La artista que fue comparada con Caravaggio y se atrevió a pintar su violación
Arte

La artista que fue comparada con Caravaggio y se atrevió a pintar su violación

Avatar of Andrea Fischer

Por: Andrea Fischer

22 de mayo, 2017

Arte La artista que fue comparada con Caravaggio y se atrevió a pintar su violación
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22 de mayo, 2017




Cuando se habla sobre pintura barroca, de inmediato se piensa en los artistas italianos y, entre ellos, el ineludible Caravaggio: en su dominio del escorzo el trabajo de los volúmenes para dar tridimensionalidad, en el juego magistral de luces y en la expresión tan teatral y tan esencialmente humana de sus personajes. Es inevitable. Caravaggio es, sin duda, uno de los referentes de la pintura europea en la Historia del Arte a pesar de su vida de excesos y escándalos; un talento fuera de serie que supo tomar lo mejor de las escenas que sucedían en los callejones para llevarlos al lienzo y plasmar, finalmente, lo que a la época le satisfacía y Roma necesitaba.

No es trabajo menor llegar de provincia para establecerse en el estrellato romano; de talleres sencillos a los más altos círculos de la corte, Caravaggio supo inmiscuirse en la sociedad de tal forma que logró complacer a todos, a pesar de su personalidad explosiva y sus tendencias narcisistas; de los andrajos a los lienzos, de las pinceladas a la creación de una doctrina propia que le dejaría un espacio perpetuo en el periodo barroco. Caravaggio supo manejarse ágilmente y supo responder bien ante la época, claro, hasta donde la cordura se lo permitió.


pinturas barrocas


Diría Gilles Lambert de la Universidad de La Réunion, en Saint-Denis, que el pintor "
colocó la oscuridad en el claroscuro"; así como el dominio absoluto de la línea de expresión, la claridad de los gestos, la intencionalidad de la musculatura y la soltura de las telas no pueden dejarse de lado en ningún momento; los grandes brillan por sí mismos.

La sombra titánica de Caravaggio vela muchas veces a otros grandes que se gestaron en su escuela. Una vez instaurado el caravaggianismo, no hubo quien no se diluyera bajo el telón del escenario del maestro milanés. Instituciones enteras se dedicaron a impartir su estilo y sus formas, y Caravaggio se enraizó en la cultura italiana de una manera muy natural: su arte respondía bien a las necesidades de la capital y al carácter de su país tan terriblemente impactante, tan inevitablemente dramático, en fin, tan barroco—. Muchas veces quizá demasiadas esa misma sombra es la que priva al mundo del brillo un poco menos poderoso de otros que se quedan rezagados en el olvido. Tal vez por menos talentosos, tal vez porque no llegaron a tiempo, o tal vez por ser mujeres, como es el caso de Artemisia Gentileschi.

D
e sangre romana, su padre, el pintor Orazio Gentileschi, no pudo más que entregarse a la ola masiva de Caravaggio; él se adoctrinó bajo esa corriente explosiva y permitió que sus hijos se empaparan del mismo flujo avasallador. De todos los hijos, la única que realmente resaltó por la naturalidad con la que se desempeñaba fue ella; con mucha más celeridad que sus hermanos, aprendió cómo dar brillantez a los cuadros y técnicas complejas para empastar el color. Destacó por su destreza con la línea y la proporción, y muy pronto hizo suyo el escorzo: la tridimensionalidad era para Artemisia una extensión más de su esencia; sin embargo, a pesar de que encontró un ambiente cómodo en el caravaggianismo, la manera en la que abordó ciertos temas siempre fue diferente, tal vez con una fuerza mucho más femenina.


Artemisia Gentileschi

A los 17 años firmó su primera obra "Susana y los viejos", y consiguió sorprender a la Academia; pero la soberbia profundamente machista de la época se escudó en la exclusividad de acceso masculino para no dejarla formar parte de sus círculos más selectos. Eso no la detuvo: consciente de su talento, su padre pidió a uno de sus colegas cercanos Agostino Tassi, paisajista ya reconocido entre los círculos romanos, que la aceptara como decoradora de las bóvedas del Casino delle Rose, en el Palacio Pallavicini Rospigliosi de Roma. Fue así que se desarrolló como una profesional seria por dos años, en los que su relación con Tassi se volvió forzosamente estrecha y, a su pesar, terriblemente más íntima. Con el paso de los días, el colega de su padre pareció confundir lo que era el trabajo en equipo con otra cosa, y su presencia se volvió, a lo menos, incómoda.

En 1612, Tassi la violó. Aterrorizado por la furia de su padre, el paisajista juró casarse con ella para no manchar su reputación: lo último que quería era condenarla a una vida de miseria, después de haber construido juntos una vida profesional prometedora y prolífica. Aunque, en realidad, esa nunca fue su intención: era un hombre casado con una familia ya establecida, y prefería la comodidad de su casa a la vergüenza pública de estar a lado de mujer manchada antes del matrimonio. Fue entonces que Artemisia y su padre procedieron legalmente, y expusieron su caso ante el tribunal papal de Paulo V. Resultó que Tassi había cometido adulterio en diferentes ocasiones: mantenía relaciones sexuales con su cuñada de manera regular y planeaba matar a su esposa para continuar con su vida licenciosa. Además, pensaba robar distintas de las obras no firmadas de la familia Gentileschi para venderlas como propias una vez que saliera de Roma.

artemisia gentileschi pinturas


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Del proceso se tiene un registro exhaustivo y minucioso, del que permanece el testimonio de la artista romana. En su apología, Artemisia describe con detalle casi teatral la manera en la que Tassi cerró la puerta de su cuarto con llave, cómo la desvistió a la fuerza y la forma en la que ella logró zafarse al arrancarle un trozo de carne. La violación que sufrió la artista se convirtió en una escándalo para la época, ya que se trataba de dos figuras muy importantes; al final, Tassi fue condenado por estupor, jamás pudo borrar el hecho y su carrera se vino abajo. 

De la furia arrebatada de aquel encuentro violento, Artemisia pintó "Judith decapitando a Holofernes"; aunque Caravaggio tiene la misma escena, la obra de Gentileschi destaca por el realismo con el que la sangre sale a borbotones del cuello de Holofernes: el colchón en el que está acostado escurre de rojo, la espada corta ya la mitad del cuello —se nota la suavidad de la carne, cómo cede, cómo se corta tan fácilmente y se adivina la incisión en la vena aorta por el borbotón oscuro que sale disparado hacia Judith; en cambio, en la del milanés, sólo se ve un pequeño chorro de sangre. Es cierto que en la propuesta de ambos hay un dramatismo espectacular que asombra, que deja una impresión en el espectador, pero si de realismo se trata, el trabajo de Gentileschi es mucho más preciso, más límpido, más cercano al salvajismo de una realidad vivida en carne propia.


Artemisia Gentileschi obra


Es común que la obra de Artemisia se confunda con la de Caravaggio, a pesar de que él murió cuando ella apenas comenzaba; tal pareciera que el pincel magistral del maestro fue equiparado por el de una artista diluida en el hilo continuo de la Historia, que no perdona origen ni género. Gentileschi vio el final de sus días en una tesitura mucho más gloriosa que el milanés: encontró lugar en Nápoles y más tarde se trasladó a Londres para reunirse con su padre en la corte de Carlos I. Al correr de los años, tras la muerte de su padre y después de ser la pintora oficial del rey, regresó a tierras napolitanas donde pasó sus últimos días.

Teatral, vigorosa, magnífica, Gentileschi es uno de los iconos más importantes del barroco italiano, a pesar de los infortunios a los que se debe someter una mujer para formar parte de la Historia.  



Artemisia-Gentileschi historia



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A lo largo de la Historia, muchas mujeres talentosas fueron etiquetadas sólo como "musas" o "acompañantes" de aquellos a los que se les considera grandes artistas; sin embargo, demostraron su genialidad por medio de su obra, como la historia de la mujer que emergió del mar y se convirtió en icono del Renacimiento o la artista que protestó contra la guerra a través de cuerpos desnudos.






Referencias: