Existen dos obras, una de la literatura y la otra del cine, cuyos protagonistas son impulsados por el mismo sentimiento. Seguro los lectores de la primera y los espectadores de la segunda habrán quedado fascinados con ambas; y al ponernos la mano en el corazón diríamos que la causa de tal atracción es la dosis de venganza, muerte y violencia. Sí, El conde de Montecristo y Kill Bill son reflejo de una época, que parece no haber cambiado mucho en un par de siglos. Incorporaremos una tercera obra a esta narración, que será a la que dedicaremos más espacio porque sus personajes son igual de cautivantes como Edmund Dantes o La novia. Pero vayamos a final del XVIII para conocerlos:
Italia ocupada por los austríacos. Un pintor con ideas libertarias tiene como amigo a un revolucionario fugitivo y como amante a una hermosísima mujer, sofisticada y posesiva que hasta las vírgenes que su consorte pinta en las iglesias son causa de sus celos. Un villano quiere para sí a la mujer del pintor y apresar al fugitivo. Al final, se matan entre ellos como en un filme de Tarantino. Lamento desvelar el desenlace, pero esto, que es a todas luces prohibido en el mundo del cine, en la ópera: la tragedia se conoce y se espera con angustia. Estos personajes descritos pertenecen a Tosca, una obra de Giacomo Puccini que posee las mismas características que los blockbusters.
Mario Cavaradossi es el pintor, y ha sido apresado, así que su vida depende de que su amada entregue al hombre más temido de Roma, el barón Scarpia. Tosca es la amante de Mario, quien pacta con Scarpia su ejecución simulada, pero no se entregará a él, sino que lo asesinará. Scarpia, el poderoso y corrupto jefe de policía romano a su vez traicionará a Tosca y ejecutará a Cavaradossi, a pesar de haber convenido usar salvas. Un Reservoir dog’s style: todos apuntan su arma, todos se traicionan, todos son malos, incluso los buenos.
La complejidad de los personajes los vuelve irresistibles. Tosca pasa de ser amorosa y tierna, a determinada y valerosa, incluso con suficiente sangre fría como para usar el cinismo —ecco il bacio di tosca!, grita al barón mientras le clavaba un puñal en el costado— mientras asesina; luego de esto, se quita la vida y desafía al villano antes de verse cara a cara en el infierno. Consiente de sus actos, descarta un reencuentro con su amado en el cielo y acepta un nuevo enfrentamiento con el impío en el más allá. Scarpia, por su parte, no es el bandido malo, sino el sheriff corrupto; es vil y lujurioso al punto de afirmar que olvida a Dios cuando ve a Tosca. Protagonistas potentes en cuyos defectos y no en sus virtudes reside su poder de atracción.
¿Qué pasaría si esta obra la decidieran adaptar al cine? Almodóvar crearía una maravillosa Tosca y Scorsese un maléfico Scarpia. Pero al seguir con la fantasía: ¿qué pasaría si Hollywood comenzara a beber de la fuente de la ópera? El cine y el teatro serían muy buenos vecinos. Que sea, entonces, un desafío lo que dejo sobre la mesa. Escudriñe y encuentre en la ópera aquello que tanto le gusta de la pantalla grande. Será muy sencillo. Remueva lo accesorio y deje la esencia. La novia, Edmond Dantes y Tosca encarnan las mismas emociones.
El amor y la venganza son iguales a través del tiempo. Tal vez las dosis pueden ser diversas pero sólo eso. La ópera como génesis del cine. Entiéndala así y aceptará el reto gustoso. Además, la calidad de la banda sonora está garantizada.
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