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Max Ernst, hombre de infinitas posibilidades

Arte Max Ernst, hombre de infinitas posibilidades

El 2 de abril de 1891 nació Max Ernst, un hombre quien se volvería el pilar del arte dadaísta y, después, del surrealismo, al interpretar la rebeldía y la experimentación de dos tipos de arte vanguardista.

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Ernst nació en Bruhl, Alemania, en el seno de una familia católica y burguesa en la que fue vivamente incitado al dibujo por su padre, Philip Ernst. Max decidió abandonar sus estudios en filosofía e historia del arte para dedicarse plenamente a la pintura. En 1913 logró exponer sus primeras obras en Berlín, en las que se encuentran influencias cubistas, futuristas y expresionistas.

Después de la Primera Guerra Mundial, durante la que formó parte del ejército alemán, Max Ernst se dedicó a la crítica de arte, lo que le permitió relacionarse en entornos artísticos, especialmente dadaístas, ya que coincidía con su espíritu de rebelión en contra de la guerra. Se trasladó entonces a Colonia, donde conoció a Jean Arp (1887 – 1966), escultor, poeta y pintor franco alemán, y a Johannes Theodor Baargeld (1892 – 1927), pintor, escritor y periodista alemán, ambos dadaístas. Cuatro años después, al volverse miembro de una comunidad artística de Montparnasse, Max Ernst se adentró en el campo de los sueños y en el universo de lo absurdo a través de obras que representaban mundos imaginarios e increíbles. Rápidamente se volvió una figura importante del surrealismo, dada su creatividad inspirada por el romanticismo y la fantasía germánica.

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Ernst desarrolló procesos artísticos que le permitieron borrar las trazos técnicos, lo que lo diferencia del arte cubista y dadaísta, que los considera parte de la composición iconográfica final. Inventó, por otra parte, el frottage, en el que utiliza un "raspado" de los colores presentes en sus pinturas; y las "novelas collage", centrados en la asociación libre, por ejemplo La mujer de cien cabezas (1929). Este método, descrito por Sigmund Freud como una “regla fundamental”, consiste en que el paciente, o en este caso el lector, asocie la obra con sus propias ideas, emociones, pensamientos, recuerdos o sentimientos en el orden en el que se le presenten, sin ningún tipo de filtro, independientemente de que el contenido de la imagen sea incoherente, impúdico o impertinente.

Germinal, mi hermana, la mujer descabezada de 100 cabezas

La obra de Ernst, dominada en gran parte por las aves, animales por los que estaba fascinado, incluye pinturas relacionadas a su alter ego: Loplop, personaje similar a un pájaro que apareció por primera vez en La mujer de cien cabezas y en Una semana de bondad (1934) como narrador y comentarista. Buscaba constantemente medios de expresión; pintó un mural en la casa de Paul Eluard (1895 – 1952) y, por otra parte, decoró en 1926 los escenarios, junto con Joan Miró (1893 - 1983), para las representaciones del ballet de Romeo y Julieta, de Serge Diaghilev (1872 – 1929), empresario fundador de los famosos Ballets Rusos. Incluso apareció en una película de Luis Buñuel, La edad de oro (1930) y se adentró en el mundo de la escultura en 1934, estrechamente vinculado a Giacometti (1901 -1966), escultor y pintor suizo, al modelar criaturas provenientes de una mitología personal como El rey jugando a ser la reina (1944).

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Unos años después, Peggy Guggenheim (1898 – 1979), coleccionista y mecenas de muchos artistas de la época, adquirió varias obras de Max Ernst que expuso en su nuevo museo en Londres. Estas obras recibieron gran rechazo por algunos críticos como André Breton, por lo que Max Ernst se separó del ambiente surrealista en 1938. Conoció a la pintora y escritora mexicana de origen inglés Leonora Carrington (1917 – 2011), a la que introdujo en el mundo del arte surrealista y con quien desarrolló una relación sentimental. En 1938, él y Leonora Carrington vivieron a las afueras de París en una casa de campo que hasta hoy conserva su fachada, sobre la que hicieron un relieve que representa a la pareja a través de los alter egos de ambos artistas.

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   Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, aunque arrestado, Ernst huyó de Francia a Estados Unidos con Peggy Guggenheim, con quien se casó. Llegó a Nueva York en 1941, allí conoció a otros pintores de vanguardia como Marcel Duchamp (1887 – 1968), artista y ajedrecista francés, y a Marc Chagall (1887 – 1985), pintor francés bielorruso. Max Ernst inventó entonces la técnica del goteo o “dripping”, que sería retomada unos años más tarde por Jackson Pollock (1912 – 1956), influyente artista estadounidense que formaba parte del movimiento del expresionismo abstracto. En 1953 regresó a Europa y se instaló en París, y poco después en una pequeña ciudad francesa llamada Seillans, luego de que pudiera exponer muchas de sus obras en la Bienal de Venecia o en la Exposición Internacional de Arte de Venecia, una de las instituciones culturales más importantes del mundo.

MAX ERNST

Reconocido por André Breton como un “hombre de infinitas posibilidades y experimentador infatigable que buscaba la manera de transmitir el mundo tridimensional del sueño y del inconsciente”, Max Ernst murió el primero de abril de 1976, en París, con una obra que juntaba 300 elementos, misma que años más tarde (2005) se presentaría de manera permanente en la ciudad natal del artista. 

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