Mujeres extranjeras que desafiaron al machismo y cambiaron el arte en México

Viernes, 14 de julio de 2017 15:17

|Natalia Lomelí


Las dos guerras mundiales que sacudieron Europa en el siglo XX ocasionaron que su población buscara refugio ante el caos, y las amenazas del nazismo provocaron un éxodo de judíos que vieron en América la oportunidad de un nuevo inicio. Muchos artistas llegaron durante esa época a México, lejos de las bombas y los genocidios, y en nuestro país se encontraron con el apogeo de una revolución cultural impulsada por el arte y las ideas comunistas del muralismo en el eterno contraste con la tradición y el arte popular.

La nación surrealista, bautizada por Breton, recibió a las mujeres del exilio con alebrijes y máscaras, con paisajes seductores para la cámara y el espíritu vanguardista que anhelaba nuevos lenguajes para convertir al arte en una trinchera social. Ellas derribaron las barreras culturales y aportaron grandes obras a nuestra historia del arte nacional. 

Por eso, te presentamos algunas de esas artistas que convirtieron a México en su hogar e inspiración, mujeres extranjeras que se abrieron paso entre el machismo mexicano, provenientes de una mentalidad sociocultural distinta, en busca de la libertad de expresión que las armas callaron.



Angelina Beloff
1879-1969

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A esta artista de origen ruso la historia la relegó al papel de la primera esposa de Diego Rivera, a quien conoció en París cuando ella iniciaba su carrera artística. Angelina se desarrolló en la pintura, en el grabado y en el teatro de títeres; mezcló el estilo europeo y clásico de marionetas con la cultura y el imaginario mexicano surrealista y místico. Vivió en México durante 37 años, fue donde produjo la mayor parte de sus trabajos y destacó en el teatro infantil, creaba las escenografías en óleos y acuarelas, y los personajes con máscaras estaban inspirados en las fiestas religiosas y el folclor. No le bastó con ser exponente de esta disciplina, también fue una de las promotoras involucradas en que la SEP apoyara el teatro de muñecos como una herramienta didáctica de enseñanza.

Escribió e ilustró libros para niños con grabados en madera, aunque encontrarlos hoy es casi imposible. En Europa fue alumna de Cézanne y Matisse, lo que le otorgó una técnica y pensamiento vanguardista, así que vino a México convencida de que el arte tenía una función y un artista debía ser un agente de cambio, por ello trabajó como maestra en la Secretaría de Educación Pública; además fue miembro de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, la Sociedad Mexicana de Grabadoresla Sociedad para el Impulso de las Artes Plásticas y el Salón de la Plástica Mexicana.  

A pesar de su trayectoria, han sido pocas las exposiciones de su obra y se enfocan, sobre todo, en su producción gráfica, dejan de lado su activismo en favor de la educación. Angelina Beloff trabajó para la niñez mexicana, pero murió como un personaje opacado por la figura del muralista que la introdujo a este país, su vida puede leerse en la novela “Querido Diego te abraza Quiela” escrita por Elena Poniatowska, pero su obra permanece casi desconocida por el imaginario común. 


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Rosa
Rolanda
1895-1970


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Fue una artista estadounidense, expresiva bailarina, coreógrafa y diseñadora de vestuario, además de ser una talentosa artista visual y coleccionista. Inició su camino en las artes como bailarina en la compañía “Marion Morgan Dancers” en Broadwayhasta que se separó del grupo para trabajar con sus coreografías mientras estudiaba diseño de vestuario para complementar sus piezas en el escenario. Bailando inició su relación con la fotografía, cuando muchos fotógrafos la invitaban como modelo, entre ellos el surrealista Man Ray con quien aprendió que los discursos visuales podían ser revolucionarios. 

Con Miguel Covarrubias viajó a México, donde se interesó en el trabajo de Tina Modotti y Edward Weston, quienes se convirtieron en sus grandes amigos y compañeros de viajes. Continuó modelando para sus amigos pintores y fotógrafos,  hasta que tomó los pinceles y empezó a trazar retratos de sus amigas. Su técnica en la pintura y la fotografía fue autodidacta, revelando gran capacidad de observación. Logró retratos íntimos de sus amigos, el círculo intelectual y artístico mexicano, pero imprimió la misma mirada sensible ante las fotografías de niñas, niños, mujeres indígenas, personajes en fiestas populares y autorretratos. En la pintura describía su estilo como neofigurativo, caracterizado por rostros de piel morena y ojos expresivos, vistiendo coloridos trajes típicos en las calles empedradas rodeadas de tradición. 

Sus objetos personales y algunas de sus obras fueron recuperadas por Luis Barragán, heredero y albacea de Rosa, pero  sus contribuciones al arte mexicano continúan inadvertidas. Rosa Rolanda pintaba por placer y genuina pasión, la cámara la adoptó por naturaleza, y los escenarios conservan la herencia de una mujer opacada por la historia mexicana.



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Tina Modotti
1896-1942

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En 1923 Tina Modotti llegó a México, después de haber emigrado hacia América huyendo del fascismo italiano. A su llegada se encontró con una nación que aún vivía los estragos de la posguerra, secuelas económicas y sociales que Tina retrató. México enfrentaba los roces de la tradición y la modernidad, la injusticia que relegaba a las clases trabajadoras y a los indígenas, quienes paradójicamente eran la mayor parte de la población. Tina fue revolucionaria y activista, así que se identificó con los ideales de la Unión Mexicana de Artistas, encabezados por los muralistas. Se afilió al Partido Comunista Mexicano como muestra de su radical postura política, y su presencia causó escándalo entre las críticas conservadoras por su llamativa y liberal personalidad. 

En 1929 su esposo Julio Antonio Mella fue asesinado a balazos; se convirtió en la única testigo por lo que la acusaron de complicidad, pero al no hallar pruebas la liberaron. Tiempo después de nuevo se enfrentó a la justicia mexicana al ser acusada de formar parte de un intento de asesinato dirigido al presidente Pascual Ortíz Rubio, sin pruebas pero como medida de cautela por sus ideas radicales, fue expulsada del país enfrentándose a un nuevo exilio. 

Se refugió en Berlín para dedicarse a la fotografía de prensa; después vivió un tiempo en Moscú donde abandonó la fotografía para convertirse en activista de la Cruz Roja. Al iniciar la Guerra Civil en España, acudió no con la intención de documentarla, pues sentía que ser testigo pasivo tras el lente de una cámara iba contra sus principios, así que participó en la lucha armada y también como espía, además de ser voluntaria en los hospitales. En 1939 regresó a México, con el apoyo del presidente Lázaro Cárdenas, donde vivió hasta su muerte de un paro cardíaco.

Como fotógrafa, dejó de lado las formas puras de los objetos y los detalles arquitectónicos, para evidenciar las manos cansadas de lavar y las manos agrícolas que sostenían las esperanzas y el sustento de familias enteras. Implacable guerrera social en sus obras abstractas y minimalistas, pero en la vida apasionada idealista con el coraje suficiente para cambiar la cámara por las armas y luchar por la justicia social, siempre incansable tal como la recuerda Pablo Neruda en la tumba donde descansan sus restos:

“Tina Modotti, hermana, no duermes, no, no duermes;
tal vez tu corazón oye creer la rosa 
de ayer, la última rosa de ayer, la nueva rosa”.

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Tina Modotti
“Dos tehuanas con jicalpextle”
Plata sobre gelatina
Siglo XX
21.2 x 15.6 cm
Impresión de negativo original del Comitato Tina Modotti. Trieste, Italia.


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Gisele Freund
1908-2000


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Nació en Berlín y salió de Alemania en 1933 por la persecución de Hitler, ella era judía y comunista. Emigró a Francia y participó en las manifestaciones de Frankfurt en contra del nazismo, pero por seguridad se despidió de Europa y continuó su exilio en Argentina, aunque su vocación como fotoperiodista la convirtió en turista, por lo que realizó foto reportajes en Chile, Bolivia, Brasil y Ecuador. Trabajó para la famosa agencia Magnum en colaboración con Robert Capa, pero fue despedida por sus fines políticos cuando su nombre apareció en el Comité de Actividades Antiestadounidenses.

Se mudó a México durante la década de los 50 con la misión de usar la fotografía como medio de comunicación, pero también como un arte que penetrara hasta las fibras más sensibles de los seres humanos, creía en las imágenes como vehículo de empatía. Sus ideas fueron inmortalizadas en el libro “La fotografía como documento social”, un profundo análisis de la fotografía desde sus funciones y posibilidades en el ámbito político, artístico y sociológico. 

Ciudadana del mundo, realizó reportajes para las revistas Time y Life, entre otras. Retrató personajes como Virginia Woolf, Simone de Beauvoir y Frida Kahlo. Fotógrafa autodidacta, con la mirada pionera en el color, crítica de su contexto al ser testigo de la preguerra que le arrebató su hogar, y aunque la vida la convirtió en viajera, encontró en cada lugar que habitó las historias que necesitaban ser contadas, así como los personajes que debían quedar inmortalizados. 

“Una fotografía nunca puede decir más de lo que ve el fotógrafo. El verdadero valor de una depende de la habilidad del fotógrafo para seleccionar, entre un cúmulo de detalles que llaman la atención y que confunden a la vez, aquellos que le parecen los más característicos…”.
Gisele Freund



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Kati Horna
1912- 2000

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Su origen era húngaro, pero creció y vivió en Berlín, y, al consolidarse el nazismo, viajó a París donde inició su carrera en el fotoperiodismo. Años después se mudó a Barcelona junto con Robert Capa, como fotorreportera encomendada por la Confederación Nacional del Trabajo. Se definió como anarquista, y durante la Guerra Civil Española retrató el dolor de las mujeres que amamantaban a sus hijos en medio de los bombardeos, la cotidianidad entre los escombros y los niños en busca de la infancia que las armas les arrancaron. Se convirtió en editora gráfica de la revista Umbral; sus fotografías no eran documentales, no tenían como objetivo ilustrar las noticias y las cifras, a Kati Horna le preocupaba entender con la cámara cómo se puede continuar la vida sin permitir que ataquen lo único que nos mantiene con vida: la esperanza. 

No era la primera vez que despertaba su interés por la vida cotidiana, en Berlín solía retratar “el insólito cotidiano”, como denominaba a aquellos objetos que estaban presentes en la rutina; después, con Wolfgang Burger humanizaban frutas, verduras, muebles o cualquier elemento que pudiera protagonizar historias de amor o caricaturas políticas. En 1939, Kati y José Horna fueron afortunados beneficiados del programa ordenado por el presidente Lázaro Cárdenas que aceptaba refugiados, pues cuando Francia fue invadida por los nazis acudieron a la Embajada Mexicana solicitando asilo. 

Se establecieron en la Ciudad de México, donde Kati se refugió en el surrealismo y en la amistad de Remedios Varo y Leonora Carrington, quizás este par de artistas fueron para ella el antídoto y el escape a la razón humana que vio causar muertes masivas. Retrató a sus amigas mientras jugaban con la ficción y las máscaras, colaboró con Alejandro Jodorowsky en sus famosos “efímeros pánicos”, y realizó una serie de retratos en el hospital psiquiátrico de La Castañeda, para mostrar, de nuevo, el interés de capturar el alma humana de los marginados en un contexto de locura social. 

En 1979 ofreció al gobierno español 270 negativos del período entre 1937 y 1938, un archivo documental hasta entonces desconocido de la guerra, los cuales finalmente fueron donados al Ministerio de Cultura española en 1983. Kati Horna, la “obrera del arte”, se mantuvo comprometida con la denuncia, conoció en carne el desconcierto de ser exiliada por dos guerras y debido a eso su fotografía no fue periodística, el gran valor de sus obras fue su poder testimonial, en sus palabras: “La cámara no es un obstáculo ¡es uno mismo!”.


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Elizabeth Catlett
1915-2012

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Fue escultora y artista gráfica afroamericana nacionalizada mexicana, sus obras contenían gran peso político por la multiculturalidad y el choque de ideologías que enfrentó durante su vida. Eligió como compañeros a la madera, la piedra y el bronce. En 1946 se mudó a México, país que se convertiría en su hogar durante el resto de su vida.

Fue miembro del taller de Gráfica Popular, ya que concordaba con sus ideales políticos, pero sus obras se caracterizaron por contener símbolos del “Black power”, y por retratar personajes como Martin Luther King Jr. y el escritor Phyllis Wheatley. Utilizó el arte como estandarte para teñir con dignidad la piel negra, generar empatía en la belleza afroamericana y esculpir las coincidencias entre las razas humanas. Catlett compartió con los muralistas mexicanos la idea de que el arte y la cultura debían movilizar a las masas y ser un medio de comunicación para desafiar el status quo. Mujeres, madres, trabajadoras e indígenas fueron retratadas por Catlett como heroínas anónimas que luchaban por la equidad de género y color de piel, así como por la utopía de un mundo en el que la clase social no obstaculizara la libertad y los Derechos Civiles. 



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Fanny Rabel
1922-2008

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“Fanny Rabinovich pinta como vive, con enorme valor, inteligencia y sensibilidad agudas, con todo el valor y la alegría que le dan sus 20 años. Pero lo que yo juzgo más interesante en su pintura, es la raíz profunda que la liga a la tradición y la fuerza de su pueblo. No es pintura personalista, sino social. Le preocupan fundamentalmente los problemas de clase, y ha observado con una madurez excepcional, el carácter y el estilo de sus modelos, dándole siempre una viva emoción. Todo esto sin pretensiones, y llena de feminidad y finura que la hacen tan completa”.

Con esas palabras describía Frida Kahlo a Fanny Rabel, una artista de origen polaco considerada la primera muralista de México. Además de la pintura mural, pintó en caballete, y se desarrolló en el grabado y el diseño de escenografía; su trabajo manifestó una crítica social y una perspectiva de género. Perteneció al grupo “Los Fridos”, quienes se juntaban en la Casa Azul de Coyoacán, en aquellas reuniones se acercó al reservado círculo de las artes, con el fin de cultivar de manera inteligente relaciones que le abrieron las puertas al panorama cultural.

Asistió a Diego Rivera en el Palacio Nacional y a Siqueiros en el Sindicato Mexicano de Electricistas, con quienes compartía el interés por representar a las comunidades marginadas, fue una de las primeras artistas en utilizar el arte para denunciar problemas ecológicos, como lo hizo en la serie 
“Réquiem por una ciudad”, en la que denunció los daños causados por el smog, el tráfico y el exceso de basura; también denunció la falta de comunicación humana, la contaminación del aire y del suelo. La obra de Fanny Rabel es nostálgica y reflexiva, no con el carácter violento de denuncia empleado por los muralistas, pues prefería destacar el aspecto humano, la empatía y una preocupación real por el mundo que le rodeaba.



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Mariana Yampolsky
1925-2002


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Nació en Chicago, lugar a donde viajaron sus padres para escapar de la guerra, ambos eran judíos, él ruso y ella alemana, por lo que huyeron de los nazis hacia Estados Unidos, donde se conocieron y formaron una familia con espíritu revolucionario y sed de justicia; Mariana fue criada con gran consciencia social. En 1945 viajó a México para convertirse en pintora y escultora, fue la primera mujer en formar parte del Comité Ejecutivo del Taller de Gráfica Popular. México la conquistó, se naturalizó en 1958 y su acercamiento a la cámara quizá no hubiera ocurrido en otro lugar, pues lo hizo para capturar los contrastes de un país que se le presentaba diverso y asombroso. Dedicó su vida a retratar las comunidades indígenas y la arquitectura rural que se integraba al paisaje en materiales y colores. 

Su acercamiento a estas comunidades la convirtió en promotora del arte popular, en el Fondo Editorial de la Plástica Mexicana trabajó junto con Leopoldo Méndez en la edición de libros sobre la obra de José Guadalupe Posada, el muralismo mexicano y, desde luego, el arte popular; es sobre esto que trata su primer libro “Lo efímero y lo eterno del arte popular mexicano”, publicado junto a Manuel Álvarez Bravo

Protagonizó numerosas exposiciones, más de 50 individuales que celebran su trabajo fotográfico, el cual es un recorrido visual por la diversidad nacional. Consciente de que le debía su obra al alma mexicana, se negó a las propuestas de la Universidad de Texas y la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos interesados en comprar sus negativos al afirmar: “Soy mexicana y no quiero que salgan de México”. Gracias a ello, su obra entera se conserva en 60 mil negativos al resguardo de la Fundación Cultural Mariana Yampolsky, en el museo ubicado en la casa que la fotógrafa habitó en la Ciudad de México. 


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Algunas obras de estas valientes, radicales e invencibles mujeres pertenecen a la colección del Museo Nacional de Arte MUNAL, en su acervo que resguarda y difunde la creación artística producida en México, por locales y extranjeros, entre 1550 y 1954. 

Agradecemos a Ariadna Patiño, Subdirectora de Curaduría, y a todo el equipo del Museo Nacional de Arte por su contribución para la redacción de este artículo. 

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Son muchas las mujeres que cambiaron la historia del arte y merecen ser recordadas por sus aportaciones, tal como las mujeres del exilio que adoptaron México como su hogar y defendieron sus ideales hasta el día de su muerte. 





REFERENCIAS:
Natalia Lomelí

Natalia Lomelí


Coordinadora Cultural
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