"A Page of Madness", la primera película surreal de Japón que la historia casi olvida por completo

Miércoles, 14 de marzo de 2018 16:12

|John Sanchez
a page of madness

"A Page of Madness" es la ópera prima de Teinosuke Kinugasa, quien empezó en el mundo del cine interpretando a personajes femeninos

En los primeros capítulos de la historia de la cinematografía mundial son frecuentes las pérdidas. El tiempo implacable y los a veces desatinados e incomprensibles descuidos humanos han propiciado casos realmente lamentables, en los que piedras angulares de una tradición fílmica, por llamarlo de alguna manera, simple y llanamente desaparecen. El documental These Amazing Shadows (2011), dirigido por Paul Mariano y Kurt Norton, aborda, más allá de la labor del Registro Nacional de Cine (la institución estadounidense encargada de atesorar y resguardar material cinematográfico de relevancia para la cultura americana), la importancia histórica y artística de ciertas películas, que con el paso del tiempo ganan un sitial privilegiado. En Japón, la historia de A Page of Madness, cuyo nombre original en japonés es Kuretta Ippei, es, en ese sentido, un auténtico alivio y una especie de afortunado milagro para el arte y la filmografía mundial.



Antes de los años 20, los elencos de las películas hechas en Japón estaban prácticamente dominados por actores masculinos. Teinosuke Kinugasa, director de A Page of Madness, se desempeñaba como onnagata (actor que da vida a personajes femeninos). Cuando a partir de 1920 los estudios nipones comenzaron a usar actrices en sus producciones, Kinugasa decidió dedicarse a la dirección. Trabajó para algunos productores de renombre en la nación del sol naciente, hasta que tomó el camino de la independencia y volcó toda su energía creativa en un obra pionera y de gran importancia, uno de sus filmes más aclamados y que le daría cierto renombre.


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La trama de A Page of Madness, cortesía del escritor Yasunari Kawabata, es de por sí bastante singular: un marinero retirado que trabaja en un asilo para locos a fin de cuidar a su esposa, quien intentó matar a su hijo. Sin embargo, su mérito estético, visual y cinematográfico es lo que la convierte en una joya del séptimo arte. Imágenes que yuxtaponen para forjar una secuencia alucinante, juegos de sombras y planos de profundidad denotan una fuerte influencia de clásicos del cine mudo y pioneros en este tipo de cine con tintes expresionistas, como El gabinete del Dr. Caligari, una de las imperdibles del cine mudo que puedes ver en YouTube.


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Otro gran valor de la cinta de Kinugasa es que, con su particular estilo avant-garde, logró derribar algunas barreras en el circuito cultural y en los sectores sociales de Japón. Se proyectó principalmente en salas de Tokio dedicadas a mostrar selectas producciones extranjeras, lo que le daba un estatus como producto de alta factura y de genuino valor artístico, al diferenciarse de las típicas películas que se exhibían en cualquier cine japonés, casi siempre adaptaciones de obras del teatro kabuki e historias semiépicas de samuráis.

Los años pasaron y la fama de Kinugasa se disipó durante al menos tres décadas, ante los embates de los movimientos sociales, la Segunda Guerra Mundial y los estragos de la modernidad. Entre todo ese caos, el filme se había dado por perdido. En 1953 Kinugasa ganó una Palma de Oro por Jigokumon, un drama histórico y de romance sobre guerreros del sable en el Japón feudal. Kawabata ganó el Premio Nobel de Literatura en 1968. Sin embargo, la más fácil casualidad les depararía una sorpresa grata. En 1971, mientras revisaba su depósito, Kinugasa encontró un ejemplar de la cinta. Ironía aparte, el favor del tiempo permitió conservar esta piedra angular del cine.

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REFERENCIAS:
John Sanchez

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