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Vómito, sangre y polvo: nuevas formas de crear arte en el siglo XXI

Arte Vómito, sangre y polvo: nuevas formas de crear arte en el siglo XXI

Estas son las razones por las que tu tía muestra cara de “ah, ok” cuando le dices que quieres estudiar arte.



Porquería:


1. f. coloq. Suciedad, inmundicia o basura.

2. f. coloq. Cosa vieja, rota o que no desempeña su función como debiera.

3. f. coloq. Acción sucia o indecente.


Por lo tanto, estas obras de arte son una porquería. Usan la suciedad, los desechos y los fluidos corporales como la materia prima para construir piezas únicas. A muchos les causa asco, a otros sorpresa. Pero sea como sea, no dejan a nadie indiferente.


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El absurdo y la ruptura con lo establecido son señales inequívocas del siglo XXI, pero la clave indudable para reconocerlo es la pregunta constante: "¿De verdad eso es una obra de arte?" Si no lo crees, mira las siguientes:


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Scott Wade y el polvo


Mientras tú te limitas a escribir “lávame”, este diseñador gráfico crea formas exactas y precisas de la realidad en los coches sucios. Aunque no es considerado un artista como tal, Scott Wade ha participado en diferentes eventos públicos mostrando lo que puede hacer con sus dedos y con un par de pequeños pinceles.


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Sangre denunciadora


El artista brasileño Vinicius Quesada intenta ser coherente con su discurso sobre el mundo. A través de sus pinturas denuncia la construcción de una sociedad decadente y triste, donde la esperanza es un lujo que sólo los privilegiados pueden tener. La tinta: su propia sangre.


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Ola de menstruación


En un intento por que las mujeres se reconcilien con sus procesos naturales, se ha creado toda una ola de arte menstrual. La sangre expulsada en los periodos femeninos es usada como la tinta para replantear y revalorar el cuerpo de las mujeres. Urszula Kluz, Vanessa Tiegs y Carina Úbeda son de las artistas más importantes.


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Albóndigas cuestionantes


Advertencia: esto va a darte mucho asco. Marco Evaristti hizo una cena especial: albóndigas cocidas en su propia grasa corporal —sacada luego de su liposucción—. El platillo fue expuesto en una galería ante el rechazo y asombro de los asistentes: «En primer lugar, quiero mostrar a la gente que las albóndigas hechas con mi grasa no son más repugnantes que las albóndigas que compra en el supermercado», decía el artista.


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Heces y lectura


Simple y extraño. En The Homecoming of Navel Strings, una instalación de Noritoshi Hirakawa, una joven lee un libro de Philip Pullman mientras tiene a un lado una bola de excremento fresca. La exhibición dura seis días, durante los cuales, el desecho café está ahí —son las heces del artista—.


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Sangre propia


Un autorretrato en todo el sentido de la palabra. Marc Quinn es un prolijo artista que se dedica a hacer escultura con diversos materiales. La serie self la hizo con sangre congelada: «de esta manera, la materialidad de la escultura tiene una función tanto simbólica como real», explica el artista.


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Vómito contemporáneo


¿Recuerdas el filtro de Snapchat donde vomitabas un arcoíris? Pues Millie Brown lo sublimó en arte. Según la explicación de este performance, no se trataba de un acto apologético de bulimia sino que «la pintura se arroja desde el estómago, desde lo más profundo del “yo” para extraer las emociones más aferradas en su interior».


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Sí, el arte contemporáneo es extraño. Las más de las veces está sujeto a cuestionamientos profundos. Todos válidos. La universalización de la técnica y los medios nos desconcierta, a veces incluso nos desagrada, pero eso se debe a que nos saca de todo lo que pensamos alguna vez que era arte. Sin embargo, éste es sólo un reflejo de una sociedad en constante cambio y revoluciones. Es un reflejo de nosotros mismos, no podemos culparlo.