¿Qué es el arte cinético y cómo los artistas hacían que sus obras se movieran?

Martes, 23 de enero de 2018 17:10

|Carolina Romero

Todo cambia, todo el tiempo. Lo único que permanece inmutable es la propia transformación. ¿Cómo entonces el arte, siendo referente inmediato de la vida, podría ser estático?



«Nadie se baña dos veces en el mismo río», dicen que decía Heráclito —porque, en realidad, es una frase sólo atribuida al filosofo de Éfeso, a los estudiosos no les consta que sea suya—. Pero más allá de la autenticidad de la autoría de esta sentencia, debemos detenernos a ver qué es lo que quiere decir: las aguas que cubren a los que entran en el mismo río cambian —porque corren— y quien entra, ya no es el mismo un segundo después —porque inexorablemente ha envejecido—.



¿Esto qué implica? Que la realidad, tal y como la conocemos, es cambiante. Todo cambia, todo el tiempo. Lo único que permanece inmutable es la propia transformación. ¿Cómo entonces el arte, siendo referente inmediato de la vida, podría ser estático? El arte cinético es justo una respuesta a esa contradicción.


¿Qué diferencia el arte cinético del resto del arte?, sencillo: el movimiento. Esto es una completa revolución, es romper con la estructura tradicional de lo que hasta ahora se ha entendido por arte; la pintura y la escultura estática comienza a tener vida, deja de ser un fragmento eterno de la realidad.



Esta corriente comenzó en París y su primera exposición fue llamada a propósito “Le mouvement” inaugurada en la galería Denise René. Era 1955, la capital francesa bullía de expresiones artísticas que gritaban desde sus trincheras las consecuencias fatídicas de la transición entre un estado de zozobra tras la Segunda Guerra Mundial y la esperanza de un cambio genuino. 


No solamente se trataba de una manera “novedosa” de hacer arte, implicaba mucho más; era el desafío a la idea sempiterna de la belleza como inmutabilidad. Entre los artistas que participaron están: Marcel Duchamp, Alexander Calder, Jean Tinguely, Victor Vasarely, Yves Klein, Jesús Rafael Soto y Pol Bury.



¿Cómo saber si estás frente a arte cinético?


No todas las piezas se mueven aunque todas tienen la apariencia de hacerlo. Pese a que algunas no tienen una oscilación real, el uso del color, las sombras, la profundidad y la tridimensionalidad otorgan a la pieza dinamismo, pero es un efecto visual.


La pieza no sólo es estéticamente atractiva, sino que lleva una completa planeación tras de sí; el artista debe tener ciertas nociones de mecánica básica y estudiar la manera en la que los elementos de la obra interactuarán entre sí para producir lo que busca comunicar.



Existen por lo menos 3 tipos de arte cinético, todos ellos difieren en la sensación del movimiento:


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Estables


La pieza está fija. Es el espectador el que tiene que ponerse en movimiento para percibir la idea general de la obra y ver cómo es que ésta se transforma.



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Móviles


El visitante permanece en un sitio mientras mira cómo la pieza cambia de composición y vuelven a su estado habitual.



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Penetrable


Estas piezas implican mucho más interacción entre el espectador y el arte. Literalmente, uno debe sumergirse en la obra de arte, modificándola. Del mismo modo, la obra tiene un contacto directo con el espectador, lo que lo transforma también a él.



En la mayoría de los casos hay un recurso natural que pone en marcha la instalación o algún elemento con el que el espectador deba interactuar. Es una pieza que implica siempre una conexión artista obra / público.



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El arte cinético es “el hijo” del futurismo, constructivismo y dadaísmo. Oscilación, suspensión, rotación, vibración, movimiento pendular o elevación son, según Alexander Calder —uno de los padres de esta corriente— los principios móviles de este tipo de arte.


De ahora en adelante, cuando te enfrentes a una obra de arte cinético podrás reconocerla y entender qué es lo que implica su creación y su concepción.


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Carolina Romero

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