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Pinturas rupestres en Tamaulipas

Arte Pinturas rupestres en Tamaulipas

A través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el Museo Nacional de Historia-Castillo de Chapultepec de la ciudad de México dio a conocer los resultados de la investigación de casi cinco mil pinturas rupestres halladas en el estado de Tamaulipas, la cual duró siete años.

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La arqueóloga Martha García Sánchez, encargada de las pinturas rupestres del Municipio de Burgos, en conjunto con el apoyo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), hizo público, esta semana, el registro fotográfico de las 4 mil 926 pinturas.

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Entre lo abstracto se trató de descifrar el carácter antropomorfo, zoomorfo y astronómico del componente cultural de las pinturas que en imágenes narran actividades nómadas como la caza, la pesca y recolección, creadas por cazadores-recolectores de la región. Aún faltan por analizar más de mil 550 imágenes; entre las que  también se encontraron representaciones de flora y fauna como: venados, lagartijas y ciempiés típicos de la zona.

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Los grupos nómadas elaboraron sus pinturas con tintes y minerales limitándose a la gama de color que la naturaleza les daba, este descubrimiento se colorea en pigmentos orgánicos entre el amarillo, rojo, blanco y negro.

Las pinturas no han podido ser datadas, aún, por la falta de información de la existencia de registro de grupos nómadas que habitaron las sierras de Tamaulipas, pues no hay información en apoyo a las fechas, y las pruebas químicas de carbón no han sido realizadas todavía.

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Por desgracia, a los grupos sólo se les conoce por el nombre de motes que les asignaron los conquistadores, frailes y otros indígenas. Los nombres de las tribus o bandas serranas “van desde descripciones de rasgos personales (borrados, pintos, sarnosos), costumbres o actividades (cometunas, comenopales, zapoteros, andaelcamino), patronímicos de jefes de tropillas (santiagos, Villegas, Pancho cojo) y hasta gentilicios (dienteños, salineros)”.

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“Estos grupos escaparon al dominio español por casi 200 años, si se toma en cuenta que la evangelización de Burgos comenzó a mediados del siglo XVIII (1750), porque eran indomables y huían a la sierra de San Carlos donde tenían agua, plantas y animales para alimentarse. En cambio, los españoles no se metían a la sierra y sus cañadas, por la falta de alimentos".


Referencias: