Urinal en exhibición: la historia extendida
Arte

Urinal en exhibición: la historia extendida

Avatar of Grecia Calderon

Por: Grecia Calderon

20 de mayo, 2013

Arte Urinal en exhibición: la historia extendida
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Por: Grecia Calderon

20 de mayo, 2013

La idea de que todo puede ser llamado arte, usando a Duchamp como estandarte, se ha convertido en una manera simplísima de explicar la práctica contemporánea. Se hace referencia al episodio de la introducción de un objeto cotidiano, ya hecho, al mundo del arte. Sin embargo, eso es una forma de aproximarse, un vistazo tranquilizador a una superficie que oculta un proceso mucho más complejo.

En 1917, la Sociedad de Artistas Independientes de Nueva York, de la cual Duchamp formaba parte, declaró que cualquier artista que pagara seis dólares podría entrar a su exhibición, pues no habría jurado ni premios. Suena a propuesta incluyente, ¿no?

Así, curioso por saber si sus colegas cumplirían con su palabra, envió una pieza bajo la firma de R.Mutt. En este acto, Duchamp impidió que su reconocimiento como artista, ya legitimado, interfiera en la elección de los convocantes, pues era consciente del peso con el que se ha revestido su nombre.

Fountain 1917, replica 1964 by Marcel Duchamp 1887-1968
Es posible imaginar la expresión en los rostros de los miembros de la Sociedad de Artistas al tener frente a ellos aquella pieza de porcelana, idéntica a muchas otras, que en algún momento recibieron sus desechos líquidos. Vulgar, inmoral y obscena, fueron las palabras que acompañaron el rechazo de la obra. A lo anterior, se añade la cuestión de la creación, es evidente que el Sr. Mutt no hizo el urinal con sus manos, por lo cual le acusaron de plagiador. Argumentos sobraban para defender el sagrado templo del arte y negarle el paso al profanador.

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Duchamp, junto con dos amigos: Henri-Pierre Roché y Beatrice Wood, editó una revista llamada The Blind Man, la cual se encargó de satirizar el acto de haber sido Duchamp rechazado de una exhibición en la que, supuestamente, todo artista podría participar. En ella se afirmaba que eso era arte desde que Richard Mutt lo había elegido. Haber tomado un objeto de la vida cotidiana y hacer desaparecer su sentido utilitario a través de un nuevo nombre y punto de vista, resignificó tal objeto.

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Después de la presión ejercida a través de la revista como un instrumento de propaganda, Fuente logró formar parte de la exhibición. Este hecho ponía en crisis diversas ideas que daban sustento al arte como institución, no podía seguir siendo lo mismo mientras una Guerra Mundial devastaba la esperanza en el progreso. El artista como creador, el arte como esfera autónoma de la vida cotidiana, la obra como resultado de la inspiración individual, todo fue puesto en duda hace casi un siglo y, sin embargo, valdría la pena preguntarse hasta qué punto se sigue creyendo en ello y por qué.


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Fuente:  Shiner, Larry. La invención del arte: una historia cultural. Editorial Paidós, México, 2004, 476p.

 


 


Referencias: