Switch to English
Arte
Cine
Comida
Entretenimiento
Estilo de vida
Historia
Letras
Moda
Fotografía
Música
Viajes
Catar

ARTE

El artista que susurraba al público sus fantasías sexuales mientras se masturbaba

Por: Diana Garrido 9 de septiembre de 2017

Vas caminando por una exposición en un museo, tu mirada se dirige a la pieza más bella del autor, vas hacia ella y de pronto, detrás de ti sientes la presencia de alguien. Le miras y no se inmuta, te sostiene la mirada, te observa fijamente como si no pasara nada. Lo ignoras un par de piezas más, pero él sigue atrás de ti, no te dice nada, sólo te incomoda. Vuelves a mirarlo, esta ocasión de manera retadora y sigue viéndote, ahora, morbosamente. Caminas más rápido hasta sentir que se ha quedado atrás y aún así, unos metros lejos, te sigue observando mal.

Esto hacía el artista Vito Acconci quien siempre se interesó en la expresión corporal. Le gustaba ver cómo es que un cuerpo ajeno se estremecía ante la amenaza, la incertidumbre y el miedo. Por ello se metía a las exposiciones de cualquier museo y seguía a las personas hasta acosarlos y hacerlos sentir mal e incómodos, estudiaba cada movimiento del cuerpo dejando que estos se metieran en su cerebro hasta lograr reproducirlos por su cuenta. A eso le llamaba arte. Nació en el Bronx en 1940 y creció admirando el cuerpo humano. A diferencia de Da Vinci, otro enamorado de la anatomía; su ideal de cuerpo perfecto era más bien una manera surreal y por supuesto, subjetiva.

En los años setenta, cuando el Pop Art inundaba los espacios artísticos del mundo, Acconci decidió incursionar en la moda de la vanguardia con el performance corporal. Hizo de su cuerpo un lienzo que utilizaba prácticamente desnudo al igual que otras expresiones como la poesía en la que hacía versos concretos, es un constante lucimiento del lenguaje, del cual tenía amplios conocimientos. Pero el cuerpo y sus atributos era lo que en verdad fascinaban al artista.

Hizo un muy conocido performance en el cual se documentó haciendo ejercicio. Es decir, subía y bajaba por algunos segundos en un taburete, cada día con mayor facilidad, pero ¿cuál era el fin? Esa misma pregunta se hacían todos los espectadores, como cuando vieron otros espectáculos artísticos del hombre. Mordió sus brazos y piernas formando figuras que después rellenaba con tinta y marcaba las figuras en un papel demostrando que el cuerpo no sólo era un lienzo, sino un pincel. Su fin era mostrar el cuerpo en acción, tan cotidianamente como suele ser.

«Si me especializo en un medio, estaría fijándome una base, una base de la cual tendría que desenterrarme, constantemente, ya que un medio fue sustituido por otro. Por lo tanto, en vez de dirigirme en torno a la “base”, cambiaría mi atención y la dirigiría en torno al “instrumento”, me enfocaría en mí mismo como el instrumento que actuó en cualquiera que haya sido la base, que de vez en vez estuvo disponible».


Vito Acconci

En ocasiones, ponía en juego su performance y dejaba que entrara a su espectáculo, o mejor dicho, los obligaba, puesto que se postraba sin avisar y le daba a su público un show del que no podían escapar. Su más grande espectáculo fue aquel que consideraron el peor y más controversial, no peor en el sentido negativo o de rompimiento de la estética, sino en la forma en que llamó la atención de los transeúntes. La llamó "Semillero" y consistía en postrarse debajo de una tarima de madera en la que se masturbaba sin que nadie le viera, pero sí le escuchaban, ya que a través de unas bocinas, él comenzaba a narrar sus fantasías sexuales y gozaba mientras los caminantes, desconcertados y ruborizados no sabían en dónde esconderse.


«Mientras más nos entrometemos en la persona del otro, menos somos una persona cada uno de nosotros para el público: no somos “personas” sino “representantes” (de un misterio, de un ritual de interacción, de una psicología...)».


Vito Acconci

El arte para él era todo lo que implicara relación con su cuerpo, por ello, se dedicó a hacer, incluso, muebles y decoraciones de interiores, puesto que lo común es lo más artístico y si esto que es un artículo normal o de uso cotidiano, tiene contacto con un ser vivo, cuyo cuerpo reacciona y se expresa. Por ello, en los años noventa, creó un espacio dedicado a diseñadores y arquitectos que se centraron en el espacio subterráneo entendiendo el mismo como una «celebración de la memoria», demostrando que el cuerpo humano es un arma poderosa, ya sea para expresarse en él o para usarlo como defensa, claro, con cuidado y sin restricciones.

Conoce los performances más controversiales a lo largo de la historia, los cuales han sido criticados y mal vistos como algunas mujeres que han usado su cuerpo como instrumento de performance.


Recomendados: Enlaces promovidos por MGID: