequeños bebés en tu cama,

mientras las tetas que ellos usaron

se volvieron cáncer alguna mañana.

Ofreciste mil polvos de medianoche

y mil lunas has perdido, Ramera,

porque entre aquellos papeles verdes

jamás pudiste encontrar al amor.

La maldita niñez de tu divino encanto

la devolviste justamente con el cambio

y tus besos nunca encontraron otros labios

que te hicieran sentir mujer de verdad

Mírate, princesa, ya te has vuelto nada,

porque estás tan vieja, Ramera de la Soledad.

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