Es difícil imaginar lo que se vivió esa noche del año 79 d. C., cuando los habitantes de Pompeya y Herculano se enfrentaron con el infierno en la Tierra.
El monte Vesubio, el monstruo dormido, resurgió con brutal furia y lanzó roca ardiente y ceniza hasta 20 kilómetros más allá de sus faldas.
Todos conocemos lo que sucedió después: la historia de un pueblo destruido, la tragedia y las muertes. Cientos de vidas quedaron sepultadas bajo un manto de piedra derretida.
Foto de la excavación en Pompeya en 2013. (Foto: ABC)
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Algunos lograron escapar, otros fallecieron instantáneamente. Sus restos quedaron fosilizados para la posteridad, lo que ha permito que un más de mil 500 años después, un grupo de científicos italianos pudieran analizar lo que quedó de un centenar de personas que determinaron, por primera vez, cómo fueron sus últimos momentos.
¿Qué descubrieron los científicos?
En una investigación publicada en la revista PLOS One, los expertos revelaron que la avalancha de flujos piroclásticos (una nube de cenizas y gases venenosos ardientes) que cubrió a los habitantes hizo que les hirviera la sangre y sus cráneos explotaran.
De acuerdo con el estudio, lo que se observó en los huesos sugiere “un patrón generalizado de hemorragia inducida por el calor, aumento de la presión intracraneal y estallido del cráneo”.
Los cráneos de los habitantes estallaron por el calor. (Foro: PLOS One)
¿Cómo le hicieron para saber eso?
El equipo de arqueólogos de la Universidad Federico II de Nápoles descubrieron un detalle que no habían visto otros en investigaciones pasadas: un polvo negro y rojo que impregnaba los huesos de las personas que murieron en Pompeya.
¿Qué era eso? A través de una espectroscopía de plasma se reveló que los residuos estaban compuestos, sobre todo, de óxido de hierro. Pero, ¿cómo podía ser si los restos humanos no habían estado en contacto con objetos metálicos?
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Esto llevó a determinar que se trataba de la “degradación térmica d ella hemorpoteína de las víctimas”, es decir, en términos más crudos, su sangre.
Lo que quiere decir que el estudio sugiere que la muerte de las personas se debió a la rápida vaporización de los fluidos corporales y tejidos blandos debido a la exposición a calor extremo.
Un hallazgo extraordinario se vincula a cráneos llenos de ceniza, lo que indica que después de la evaporación de los líquidos orgánicos, el cerebro fue reemplazado por ceniza. La presencia de una ceniza de este tipo en todas las víctimas, incluso las que muestras efectos de un calor menor, proporciona evidencia de que la oleada fue lo suficientemente caliente y fluida para penetrar en la cavidad intracraneal poco después de que desaparecieran los tejidos blandos y los fluidos orgánicos.
Los habitantes en Herculano quedaron cubiertos por las nubes piroclásticas. (Foto: PLOS One)
La reconstrucción de los últimos instantes
Según Pierpaolo Petrone, investigador principal del estudio, la muerte en Pompeya fue menos dolorosa de lo que fue en Herculano, pues en Pompeya, ubicada a unos 10 kilómetros del volcán, la temperatura pudo matar a personas al instante, pero no fue suficientemente alta como para vaporizar la carne de sus cuerpos.
De acuerdo al estudio, las primeras muertes después de la erupción ocurrieron en Pompeya como resultado del colapso de techos y pisos por la presencia de piedra y cenizas.
Sin embargo, mientras fue avanzado, los habitantes de Pompeya y Herculano no pudieron evacuar a tiempo, por lo que fueron enterrados por las nubes piroclásticas.
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