Los trabajos artísticos más violentos y sangrientos

Los trabajos artísticos más violentos y sangrientos

Por: Alejandro I. López -



Un cuadro debe ser pintado con el mismo sentimiento con que un criminal comete un crimen.
Edgar Degas



A primera vista, parece contradictorio que Degas, un hombre de extraordinaria sensibilidad y aficionado a los paisajes llenos de armonía (sea en la Plaza de la Concordia o dentro de una academia parisina de ballet), compare al trabajo creativo de plasmar en un lienzo con el acto de cometer un crimen. Desde la óptica común, parece increíble comparar la belleza y los ideales del arte con la bajeza criminal; sin embargo, en ambos existe un cierto encanto; se requiere de un grado de sutileza y genio para llevar la idea a la terrenalidad y ejecutarla con perfección.

La malicia, el no dar concesiones y la alevosía necesaria para llevar a cabo un crimen, son aspectos necesarios y deseables en todo artista. A lo largo de la historia, grandes maestros se han desnudado en cuerpo y alma para dejar plasmado todo lo que son (y lo que no), dejando que sus obras hablen por ellos y tomen control de sí, llevando a algunos hasta el borde de la locura.

Muchos artistas se concentraron en mostrar lo más bello del mundo, aquellas razones para mantenerse vivo, con voluntad y fuerza para afrontar cada día de la mejor manera. Algunos otros con más genio han tratado de llevar el arte a un nivel criminal, real y casi palpable, tan crudo como la misma realidad. Ellos no tuvieron el tacto para evitar llenar de sangre el lienzo y plasmar sus más grandes angustias y temores como parte fundamental de sus obras. Se trata de las pinturas más sangrientas de la historia del arte, de la mano de artistas que no tuvieron miedo en plasmar el dolor, la violencia y el sufrimiento humano tal y como se presentan en la realidad:


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"Judit decapitando a Holfernes" (1614-19) - Artemisia Gentileschi

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Basándose en el trabajo de Caravaggio,  Gentileschi reproduce el pasaje bíblico de Judit, la bella viuda dentro del campamento asirio que durante la invasión a Israel conquistó el corazón y embriagó al líder del ejército, Holofernes. Una vez dormido, Judit tomó una espada y lo decapitó, cortando su cuello con el filo de una espada. La sangre escurre por las partes con más luz en la cama, mientras el general intenta repeler el ataque sin éxito. Se dice que Gentileschi pintó el lienzo como una venganza a su maestro, Agostino Tassi, quien la violó.


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"Partes anatómicas" (1818) – Théodore Géricault

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El artista francés fue encomendado a realizar una serie pictórica de diez retratos de pacientes enfermos en el hospital parisino de la Pitié-Salpêtrière. Para ello, Géricault se estableció durante un tiempo en el nosocomio, donde en una ocasión pidió a los encargados de la morgue un par de extremidades humanas para plasmarlas en el lienzo. La cruda obra del francés muestra piernas y brazos humanos arrancados, llenos de sangre y con los músculos y huesos visibles. 


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"Saturno devorando a su hijo" (1636) – Rubens

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La representación del holandés de la obra de Goya resulta más violenta y transgresora ya que contiene un estilo barroco cargado de dramatismo sobre dos figuras humanas. Saturno toma a uno de sus hijos por la espalda y comienza a arrancar la piel de su pecho sin ningún remordimiento. El titán mitológico está ocupado devorándolo, mientras la cara del niño es tan expresiva que causa repulsión tan sólo contemplar la obra.


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"Iván el Terrible y su hijo" (1581) – Ilya Repin

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El primero de los zares de la Casa Imperial Rusa tiene un largo historial de cruentos crímenes y terribles historias sangrientas, pero posiblemente la más dura es la que plasmó Repin en su obra: según la historia, Iván asesinó a su hijo en un arranque de furia con un seco golpe de un bastonazo que destruyó sus sienes y terminó por costarle la vida. El zar se deprimió  y estuvo cerca de quitarse la vida por el cargo de conciencia de haber asesinado vilmente a su hijo favorito.



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 "La cabeza de un hombre guillotinado" (1818) – Théodore Géricault

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 Géricault plasmó en distintos trabajos la putrefacción de los cadáveres humanos. Uno de los más crudos tiene a un hombre guillotinado, con la cara en tonos oscuros, producto de la presión del instrumento de tortura y el cuello desmembrado. Sobre la tela blanca caen chorros de sangre y el rostro guarda la cara de la decadencia con los pómulos hundidos y la piel helada, que alguna vez sirvió de refugio a un alma.


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"Unos cuantos piquetitos" (1935) – Frida Kahlo

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La artista plasma el carácter irónico que siempre la acompañó en una obra dura, que a primera vista da cuenta de un cruel asesinato. El dolor de Frida por la desventura amorosa constante que significó compartir su vida con Diego Rivera queda plasmado en muchas de sus obras; sin embargo, lo gráfico de ésta es una clara alegoría a la desgracia y el dolor del amor no correspondido. 


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"El Cristo rojo" (1922) – Lovis Corinth

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Una representación moderna de un tema tan visitado en la historia del arte como la pasión de Cristo y su dolor en la cruz, es retomado por Lovis Corinth con una visión moderna del sufrimiento de Jesús. El rojo domina en la obra, contrastando dramáticamente con lo claro de la piel del hijo de Dios. Una lanza atraviesa sus costillas mientras chorros de sangre salpican en todas dimensiones y llenan sus piernas, brazos, cara, el piso y finalmente las nubes con el tono del sufrimiento.


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Referencias: