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Pablo Maire, la pulsión erótica de la muerte

Arte Pablo Maire, la pulsión erótica de la muerte

“Argumentar es como el nivel dos en el arte, pues el primero está en el me gusta o no me gusta, en el choque, y eso depende de cómo una persona percibe el mundo”.


La obra de Pablo Maire es un encuentro con las propias inmundicias… o no. El concepto de la estética queda trastocado con la mera contemplación de su producción artística integrada por fotografía, pintura, escultura, poesía y audiovisual, esta multidisciplinariedad le ha permitido explorar, desde distintos frentes, temas como lo grotesco, la muerte como una extensión de la vida y hasta la ironía; Maire propone un discurso alejado de la primera impresión figurativa que observa el espectador y lo enfrenta a una serie de simbolismos que quebrantan el imaginario colectivo del que mira y sus coetáneos.

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Nacido en Chile, Maire actualmente radica en Lima; es poeta y artista visual, y ve en la escritura la forma argumentativa de su obra. Sus capacidades artísticas las manifiesta como un lenguaje o una revelación a partir de huellas o signos que le permitan construir un complejo semiótico expuesto en distintas técnicas. La muerte es el tópico imperante en su trabajo, entendida como una causa de lo que puede ser posterior a ella, para crear así una nueva posibilidad en el arte, no una verdad, sino más bien una oportunidad para crear una naturaleza distinta de las cosas. La pulsión de la muerte, vista como la promesa del Cristianismo sobre la permanencia después de la vida mediante la trascendencia, se desborda en su plástica y en su escritura; su trabajo es, entonces, un relato atravesado por la muerte, la que prolonga una creación, sus creaciones.

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La concepción de la muerte se traduce en una propuesta gráfica que oscila entre el erotismo y la monstruosidad, entre lo grotesco y la iconografía de los pueblos latinoamericanos y entre lo político y la cotidianidad. Su propuesta es un entramado de la muerte como sospecha y como concepto que se racionaliza cuando se comprende la finitud; se convierte en una posibilidad para explorar las formas que suelen ser poco agraciadas, lo mismo en sus fotografías que en sus pinturas.

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En su serie fotográfica Autorretratos, Maire propone al espectador un encuentro con su propia figura (también la del artista). El autorretratado es Maire y el reflejado; y el artista le muestra al observador su otro yo, lo confronta con un reflejo que lo atisba desde una personalidad que desconoce pero que puede ser, o no, la que le pertenece. El artista señala que “es un ejercicio amoroso en el que el cuerpo se excede y expone en circunstancias “nada clichés”; su rendición erótica u homoerótica, en pleno diálogo con la muerte”. A los que acompaña con animales muertos hallados en su propio contexto: el mar, y que ubica como ornamento religioso.

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El recurso de la máscara de masa permite la identificación de todos en sus imágenes. Pero el rostro se mantiene vivo por la mirada, así el protagonista se vuelve un ente universal quien en cada escena expone el cuerpo erotizado en una dinámica lúdica de la muerte a través de los animales, “para situarse en la relación de fondo, la naturaleza de los seres y la muerte”.


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En la serie Erótica-Mitológica retoma el erotismo como la pulsión rectora de las imágenes, las que evocan y acotan el imaginario andino manifestado, primero, en la indumentaria y posteriormente en su fisonomía, que dan argumento a la mitología, mientras que la erótica queda expuesta en las escenas protagonizadas por parejas o grupos en una práctica sexual evidente o sugerida que ven su origen en el diálogo e intertextualidad del erotismo manifestado en las ilustraciones japonesas de los siglos XVII y XVIII.

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Su obra escultórica, en la que, también, se puede hacer mención a su fotoescultura, está realizada en adobe, resina, madera y técnica mixta, materiales provenientes de los desechos que dejó el terremoto de 2010 en Chile, y con los que Maire elabora cuerpos, mismos que se ven coronados por cráneos de animales (vaca, cordero y cabra), los que en conjunto adoptan características antropomórficas que retoman a la muerte a partir de la cabeza de sus esculturas.

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Los cráneos juegan un papel simbólico que se traduce en la permanencia de la materia ósea, la que emerge a pesar de la muerte, no se desintegra y, sin embargo, se entierra porque representa el concepto de la misma. Los cráneos poseen una carga que los transforma en un intermedio para generar un diálogo entre la permanencia y la posteridad.
 
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Sobre su trabajo más reciente destaca su colección de pinturas Dictadores L.A., la que retrata la situación por la que han atravesado los países latinoamericanos a partir de su historia bajo regímenes dictatoriales. Son 12 cuadros de diversos dictadores de América Latina en las últimas décadas, y cuyo protagonismo los hizo conocidos a nivel internacional. “Los cráneos una vez más son un eje articulador, una insistencia en reemplazar el centro de nuestra conciencia por un elemento finito, engañosamente blanco e inanimado”.

Sobre su trabajo escrito, cuenta con dos poemarios: Escribí estos versos de Espalda (2007) y Ombligos (2011), con los que ha sido invitado a diversos encuentros literarios como el Festival Internacional de Poesía de Bogotá (2008), el Festival de Poesía Caracol Tijuana (2009) y el Festival Internacional de Poesía “Un par de vueltas por la realidad”, en Lima (2010). Sus trabajos en el campo visual le han abierto las puertas en Venezuela, Perú, Argentina, Chile, Colombia y, más recientemente, en República Checa, donde presentará dos obras de la serie Dictadores L.A.: “Fujimori-Perú” y “Pinochet-Chile”.

Su trabajo ha sido publicado en distintos medios en Paraguay, Chile, España, Inglaterra, Perú, Colombia, México y Estados Unidos.

pablomaire.com


Referencias: