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Sergei Polunin: El James Dean del ballet

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Por: Lucia

Arte Sergei Polunin: El James Dean del ballet

 

Ballet: arte efímero, entretenimiento culto, clásico, elegante, bello, no es secreto que las luces del escenario cambian muchas cosas, pero cuando éstas se apagan, ¿qué queda? Mucha gente no lo sabe, pero la danza es una profesión difícil y el ballet, en su eterna búsqueda por la perfección, es uno de los estilos más demandantes. Sus grandes expectativas y la disciplina que conlleva, puede ser un arma de doble filo para quién decide dedicar su vida a este arte.

 

Precisión y placer, sudor y deseo son los elementos cotidianos en la vida del bailarín que lo ponen a prueba tanto físicamente y emocionalmente. La madurez es un tema crucial en la educación de las jóvenes promesas de la danza y resulta extraño que algún bailarín estrella cause mayor polémica por su actitud que por sus buenas extensiones.

 

 

Finalmente los bailarines, esos seres fantásticos que transitan el escenario, son humanos; personas que al apagarse las luces, se despiden de Terpsícore y se enfrentan a sus demonios, a la realidad cotidiana como cualquiera y la realidad es que un bailarín no es, ni será, perfecto.

 

Este conflicto entre las expectativas, tanto internas como externas, el juego de poderes entre la mente y el cuerpo, así como la naturaleza impulsiva de la juventud pueden destruir carreras y en otros casos, construir leyendas. Al menos, eso sucedió con Sergei Polunin, para muchos un desconocido, pero en el mundo del ballet, Polunin es el equivalente a James Dean.

 

 

Sergei Polunin es uno de esos chicos que la gente ama odiar y odia amar, uno de esos que capturan la mirada de todos en cuanto entra a una habitación, uno de esos que en clase es dueño de admiración y envidias. No, Sergei no vivió la historia de Billy Elliot. Él lleva la danza en su cuerpo de nacimiento; la naturaleza le dio el don, la fuerza, la elegancia y el cuerpo. Nació en 1989 en Ukrania, donde hizo gimnasia y posteriormente  fue seleccionado para estudiar en el Instituto Coreográfico del Estado de Kiev. Sus habilidades y destreza técnica le permitieron ganar la beca Rudolf Nureyev para estudiar en la prestigiosa escuela del Royal Ballet en Londres.

 

En White Lodge, su nombre se convirtió en sinónimo de perfección. Maestros, bailarines profesionales y alumnos colocaron sus esperanzas en él, para convertirse en su próxima estrella y competencia directa para una nueva generación de bailarines como Ivan Vasiliev (Bolshoi), Chase Finlay (NYCB) y nuestro propio Isaac Hernández (San Francisco Ballet).

 

Polunin, de apariencia reservada, incluso tímida, cumplió con las expectativas de todos cuando en junio del 2010 con tan solo 19 años fue nombrado Primer Bailarín, el más joven en la historia del Royal Ballet.

 

 

Meses después, mientras la escena internacional mostraba a Sergei como descendiente y heredero de Nureyev y Barishnikov, detrás de bambalinas era un Sergei desconocido para sus maestros y compañeros, poseedor de una actitud rebelde desarrollando un gusto por los tatuajes, saliendo de fiesta entre semana y dueño de una cuenta de twitter con mensajes que hacían honor al lema “Live Fast and Die Young”, todo esto, aunado a la declaración que el joven bailarín se retiraría del ballet profesional a los 26 años, confundió a todos ya que a pesar de esto, jamás actúo irrespetuosamente con quienes le rodeaban.

 

 

La verdadera sorpresa llegó en enero de este año cuando repentinamente Polunin abandonó la sala a mitad de un ensayo. Lo que al principio pareció ser un descanso para retomar energía y concentración, resultó en Sergei dirigiéndose a la oficina de la Directora Mónica Mason, efectuando su renuncia inmediata.

 

Su renuncia, más que una pérdida, actúo como una llamada de atención para la comunidad dancística en general. Sergei se sintió aliviado al salir de las instalaciones del Royal Ballet esa tarde, pero dejó a todos con la pregunta de ¿cuánto y cuándo es demasiado? ¿En qué momento el mismo régimen que cautivó los sueños de un muchacho se convirtió en su pesadilla?

 

 

Inmediatamente su permiso para trabajar en el Reino Unido fue cancelado. Sergei intentó abandonar el entrenamiento, pero finalmente su cuerpo le exigió retomarlo, eliminó su cuenta de twitter y su nombre se ha convertido en leyenda. Al final, parece ser que la frustración de bailarines como Sergei Polunin, se debe a las pocas oportunidades creativas que ofrece el sistema de las compañías. Esta polémica se intensificó con la renuncia de los bailarines sensación del Bolshoi, Ivan Vasiliev y Natalia Osipova, contemporáneos de Polunin, quienes argumentaron su salida de la prestigiosa compañía por el mismo motivo.

 

Esto ha hecho que muchas compañías replanteen sus métodos de trabajo, su repertorio y los coreógrafos con los que colaboran. Anteponiendo la importancia histórica que tienen las obras de ballet pero pensando que es necesaria una evolución y reformación en los temas y en el estilo; situación exigida por sus propios bailarines quienes cuentan con una sed inmensa de crear y superar más retos.  

 

 

Actualmente, los tres bailarines han regresado a la actividad profesional, pero esta vez bajo sus propios términos: como artistas semi-independientes. El regreso de Polunin, ha comenzado de forma mediática convirtiéndose en el nuevo rostro de las campañas de Dior Homme. Mientras que el escenario del Convent Garden lo espera, en esta ocasión como artista invitado de la compañía que abandonó, para inicios del 2013, bailando al lado de Tamara Rojo en Marguerite & Armand, uno de los regresos más esperados por el público y la crítica.

 

 

 


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