6 pasos para entender 'La Primavera' de Botticelli

Viernes, 15 de diciembre de 2017 11:26

|Diego Cera

Entender el arte no sólo se trata de ir al museo fingiendo que haz hecho un análisis de cada pieza; detrás de todas estas pinturas y esculturas hay elementos que revelan un significado profundo.


A todos los que visitan un museo sólo para pararse frente

a un cuadro mientras se tocan la barbilla y a quienes asisten

a estos lugares a ver mujeres desnudas...

Este artículo es para ellos.


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«¿Qué quiso decir?» «¿Por qué esos colores o tal estilo?» «¿No era más sencillo pintar sólo un paisaje?» La preguntas que rondan la mente de un espectador promedio —cuando ésta no está más preocupada por el bossa nova venido a menos que algunas galerías usan para ambientar sus salas— vienen de todas direcciones y atacan cuando menos se lo esperan. En ocasiones son relativamente sencillas de contestar, basta googlear el trabajo en cuestión y leer un abstract. Listo, no hay más.



Pero la tecnología no estuvo ni estará permitida por siempre en los museos y entonces los villamelones del arte se sentirán mutilados sin todo lo que les permitía lucir inteligentes, o al menos no lucir como ese común denominador que paga una entrada para observar un aparente vacío que al menos no luce tan mal como el resto del mundo.


No, no te preocupes si eres una de esas personas, todos lo hemos sido por lo menos una vez. Asentimos ante un urinal o una caja de zapatos vacía pretendiendo que entendemos la razón por la que éstos objetos de uso cotidiano se encuentran en un importante nicho; incluso en los libros sobre historia del arte, al menos ese es el caso del urinal.



Comprender o interpretar piezas como los cuadros no es tan complicado como parece. Es cierto que para ello se necesita un amplio conocimiento de historia, mitología y otras disciplinas que poco o nada tienen que ver con el arte. No obstante, cuando miramos de frente el trabajo de un gran artista, no podemos darnos el lujo de escatimar en absolutamente nada. Desde la manera de leer una pintura, hasta los personajes que la conforman, todo suma para llegar a una interpretación, si no completa, satisfactoria de una obra.



Sólo para asegurarnos de que realmente no es un asunto del otro mundo, podemos intentar comprender uno de los cuadros más importantes del Renacimiento Italiano: La primavera de Botticelli.


Indudablemente, para comenzar la lectura debemos fijarnos en la orientación del cuadro, la cual va de derecha a izquierda y notamos a simple vista al enfocarnos en la mirada de sus protagonistas. Desde Céfiro hasta Mercurio, absolutamente todos se dirigen al mismo punto.


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Podríamos proseguir con el espacio, aunque éste se determina a través de la identidad de al menos tres de las figuras que aparecen plasmadas en la escena: Céfiro, Cloris y Flora. Los primeros dos compartieron una turbia historia de amor que inició con el acoso de Cloris por parte del viento del Oeste, encarnado en Céfiro. Al entrar en contacto y como fruto de su unión, nace Flora quien anuncia la aparición de la primavera. Sin embargo, no es a la estación del año a quien se hace referencia, sino al jardín que el dios le regaló a su esposa para que reinara eternamente, mismo en el que se sitúa toda la escena narrada en el cuadro.


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Después aparecen los dos dioses del amor: Venus y Cupido. Mientras él trata de desatar la pasión en todo su esplendor, ella está ahí para asegurarse que el efecto causado por las flechas de su hijo no sea inadecuado o excesivo. ¿Cómo nos damos cuenta de ello? Sencillo, la pasión y locura desatadas por Cupido son insinuadas por el paño que cubre sus ojos, como si éste nublara el juicio del dios; por otro lado, el control de Venus está encerrado en el simple gesto de imponer la mano frente al objetivo de la flecha.


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Enseguida aparece la receptora de la flecha: Castitas, una de las hijas de Zeus. Las también llamadas Gracias personifican a la alegría, el hechizo y la belleza. Al ser la más inocente, Castitas no se decide entre el cuerpo y la razón —aspectos encarnados en sus hermanas Voluptas y Pulchritudo respectivamente. A la izquierda, Voluptas aparece sin recato con el cabello suelto y el hombro descubierto; del lado contrario, Pulchritudo, la más serena de las tres, a pesar de incitar a su hermana a la danza, trata de protegerla. Pero, ¿de quién? Justo de la figura que viene a continuación.


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Con Mercurio se termina la cadena de personajes que aparecen en este cuadro. Su presencia tiene como principal intención guiar a las Gracias a través de Castitas en un viaje hacia el "Más Allá". Pero además de esa hay otras dos interpretaciones que podrían revelar el gran significado del cuadro.


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Mercurio, además de ser el mensajero del Olimpo, es el dios del conocimiento y la razón; es por ello que usando su vara despeja el cielo de cualquier nube que lo cubra para iluminar a Castitas y sus hermanas, las tres cegadas anteriormente por las bondades del amor. Lo curioso es cómo inicia y termina el cuadro: en el extremo derecho Céfiro sopla furioso todos sus vientos, acompañados de nubes y tormentas. Por la izquierda, Mercurio despeja esas mismas nubes mandando el viento del Oeste hacia otro sitio —quizá el principio de la pintura.


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En ese sentido, Boticelli complace a los críticos de su época, que al ser amantes de la filosofía, la poesía y la música, vieron en esta obra un producto redondo en el que el tema de los ciclos estaba más que aterrizado. Finalmente, qué son el amor y la primavera sino procesos condenados a repetirse de manera periódica.


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Con todo esto, seguramente la próxima vez que entres a un museo te esforzarás al menos un poco en encontrar el hilo negro de cualquier trabajo que aparezca frente a ti. No te sientas mal si no logras una comprensión completa desde el primer momento. Sonríe, pues por fin has dejado las poses en los museos, aquellas que mezclan incertidumbre y esnobismo, ahora tienes una justificación verdadera para ir a uno de estos templos.



Diego Cera

Diego Cera


Articulista Senior
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