Siempre fui el niño ignorado, al que todos le decían “ya cállate”. Fui el estudiante modelo para que me nombraran en la ceremonia de los lunes, al final de cada bimestre. Pensaba que así, alguien podría recordarme.En mis tiempos, el estar en el periódico mural con una foto tamaño infantil no era suficiente para que mis compañeros recordaran mi rostro y ni qué decir de mi nombre. Está claro que en el recreo no compartía el sandwich con nadie, es más, nadie se molestaba en robarme la lonchera. Cómo hubiera deseado que cuando estaba en la secundaria hubiera existido Facebook o Instagram para así hacer de mi imagen algo digno de envidia.Cómo hubiera deseado haber vivido la masificación de la imagen y que me pagaran por cada foto mostrando mi vida privada. Sería una estrella de Hollywood. Aunque ni ellos tienen la atención perpetua asegurada.Solemos creer que la fama lo es todo. Como las visitas que te encuentran en pijama, ese pequeño detalle se mete en la vida sin esperarlo y creemos que es el punto máximo de éxito.El cine y la fotografía, nos han seducido de tal manera porque, además de tener la capacidad de contar historias sin decir una sola palabra, han capturado momentos claves en la historia de la cultura pop. Momentos que no hubieran sido posibles sin los actores que les dieron vida. En ocasiones, ellos fueron los que construyeron el momento y le dieron identidad al personaje dejando su vida en él, literalmente.Por ejemplo, algunos se arrojaron a los brazos de la tramposa fama, para encontrar la felicidad en la fortuna pero acabaron su capítulo en tragedia. Así como te ponen un apodo y eres “el chino” o “la güera” por toda tu existencia, Béla Lugosi siempre será el Drácula original. El nombre de Superman no era Clark Kent sino George Reeves y el del profesor Dumbledore, tenía como nombre de pila Richard Harris.
George Reeves
Será el Superman definitivo en la memoria del mundo entero. George comenzó a dar sus primeros pasos en la actuación mientras estudiaba la secundaria pero su carrera formalmente comenzó cuando fue admitido en el Pasadena Playhouse, un teatro de larga trayectoria donde alcanzó papeles prominentes y sus primeras oportunidades de protagonista. Su carrera cinematográfica comenzó con muy buen pie en 1939, cuando apareció como Stuart Tarleton, uno de los pretendientes de Vivien Leigh en “Lo que el viento se llevó”, uno de los filmes más exitosos de todos los tiempos.Aunque fue un papel menor, de inmediato fue contratado por la Warner Bros cambiando su nombre profesional a George Reeves. A pesar del prometedor inicio en “Lo que el viento se llevó” tuvo poca suerte en Warner y durante años se mantuvo con papeles en películas tipo serie B en las que compartió momentos con hoy afamados actores como Ronald Reagan. “Torrid Zone”, “The Fighting 69th”, y “The Strawberry Blonde” fueron algunas de las películas que estelarizó en esa época.Posteriormente protagonizó “Lydia” que a pesar de ser un proyecto ambicioso fue un fracaso de taquilla. Después de Warner pasó a la Twentieth Century Fox donde participó en varias películas de poco presupuesto. Apareció en este período en cinco westerns y en cintas como “So Proudly We Hail!”, junto a Claudette Colbert, que fue un éxito tanto en taquilla como para la crítica, ganando así el reconocimiento por el papel y obteniendo una considerable difusión.Después de haber formado parte de las tropas de aviación hacia finales de la Segunda Guerra Mundial, Reeves participaba en obras organizadas por la milicia que lo llevaron a Broadway. Aunque en 1951 su vida cambiaría al aceptar la oferta para interpretar a Superman en una serie de televisión.Así interpretó a Superman y a Clark Kent en la televisión durante los años 50. Apareció en cuatro temporadas de 26 episodios cada una; las dos primeras en blanco y negro y las dos segundas en color. Dicho personaje lo encasilló como el superhéroe a tal punto que, su aparición en el cine tiempo después ya de nada le valdría.La frustración de no triunfar en ningún otro papel lo llevó a una profunda depresión que lo orilló al suicidio. El 16 de junio de 1959 se pegó un tiro en su casa y las teorías sobre si fue asesinato o accidente no se hicieron esperar.En el 2006 Ben Affleck protagonizó una película sobre la vida y muerte del actor que gozó de la fama efímera llamada “Hollywoodland” en la que hay tres versiones sobre su muerte: Un semi-accidente, asesinato por un sicario y su suicidio.
Béla Lugosi
De orígen húngaro, estudió interpretación en la Academia de teatro de Budapest. A los 19 años, con el nombre de Arisztid Olt, se convirtió en una estrella de la escena teatral húngara, y en 1915 debutó en el cine.Sin dominar el inglés, Bela consiguió debutar en Hollywood con la película “El Mudo Mandato” en 1923 y tras un período de inestabilidad consiguió el papel de Drácula en la obra teatral que se representaría en Broadway. Con el éxito obtenido, Bela se hizo notar como actor.Su gran oportunidad llegó cuando Lon Chaney, no pudo interpretar por motivos de salud al conde Drácula en el filme que estaba preparando la Universal. Tod Browning, su director, recomendó a Lugosi y fue entonces que se convirtió en una estrella mundial. Poco después rechazó participar en Frankenstein.
Durante toda la década de los treinta y la primera mitad de los años cuarenta, Lugosi no paró de trabajar en multitud de películas de fantasía, intriga, ciencia ficción y terror como “El Doble Asesinato de la Calle Morgue”, “La Legión de los Hombres Sin Alma”, “La Isla de las Almas Perdidas”, “Satanás”, “La Marca del Vampiro”, “El Cuervo”, “La Sombra de Frankenstein” y “Asesinato por Televisión” de Clifford Staniforth. Pero los años cuarenta le significaron un declive.La vida de Béla se inestabilizó cuando asumió la personalidad de vampiro que le había hecho famoso y se convirtió en un adicto a las drogas. Olvidado por los grandes estudios cinematográficos, Lugosi pudo regresar a la actuación gracias al requerimiento del director Edward D. Wood Jr. con el que trabajó en algunos filmes más.A los 73 años murió de un ataque al corazón en Los Ángeles, California. Un 16 de agosto de 1956 fue vestido por última vez como el personaje que le dio gloria.
Richard Harris
Actor, cantante y guionista irlandés que en su vejez interpretó al profesor Albus Dumbledore en la saga de Harry Potter. Contemporáneo de Richard Burton, playboy y bebedor, Richard Harris hizo su debut frente a cámaras a los 28 años.Estudió en la Academia de Música y Artes Dramáticos de Londres. Luego se unió a la compañía Theatre Workshop, vanguardia del teatro realista y experimental británico. Su papel como un minero violento en “This Sporting Life”, su primer protagónico, obtuvo las mejores críticas y lo convirtió en una figura de primer orden en Londres y Nueva York. El haber actuado en esta cinta también le valió el premio al mejor actor en el festival de Cannes de 1963.Así la década de los sesenta comenzaría para el actor de una manera excepcional. La fama de Harris no pararía de crecer y cada película que realizaba era más taquillera que la anterior. En los setenta, protagonizaría “Man in the Wilderness”, “Orca” y “Robin and Marian”. A partir de allí, Harris entró en una categoría de actor de culto y se dedicó a su faceta como cantante e, incluso, escribió un aclamado libro de poemas llamado I, In The Membership Of My Days.Fue durante los ochenta que la carrera de Harris entró en declive y sería hasta 1990 cuando volvería con un papel en “The Field”, por el cual obtendría una nominación a los Globo de Oro y a los Óscar en la categoría de actor principal.En los últimos años de vida, volvió a la gloria participando en “Unforgiven” y “Gladiador” pero pronto sería relacionado para siempre con el papel de Albus Dumbledore dejando atrás la gloria de “A Man Called Horse”.Harris murió en 2002 por la enfermedad de Hodgkin a la edad de 72 años. Todos ellos quizá no corrieron con la misma “suerte” que yo, pues tuvieron la oportunidad de usar su imagen como mercancía y transacción invisible. Yo tuve que salir al mundo y hacerme un espacio, acomodarme, aprender a usar el sentido de pertenencia y lograr caerle bien a uno que otro. Y no, eso no me exenta del olvido. La única coincidencia es que yo también moriré solo pero con la diferencia que a mí, nadie me recordará siquiera por darle rostro a un personaje emblemático.

