5 obras de arte contemporáneo mexicano que desafiaron al machismo, la injusticia y la discriminación

Miércoles, 3 de enero de 2018 17:11

|David Daza

Estos 5 artistas y activistas mexicanos supieron plasmar en su obra la esencia de los ideales por los que luchan.



Desde finales del siglo pasado, los planteamientos estéticos se han transformado radicalmente; de concebirse esencialmente desde su condición técnica y material, el arte ha pasado a una suerte de “estado gaseoso” (Michaud, 2007), metafísico. Es decir, en el llamado “arte contemporáneo” se emplea la presencia física de la obra como medio para producir una serie de efectos, o “experiencias estéticas”, en el espectador.


En México, como en toda América Latina, diversos movimientos de arte parten de las corrientes más vanguardistas para la elaboración de sus obras, en una dialéctica con las propias tradiciones; de manera que conforman procesos de sincretismo cultural. El arte contemporáneo latinoamericano tiende a la apropiación de elementos culturales de distintas procedencias histórico-sociales, que se mezclan en armonía. A continuación, te presentamos cinco obras contemporáneas de artistas y activistas mexicanos que saben plasmar en su obra la esencia de los ideales por los que luchan.



1. Javier Téllez, One Flew Over the Void (Bala perdida), performance, Tijuana, Baja California, 2005





Para este performance, Javier Téllez trabajó con pacientes psiquiátricos del Centro de Salud Mental del Estado de Baja California, México. La obra desarrolla un concepto en torno a las fronteras, espaciales y mentales. Con base al típico personaje circense del hombre-bala, el equipo de trabajo de Téllez dio forma al evento que culminó con el vuelo de un hombre disparado por un cañón, a través de la frontera entre Estados Unidos y México, en las ciudades de Tijuana y San Diego. 


Por el profundo sincretismo, se hace comprensible la abundante presencia de tópicos que rotan en torno a la identidad —como lo extranjero o el mestizaje— en el arte contemporáneo mexicano. Por su parte, los artistas que habitualmente retoman dicho eje temático, en ocasiones se expresan de manera crítica o reflexiva, congruente con la compleja situación social que atraviesa el país, pero otras veces se aborda la identidad desde una visión eurocéntrica y reduccionista. Sin embargo, por las distintas crisis que actualmente aquejan a México, la creación artística debe comprometerse socialmente.



2. Lapiztola, Sembremos sueños, cosechemos esperanzas, esténcil, Oaxaca de Juárez, 2015





Esta es una representación de una niña mixteca sosteniendo un corazón; en primer plano, una frase de la activista mixteca, Bety Cariño, asesinada en el 2010: “Hermanos, hermanas, abramos el corazón como una flor que espera el rayo del sol por las mañanas, sembremos sueños y cosechemos esperanzas, recordando que esa construcción sólo se puede hacer abajo, a la izquierda y del lado del corazón”.



3. Proceso Pentágono, Serpientes y petróleo, acción, Zócalo de la Ciudad de México, 1991



'Serpientes y petróleo', (1991) acción de Grupo Proceso Pentágono.



El grupo Proceso Pentágono se distingue por su producción de arte experimental, comprometido con las luchas populares. A partir de intervenciones e instalaciones, abordan temas del panorama político de México y América Latina, como la represión, la tortura y la desaparición forzada. Asimismo, al salirse de los espacios institucionales, Proceso Pentágono se manifiesta en resistencia al sistema artístico hegemónico mexicano. Conformado en un principio por Felipe Ehrenberg, Carlos Fink, José Antonio Hernández Amezcua y Víctor Muñoz, el grupo se integró formalmente en 1976 y continúa activo.


Por otra parte —menciona el filósofo Yves Michaud—, actualmente vivimos en un “mundo exageradamente bello”. Hasta los envoltorios desechables de los dulces son sometidos a un estricto proceso de estetización, la belleza reina; “nosotros, los hombres civilizados del siglo XXI, vivimos en tiempos del triunfo de la estética, de la adoración de la belleza: los tiempos de su idolatría” (Michaud, 2007, p. 9 y 19). Más que nunca, en nuestro siglo la estética es cualidad sustancial para el desenvolvimiento de la vida humana. La producción actual de bienes culturales, cuantitativamente, no puede compararse con la de épocas pasadas. Por ejemplo, el avanzado desarrollo de tecnologías para la producción y reproducción de imágenes dio razón al océano gráfico en el que nos sumergimos. Tan sólo en Facebook, la red social más popular en Occidente —con 1.4 mil millones de usuarios—, diariamente son añadidas alrededor de 350 millones de imágenes.


Pues bien, ¿cómo puede el artista contemporáneo posicionarse ante tan monstruosa situación?, cuando encuentra su producción como una gota de agua frente a la inmensidad del océano. Su trabajo se desvanece en el entorno, se vuelve imperceptible. Ante la revolución digital y la era del triunfo de la estética, cabe preguntarse: ¿cómo impactar desde las artes en las mentalidades de una sociedad que apenas aparta la mirada de su smartphone para atender los señalamientos viales? ¿Qué mensajes difundir y cómo hacerlo desde las posibilidades técnicas actuales? ¿En qué espacios y momentos es conveniente insertar una determinada producción artística? ¿A qué público es debido dirigirse?



4. Rafael Lozano-Hemmer, Nivel de confianza, instalación, 2015





La pieza muestra el rostro de los 43 estudiantes desaparecidos de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Vargas” en Ayotzinapa, Guerrero. Conformada por un software gratuito que puede descargarse desde distintos dispositivos electrónicos, detecta los rasgos faciales del espectador frente a una cámara, identifica coincidencias con los rostros de los estudiantes, y posteriormente muestra el “parecido” entre tales personas.



5. Mónica Mayer, El Tendedero, instalación, 2016





En una sátira del cliché que asocia los trabajos de limpieza y el género femenino, en esta instalación participativa se exhiben respuestas de distintas mujeres a preguntas sobre la experiencia social del acoso, las violencias machistas y la identidad; misma que ha tenido varias reactivaciones, desde 1978.


El artista comprometido de principios del siglo XXI debe tomar en cuenta distintas problemáticas que, con severidad, afectan el mundo en que vivimos, como la migración, la guerra o la crisis ecológica. Acontecimientos que, a su vez, se vuelven complejos en el contexto político de cada Estado. En el caso de México, por ejemplo, el artista activista se enfrenta al hecho de que producir su obra, a despecho del modo de producción capitalista/industrial, le desfavorece desde el punto de vista económico: implica desatender las exigencias del mercado del arte, del cual depende para sustentarse con su trabajo.


A pesar de todo, aún se construyen estrategias de resistencia social desde la trinchera de las artes. Desde los lenguajes del “arte contemporáneo” emergen propuestas artísticas en México que reaccionan a la crítica actual, interesadas en el empleo de medios, conceptos y técnicas vanguardistas. Descuella el surgimiento de artistas callejeros, fotógrafos, artistas de performance, instalación, arte sonoro, entre otros, que abordan temas controversiales.


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El muralismo, movimiento artístico mexicano con fines educativos que ocurrió a principios del siglo XX, fue esencial para unificar a un país que estaba recuperándose de una revolución, y aunque es comúnmente considerado como una corriente artística, también se le puede considerar como un movimiento político y social. Si quieres conocer más sobre la lucha social a través del arte mexicano, te invitamos a conocer a estos 5 muralistas que retrataron la tristeza en este país.



David Daza

David Daza


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