Velázquez, el desconocido, vuelve al Prado

Velázquez, el desconocido, vuelve al Prado

Por: Mauricio Alvarado -

Velázquez me cautivó en la adolescencia; tenía 15 años. Mi primer visita al Museo del Prado fue alimentada por un morbo incontenible que se apoderó de mí cuando estuve frente a “Las meninas”.

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La infanta, sus dueñas, un lejano caballero vestido de negro, el propio Velázquez, el perro y la enana. Esa enana alimentaba mi molesto gusto por el cuadro.

Soy ferviente creyente de Carlos Fuentes, quien describe a Velázquez como el creador de “el más grande cuadro que se ha pintado jamás (…) por muchos motivos”.

Hoy, esa púbera emoción vuelve a encenderse con la noticia de que algunas obras poco conocidas del pintor sevillano vuelven a casa después de más de 350 años de alojarse en Austria y Gran Bretaña.

Obras que han vivido alejadas por las condiciones del tiempo. Aquel tiempo en que Velázquez monopolizaba el retrato real. El arte de Velázquez aún sorprende no sólo a los monarcas, sino, también, a los menestrales, al pueblo y a la corona; a ustedes, a mí… a todos.

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Velázquez vuelve a su casa madrileña: el Museo del Prado. Esa acogedora colección alimentada de la insaciable pasión por el arte de algunos monarcas españoles.

A partir del 8 de octubre y hasta el 9 de febrero de 2014 el Museo del Prado albergará alrededor de 30 obras poco conocidas de Diego de Silva Velázquez.

¡Que placer conocerle, don Diego, el ignoto, Velázquez! Aquél que estuvo escondido en otras partes de Europa, fuera de la península, lejos del reinado de Felipe IV.

La muestra, titulada Velázquez y la corte de Felipe IV, revela dos facetas poco conocidas del pintor: sus retratos de la corte papal, realizados en un viaje que Velázquez realizó a Roma. Y una segunda faceta, ésta consiste en la propagación de figuras femeninas e infantiles en su producción cortesana, realizadas cuando Velázquez regresó, muy a su pesar, amenazado por el rey, de su segundo viaje a Roma.

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Las imágenes de Velázquez salen de su espacio. Mueven y conmueven. Narran y susurran pinceladas de historias inimaginables. Crean y se recrean. Nos ven, nos observan mientras las miramos.

Sin duda, todas estas estrellas pictóricas girarán alrededor del astro rey de “Las meninas”. Ese morboso zarpazo de pintura sobre un lienzo. El lienzo de la historia que aún el propio Velázquez continúa alimentando con el arte nuestro de cada día. Velázquez es una bocanada de arte puro que bien vale la pena admirar.


Referencias: