Inquietantes miradas de enfermos mentales en 10 obras de arte

viernes, 16 de junio de 2017 13:22

|Diego Cera

«Siempre fui un loco»

Esta frase se repite constantemente en la que bien podría ser una de las producciones más atinadas de Manu Chao: la serie de discos que realizó en conjunto con los internos del Hospital Psiquiátrico Tiburcio Borda retrata. Obras que más allá de retratar de la injusticia social a la que estamos acostumbrados en las canciones del artista, el músico transmite la realidad que viven muchos de los personajes que llenan de vida ese lugar.

A través de los comentarios musicalizados que aparecen a lo largo de todo la producción, nos podemos dar cuenta del conjunto de emociones que se asoman entre las palabras un poco desordenadas de quienes, a pesar de lo que piense la gente, se asumen como locos como una especie de característica que debe ser motivo de orgullo para quien la porta. Partiendo de esto, es preciso que nos preguntemos en qué momento de la historia, más que una condición mental, la locura comenzó a ser vista como un elemento estético capaz de dotar a una obra, sea cual sea su naturaleza. Una profundidad única que no podría haberse dado de otra forma más que aludiendo a una condición en la que la mente se encuentra inmersa en un escenario diferente al del cuerpo.

Si nos detenemos a pensar, al menos en esencia, la locura y el arte tienen mucho en común. En ninguno de los casos podemos encontrar una definición concreta, por un lado, las múltiples posibilidades de expresión artística, nos impiden llegar a una conclusión concreta de lo que es y no es arte. La locura trabaja de una manera similar, si bien en la Edad Media todo enfermo mental era tratado como un loco, los avances actuales en materia de psiquiatría han hecho que asumamos cada caso como una condición totalmente diferente, que necesita se abordada dependiendo las características que presenta el paciente.

Además de sus cualidades multifacéticas, el arte y las enfermedades mentales tienen otro hilo conductor aún más importante que la manera en la que se manifiestan: la mirada.



"El Cirujano" 
Jan Sanders van Hemessen

A través de los siglos, diversos pintores se han preocupado por retratar en sus pinturas la condición humana en cualquiera de sus formas, incluso si ésta se presenta como un modo distorsionado de ver el mundo; aspecto que queda plasmado en los ojos de quienes fungen como protagonistas de las obras.


"Retrato de una mujer loca"
Théodore Géricault

Desde la mirada más inocente como la de la figura que aparece plasmada los cuadros que llevan como título “Retrato de mujer loca” de Théodore Géricault hasta los inyectados ojos de Iván el Terrible en el cuadro de Iliá Repin, que retrata la escena donde el rey mata de un bastonazo a su hijo.



"Retrato de mujer loca"
Théodore Géricault


"Iván el Terrible y su hijo"
Ilya Repin

Incluso la pintura ha servido como una forma de documentar la evolución de la esquizofrenia y otros problemas mentales. El pintor Louis Wain, atraído por la idea de plasmar animales en todos sus trabajos, realizó una serie de cuadros protagonizados por gatos cuyas miradas comenzaron a tornarse más profundas, incluso tenebrosas, a partir de 1910, hasta que se convirtieron en alucinaciones psicodélicas producto de la esquizofrenia.




Gatos de Louis Wain

Otro caso evolutivo fueron los autorretratos de Vincent van Gogh en cuyos ojos podía notarse la angustia y el deterioro que la epilepsia y la esquizofrenia le causaron durante años. La pintura cumbre en el que éste trastorno queda totalmente retratado es en “Autorretrato con oreja vendada y pipa” en el cual, los ojos de Van Gogh lucen un semblante triste y desorientado muy diferente al que pintó en el autorretrato de apenas 1888.


"Autorretrato"
Vincent van Gogh


"Autorretrato con oreja cortada y pipa"
Vincent van Gogh

En la obra de Edvard Munch quedan retratados también los matices de la ansiedad, misma que puede darse en medio de una multitud o rodeado por la oscuridad infinita de la soledad. Las dos pinturas clave para comprender estas dos variantes son “Angustia” de 1894 y “El grito” de 1893.


"La Angustia"
Edvard Munch


"El Grito"
Edvard Munch

Al confrontar dos disciplinas que de repente pueden parecer tan distantes como la psiquiatría y la pintura podemos realizar análisis más detallados de las obras a las que nos enfrentamos en los museos e incluso a través de la pantalla de nuestros smartphones. Un análisis de las miradas, por ejemplo, habla de la profundidad con la que cada autor asume su contexto y la situación de algunas personas que, como ellos, tienen que luchar contra los prejuicios de la gente y contra sí mismos para poder desarrollarse en medio de la locura que implica vivir en este mundo.

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Fuentes

Cooking Ideas
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