Martín Ramírez: el genio detrás de la locura

Martín Ramírez: el genio detrás de la locura

Por: Regina Tapia -

El término Art Brut o Arte marginal fue acuñado, en 1945, por el pintor y escultor francés Jean Dubuffet, y se refiere a las manifestaciones artísticas de personas ajenas al mundo del arte o autodidactas, entre los que pueden encontrarse desde presidiarios hasta personas con algún tipo de discapacidad mental, específicamente, pacientes de hospitales psiquiátricos.

Estos artistas se consideran relevantes porque se cree que sus creaciones nacen de un lugar interno y escondido, que no ha sido contaminado por algún agente externo al que pudieran estar expuestos. Por esto, observar sus obras es tener frente a los ojos una forma de arte que difícilmente puede encontrarse en el mundo moderno.

El pintor mexicano Martín Ramírez emigró a Estados Unidos en 1925, donde trabajó como empleado ferroviario y obrero en las minas del norte de California.

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Después de cinco meses en el extranjero, se enteró del comienzo de la Guerra Cristera en México, movimiento armado que tuvo como epicentro al estado de Jalisco, específicamente Tepatitlán, municipio del que era originario y en el que aún residía su familia.

Al mismo tiempo, la Gran Depresión irrumpió en Estados Unidos, lo que dejó a Martín sin empleo y con una deportación a cuestas, pues las medidas tomadas por el gobierno de California exigían expulsar del país a todo aquel que tuviera "pinta de mexicano".

Sin empleo y sin la posibilidad de regresar a casa debido al conflicto, permaneció escondido en el país hasta que la policía lo detuvo. Martín, quien supuestamente sufría ya un desequilibrio mental, fue trasladado al hospital para enfermos mentales más antiguo de California.

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Después de la primera revisión médica a la que fue sometido, permaneció internado sin un diagnóstico claro, y no es hasta después de su tercer intento de escape de la institución, que lo declaran esquizofrénico incurable, lo que  hace suponer que, quizá, fue recluido debido a un diagnóstico impuesto de manera arbitraria.

Después de 16 años de vivir en condiciones inhóspitas (hacinamiento e insalubridad) lo transfirieron al Hopsital Estatal DeWitt para enfermos mentales que sufrían retraso mental o padecían tuberculosis. Allí vivió sus últimos años de vida, aislado de los demás enfermos debido a las diferencias en lenguaje y cultura.

Durante estas etapas de reclusión, especialmente mientras estuvo internado en el Hospital DeWitt, comenzó su imparable labor creativa.

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En 1948 el psicólogo y artista Tarmo Pasto descubrió el talento de Martín y comenzó a reunir sus dibujos para  exhibirlos en diferentes universidades. Posteriormente logró insertarlos en galerías y museos de países europeos, lo que permitió que su nombre e historia se conocieran rápidamente.

Incluso, si el personal del hospital no contaba con suficiente material para su trabajo diario, se levantaba por las noches a buscar entre la basura pedazos de cartón o cualquier tipo de papel al que pegaba vasos, sobres, periódicos y revistas con un pegamento que él mismo fabricaba con lo que tenía a su alcance: papa, pan o avena mezclada con sus propios fluidos.

En sus obras, soportadas por líneas que se repiten infinitamente, destacan temas como figuras religiosas, trenes en túneles y animales; así como escenas de su vida en México que retrata con personajes bailando, toreros y animales en ranchos.

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Martín Ramírez, el campesino, el migrante, el loco, es reconocido por la crítica de arte como uno de los artistas más importantes del siglo XX y ha maravillado al mundo por su técnica y singular historia.

 Sus más de 400 dibujos fueron parte de un lenguaje propio, inventado para sobrevivir al mundo en el que fue forzado a permanecer en silencio.

Actualmente, museos como el Guggenheim de Nueva York, el  de Bellas Artes de Berna, en Suiza y el Instituto de Arte de Chicago, entre otros, poseen dibujos del jalisciense en sus colecciones permanentes, abiertos para el espectador dispuesto a observar más allá de la locura.

Referencias: