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8 predicciones que estaban escondidas en una de las pinturas más famosas de la historia y no sabías

21 de febrero de 2018

Diego Cera

No, no es una alucinación. Nuestro futuro está retratado en esta pintura y te acabas de dar cuenta de ello.



¿Es un celular, una roca o un espejo? ¿Por qué está ahí?


Esta estampa en el mural del pintor Italiano Umberto Romano, Mr. Pynchon and the Settling of Springfield, abrió la discusión en las redes sociales advirtiendo acerca de un posible viajero en el tiempo. La pintura de hace ochenta años muestra a este indígena sosteniendo lo que para muchos era un iPhone negro con el que se estaba tomando una selfie que seguramente sería acompañada con hashtags como #Conquista, #NuevosAmigos, #VisitasEnCasa y #RegalosParaTodos.



Aunque para muchas personas esto no dio para otra cosa más que para realizar unos buenos memes, otros se lo tomaron muy en serio. Probablemente poco antes de 1937, algún mensajero del futuro le contó a Romano todo acerca de cómo sería nuestro mundo; la gente entreteniéndose a través de pequeñas pantallas que lo distraían del mundo, incluso cuando el fin de su propia cultura estuviera a sus espaldas. Quizás, al saber de todo ello, el pintor quiso insinuarlo de alguna manera; porque, claro, la gente siempre tiene secretos. Algunos más oscuros que otros, pero siempre existen.



Las teorías acerca de una posible profecía oculta fueron rápidamente tomadas como un chiste debido a que todo el mundo conoce, al menos superficialmente, cómo fue la Conquista de América, pero ¿qué pasaría si los artistas en serio pudieran adivinar el futuro? Casi como un tercer ojo, las pinceladas de algunos de los autores más grandes de la historia del arte esconden secretos que no serían revelados hasta mucho tiempo después. Desde las lecciones de anatomía ocultas en los frescos de la Capilla Sixtina, hasta el Jardín de las delicias de El Bosco y sus visiones apocalípticas, estas percepciones han resistido a la historia para llegar hasta nuestros ojos.



«... Si ven esos paneles lo suficiente, empiezan a contar una historia. En el primer panel están Adán y Eva en el jardín del Edén; aves volando a la distancia, elefantes y jirafas y mucha iconografía religiosa. El segundo panel es cuando empieza a ponerse más interesante; los pecados capitales empiezan a fundirse en su forma de pintar, hay sobrepoblación, depravación y exceso. Y el último panel, que es el más angustioso, en especial desde la perspectiva de un niño pequeño, es este paisaje calcinado, retorcido y decadente; un paraíso que ha sido degradado y destruido».
— Leonardo DiCaprio



Leonardo DiCaprio utiliza esta analogía para abrir el documental Before the flood, que no habla de otra cosa más que del calentamiento global y el impacto que éste tiene no sólo sobre el clima sino en el mundo en general. Sería sencillo decir que el Bosco predijo la destrucción del mundo a través de su pintura. Sin embargo, no sería el primero en hacerlo y por ello, su papel como profeta sería inexistente. Lo realmente interesante es cómo, desde un comienzo en la naturaleza marcado por los primeros humanos en pisar la Tierra, nuestro planeta —retratado como una delicada esfera de cristal al cerrar los paneles— pasó de ser un paraíso natural a un montón de torres de metal torcido y una masa homogénea de carne, sudor y podredumbre conocida popularmente como humanidad.



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Nuestra desenfreada adicción al sexo


Todo comienza con un montón de aves (segundo panel) a punto de emprender el vuelo, entre las cuales, el hombre y la mujer se han colado para volar y entregarse a los placeres del sexo. Además de los cuerpos desnudos y en frenesí que aparecen junto a estos pájaros, podemos hacer referencia a que la palabra holandesa vogel era usada como eufemismo para referirse al sexo; mientras que vogelen se utiliza para aludir a las aves. Es un juego de palabras difícil de descifrar, aunque finalmente ¿no son las profecías una especie de acertijo?



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El inevitable declive de la raza humana


Una vez emprendido el vuelo, los humanos llegaron a una tierra prometida. Las grandes ciudades formadas cerca de las cuencas de ríos o lagos donde, además de la agricultura, todo el mundo se dedicó a fornicar como si no hubiese mañana. Las manzanas o fresas se reparten a lo largo de todo el cuadro como frutas prohibidas. Para este punto ya no importa si el pecado de comerlas se refiere al sexo o al conocimiento, después de probarlas nuestra raza se entregó a un frenesí carnal e intelectual que pronto se convirtió en un mal necesario que terminó por crear ciudades enormes que retrataban un sueño de perfección que comenzó a derrumbarse.

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Las grandes ciudades y la carrera por sobrevivir en ellas


La sobrepoblación de la que habla DiCaprio no pudo ser mejor representada: por medio de una enorme e injusta carrera en la que algunos viajan a pie mientras otros gozan de lugares privilegiados sobre los lomos de caballos o venados; ¿hacia dónde va esa carrera? Más allá de retratar una exagerada urbanización, El Bosco se enfoca en pintar esa ambición humana por llegar a un lugar perfecto que, gracias al egoísmo y la falta de consideración hacia el otro, sólo figura como un sitio lejano en el horizonte donde todo es, literalmente, color de rosa.



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El conformismo y la depravación


Ante esa imposibilidad de alcanzar la perfección soñada, el hombre comienza a desesperarse y deprimirse; es entonces cuando le acosa una tremenda soledad y miseria que lo empuja a callejones oscuros y sin salida (tercer panel). El infierno en el Jardín de las delicias bien podría no ser otra cosa que nuestra propia realidad, ¿o será que necesitamos morir para ver todo ello? Basta con meternos a cualquier bar o centro nocturno para encontrar depravación, juego y música hecha con el único propósito de mover las nalgas. De esta manera, la parte baja del retablo coincide perfectamente con nuestro conformismo que no es de otro color que el negro.


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El pecado y el vicio


Más allá de este mundo de excesos se levanta una ciudad como es en realidad: oscura, decadente y quemándose a sí misma gracias a que sus pobladores no han sabido llevarla con respeto. Esos que buscaron un mundo ideal ahora estaban ahí para destruirlo como éste lo había hecho con ellos, que trabajaron tanto por tan poco, que condujeron kilómetros para llegar a un desierto enorme donde el pecado, el vicio y el peligro hacían parecer al mismo infierno como un jardín del Edén al que todos aspiran para abandonar por fin este mundo de miseria.



De esta manera, el pintor terminó por predecir nuestro mundo, no un futuro lejano, sino éste en el que estamos parados. Aquél en el que no es necesario un viajero del tiempo para revelarnos nuestra decadencia como raza; el tercer ojo del Bosco fue su propia época donde ya se veía venir la podredumbre provocada por los excesos y una pasión desmedida por superar al otro en cualquier aspecto de la vida; comprobando, al fin, que nunca saldremos de esa carrera eterna donde el más grande devora siempre al más pequeño.


TAGS: Grandes artistas Pintura Datos curiosos
REFERENCIAS: ABC 20 Minutos BBC

Diego Cera


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