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No Name: la exposición de arte anónimo que te recordará el verdadero valor del arte

3 de septiembre de 2018

Natalia Lomelí

¿Quién decide el precio de una obra de arte? ¿El nombre del artista puede ser más importante que el propio mensaje de la obra?

El arte es una inversión. Eso es un hecho, pero también lo es que su precio y valor monetario no son las únicas razones por las que nos acercamos a una pieza de arte, incluso al momento de comprarla. En primer lugar porque es importante reconocer que para que invertir en esta industria sea redituable se necesita profesionalizar una colección especializada, con una visión a largo plazo. Y aunque existen varios consejos para convertirte en un verdadero coleccionista de arte, lo cierto es que no es el único motivo que existe para adquirir una obra, porque su valor va más allá del que tiene en el mercado.


El nombre del artista tampoco es la única razón para comprar una obra ni le da su valor por completo. Y con esa premisa nace No Name, una exposición de arte anónimo en la cual creadores de distintas disciplinas participan en un sólo formato, en un proyecto que te permitirá conocer propuestas nuevas sin el prejuicio del autor para disfrutar el arte por el arte. 




Al referirnos al valor del arte, la importancia del nombre del artista es una discusión relevante. Desde que la firma de Marcel Duchamp en "La fuente" revolucionó la historia con la introducción del ready-made y la serigrafía pop de Andy Warhol puso en duda la originalidad y reproductibilidad de la obra, el papel del artista ha sufrido varios cambios. Incluso, en la actualidad, el artista contemporáneo puede ser una "fábrica artística" como sucede con Damien Hirst, quien produce a partir de una fórmula que se repite y se reconoce fácilmente, a niveles casi industriales.


Y eso no es malo, es la realidad de una industria en la cual el artista es una marca y el valor de marca del artista es lo que establece el precio de su obra, un branding que se desarrolla entre tres actores principales: galerías, museos y coleccionistas. 




En este circuito el coleccionista sí tiene un papel fundamental, como lo tuvieron los mecenas del Renacimiento en su época. Peggy Guggenheim, es el ejemplo ideal de una adicta al arte que creyó en cánones y conceptos nuevos con la arriesgada mirada que no sólo volteó hacia los artistas consolidados, sino que vio en los emergentes un nuevo paradigma digno de corrientes distintas, en parte porque amaba y se entregaba completamente a los artistas, con una pasión que sólo puede tener quien es capaz de llevar hasta en las orejas a Tanguy y Calder, y darle su primera exposición individual a Jackson Pollock sin importar lo que los críticos opinaban de su estilo libre en el action painting


Peggy entendió una clave fundamental: un coleccionista tiene el poder de influenciar en la carrera de un artista - aun cuando su nombre sea desconocido- que le provoque una atracción genuina y lograr que alcance el potencial que detectó en su obra desde la primera mirada.




Entonces ¿quién decide el valor de una obra de arte? 


En un terreno tan subjetivo como es la naturaleza del arte, la valuación del mismo es todo un tema, sin involucrarnos en la especulación del mercado. Técnicamente, algunos puntos importantes para aproximarnos al valor de una obra al decidir comprarla incluyen desde saber cuántas veces ha formado parte de una exposición, su autenticidad, su calidad técnica y materiales, si se trata de una pieza única o es parte de una serie. Y finalmente, el autor, su trayectoria y discurso.



Pero si dejamos de lado quién está detrás de la obra y lo convertimos en un arte anónimo ¿serían valiosas las piezas por sí mismas? ¿realmente todas las obras de los grandes autores tienen el mismo valor?




“El valor de una obra artística viene a residir en el efecto elevador que la misma tiene sobre quien la contempla, en la capacidad de ensanchar la visión de la realidad del espectador, en su cualidad de moverle a la más profunda y provechosa de las introspecciones y a la más dilatada y solidaria de las aperturas frente a lo que le rodea. En términos religiosos, diríamos que la virtud del arte es la de producir una iluminación espiritual directa en el contemplador. Y eso sólo es posible si en su elaboración concurre el registro de los estados interiores del artista”. Antoni Tàpies




Siguiendo la reflexión de Tàpies, las obras de arte son valiosas porque esconden un relato de una historia interior, íntima y humana, capaz de generar empatía y conectarse con el cosmos del espectador, al atravesarle por completo desde la mirada hacia la consciencia.


Y eso, no depende de un autor o de la firma que está en el lienzo, hay otros elementos que hacen que la pieza nos seduzca hasta llevarla a casa. A partir de las palabras de Tàpies, podríamos deducir por lo menos tres niveles que influyen en el valor del arte por el arte.




Espiritual


Cuando la obra traduce una emoción y te envuelve en una sensación hipnótica e indescriptible. Quizá porque manifiesta la abstracción de algo que no puede expresarse en palabras pero que sí se encuentra entre las pinceladas que convergen en el lienzo, o quizá en la perfección hiperrealista que responde al deseo humano por la belleza, o simplemente porque en un paisaje se encuentran recuerdos y memorias de los instantes que sólo conservamos en la nostalgia.


El arte es tan libre que una misma obra puede hacernos sentir múltiples reacciones, no necesariamente compartidas con los demás. Así se generan vínculos profundos entre artista, obra y espectador. Para Tàpies la importancia de una obra depende completamente de la calidad humana de sus autores, su sinceridad al crear, su sensibilidad y su capacidad de transmitir, experimentar y provocar una poderosa catarsis.




Conceptual


Este se refiere a los símbolos y significantes que necesitan un bagaje amplio para apreciarse, porque el arte contemporáneo específicamente esconde en sus construcciones referencias multidisicplinarias, a la filosofía, la literatura, la historia, la política, las artes escénicas, el cine, e incluso re lecturas a piezas de arte clásico o vanguardista. A veces una obra es capaz de hablarnos e indagar en los temas que nos inquietan y eso le da un valor que trasciende su apariencia y materialidad.




Decorativo o estético


Éste ocurre cuando la obra explora, expone y representa una parte de ti, algo esencial que quieres mostrar. Tal cómo te identificaste con esa provocación al ver por primera vez la obra de arte que hoy tienes en tu casa. Y también es completamente válido hacerlo porque visualmente está compuesta con tus tonalidades favoritas en matices que atraen tu contemplación.



Cultura Colectiva te invita a arriesgarte y dejarte llevar por tu intuición artística del 13 al 19 de noviembre en el Museo Nacional de San Carlos en No Name, una exposición de obras de arte originales en tamaño postal hechas por una variedad de artistas, tanto de renombre nacional e internacional, así como emergentes y estudiantes en universidades en México.






El propósito del proyecto es recaudar fondos por medio de la venta - a un mismo precio: $3,000.00 MXN- de obras en tamaño postal. Una gran oportunidad de obtener obras de arte originales a un precio accesible apoyando al Patronato del Museo Nacional de San Carlos. Además Tequila 1800 se suma a la iniciativa poniendo a la venta botellas intervenidas por algunos artistas invitados con un costo de $5,000.00 MXN.



Para volverlo aún más interesante, las postales no están firmadas por lo que los coleccionistas no sabrán la identidad de los artistas hasta que hayan hecho su compra.






Más información en noname.com.mx

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Sí aún no te convences de comprar arte, te compartimos otras 5 razones para decidirte a vivir rodeado de arte y algunos consejos para convertirte en un verdadero coleccionista.

TAGS: Nuevos artistas Exposiciones arte contemporáneo
REFERENCIAS: Valor del Arte, de Antoni Tàpies No name I El arte por el arte @nonameart_mx

Natalia Lomelí


Coordinadora Cultural

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