Hay sitios a los que nuestra memoria siempre vuelve, como aquellos que involucran la piel de otros, este poema es un recordatorio de eso; continúa leyendo…
Solía pensar en los momentos exactos,
en las palabras correctas, en las miradas entre los dos.
Solía ver cómo corrías tras de mí, intentando llegar a mi lado;
podía sentirme lleno de emociones y sentimientos
Me perdía en el perfume de tu piel,
desprendía un olor que erizaba mi cuerpo, me recordabas todo el amor que tenía por dar.
Aún siento retumbar mi cabeza, siento que no he vuelto
de los lugares en los que amanecíamos; los días en que entrelazábamos los pensamientos.
Tras pasar los días lograba entender las expresiones de tu rostro,
distinguíamos nuestros miedos y nuestros sueños.
Con tan sólo vernos alcanzamos esa armonía interna
en la que nada nos quebró, nada nos disolvió
Lo dimos todo para mantenernos en lo más alto;
llegamos a un punto donde los ojos eran las maneras de comunicar.
Sabíamos mantener la calma, la esperanza derrotó los desencuentros que tuvimos.
Cada respiro profundo nos liberaba y nos mantenía serenos.
Recogiendo los fragmentos, me di cuenta los pasajes que tuvimos.
Debo decir que sigo perteneciendo a cada centímetro de tu cuerpo.
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Dejar ir a alguien que amamos es un acto valiente, pues a veces nuestro egoísmo por hacer que permanezca con nosotros nos daña emocionalmente… “Te dejaré ir para que no regreses”.
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Las fotografías que acompañan el texto pertenecen a Lovenenoso.

