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ARTE

Y en la muerte de una obra perfecta, alguien encontró vida



Cual depositarios de un mensaje místico, prácticamente dispuestos para el ritual, los objetos creados por la mano de Alonso Cartú concretan dos conceptos que son primordiales, codependientes en la vida y en las esculturas de este mexicano. Egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, este arquitecto de formación, en una faz artística que ha sabido manejar durante todos estos años sin caer en la rigidez que puede caracterizar a dichos profesionistas, presenta cerámicas de lo dual como punto máximo de su obra (hasta el momento).

¿A qué nos referimos con esto? Al seguir con el encuentro y complementariedad de vida y muerte, la formalización de sus reflexiones halla el soporte perfecto en la arcilla, la piedra, el metal y otros. Elementos maleables que después de su manipulación se enfrentan a un reposo que conecta directamente con lo inanimado y lo vacío; se apoderan de lo hueco, de la depresión.

 



La concavidad peculiar de la escultura que produce Cartú discurre entonces en torno a lo que es contenedor, a lo que guarda. Por eso, no es de extrañar que sus corazones de cerámica sean el signo distintivo de su trabajo: son un espacio que custodia el ir y venir de la profundidad. En ese sentido, aquello que ha quedado fuera de su elaboración es lo viviente. Esa oquedad resulta de lo perdido.

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Lo enigmático en las creaciones de este artista plástico que obedece a una estética pulcra, casi líquida y brillante, buscadora de la perfección, es entonces eso: la sensación de proteger lo orgánico, lo pulsante. En una vibración casi imperceptible sobre las texturas de su escultura, la búsqueda del espectador por la vida se da de manera inmediata.


La frialdad en estos cuerpos que mezclan su naturaleza animal con el acto humano es la muestra culmen de lo aquí expuesto, de lo elaborado por Alonso. Esa muerte que se abalanza hacia nuestros ojos no es mas que el deseo por la fertilidad en un inhabitado útero de pensamientos y bordes orientales.

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En tal fallecimiento supuesto, con alguno que otro referente al descanso eterno, la escultura de Cartú no permite partir de esta tierra, de este ciclo en el que todo lo que ya no es, fue y será. Nunca perderá movimiento en una belleza transformable.


La consistencia del objeto en Alonso Cartú, finalmente, pierde sus propiedades –o por lo menos les deja de lado– para hacer que no olvidemos aquello que muta, eso que busca a la continuidad mediante los opuestos y sus figuras contrarias. Para que no perdamos esperanza o miras en el tránsito de la vida a la muerte y viceversa.



Cartú forma parte de la selección de Creativos 2016 de Cultura Colectiva, conoce más de su obra en:

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Etiquetas:escultura
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