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"Alias Grace", la serie de Netflix que debes ver para entender por qué nadie le cree a las mujeres

13 de noviembre de 2017

Aglaia Berlutti

"Alias Grace" llega a la plataforma de Netflix, precedida por el éxito de la serie "The Handmaid´s Tale" de HULU.



La palabra suele ser reflejo de los temores y obsesiones de quien la escribe, o esa parece ser la premisa con la que se explica la inmediata identificación entre la obra como un todo y la comprensión de la realidad a través de la escritura. Cuando la novela
Alias Grace
se publicó en 1996, el escándalo Weinstein estaba a casi dos décadas de distancia. Nadie podía imaginar que de pronto la superestructura que sostiene el poder en Hollywood se sacudiría en medio de un escándalo sexual de proporciones colosales; mucho menos que un magnate omnipotente debería enfrentarse a las acusaciones de mujeres anónimas y que su poder se vería amenazado. Aún así, su escritora: Margaret Atwood, ya parecía prever el conflicto en puertas con una historia en la que medita sobre las relaciones de poder entre hombres y mujeres.

 

Esta introspectiva no la hace desde el desequilibrio cultural y económico que tradicionalmente beneficia al género masculino , sino que sitúa el conflicto desde la credibilidad.
Alias Grace
analiza no sólo la percepción sobre la confiabilidad y la concepción de la integridad de la mujer — o la manera distorsionada en la que se perciben —, sino que debate sobre sobre el peso del testimonio de una mujer frente a una sociedad concentrada en beneficiar el punto de vista masculino. Resulta sorprendente que la escritora canadiense analice un conflicto actual a la distancia de casi 20 años y responda a una interrogante evidente: ¿hasta qué punto el hecho de atacar la credibilidad de la víctima de un crimen sólo por ser mujer, sostiene y apuntala la posibilidad del delito? ¿Es el testimonio de una mujer siempre “un poco sospechoso” por el peso de la peligrosa creencia de que su carácter es emocional y tendencioso? Para Atwood, la noción sobre la credibilidad varía y se sitúa entre la comprensión del contexto que rodea a la personalidad de la mujer y, sobre todo, la percepción de su visión sobre las implicaciones históricas que rodean a su figura.

 




Por supuesto,
Alias Grace
llega a las pantallas de Netflix precedida por el éxito de la serie
The Handmaid´s Tale
de HULU; con la cual mantiene algunos paralelismos, pero no los suficientes como para que se le considere una versión realista y metahistórica sobre la novela distópica más conocida de Atwood. Aún así, ambas historias analizan a la mujer desde la perspectiva del prejuicio, y lo hacen al crear una estructura de valores sobre la identidad y la individualidad en medio de colectivos fanatizados, prejuiciados y, en el mejor de los casos, conceptualizados a través de una evidente simbología sobre la presión y la opresión del pensamiento femenino. No obstante,
Alias Grace
—la serie de seis episodios estrenados entre septiembre y octubre— se diferencia por completo de
The Handmaid’s Tale
en su reflexión sobre los temores. Mientras la serie de HULU tenía una puesta en escena dura, austera, extraordinaria, engañosamente delicada — un universo femenino sometido a un sustrato de violencia de inabarcables consecuencias —;
Alias Grace
es visualmente opulenta y excede la ambientación victoriana en directo detrimento a su realismo. Hay una cierta atmósfera onírica que resulta desconcertante y en algunos puntos incómoda. Con todo, la serie se esfuerza por crear una comprensión sobre los elementos que sustentan la trama y lo logra con pulso firme.

 

En
Alias Grace
la paranoia no proviene de un ente gubernamental invisible, sino del ciudadano común, el dedo que señala y acusa, el terror que se manifiesta en pequeños trozos de información no demasiado claros que terminan por construir una cuidadosa construcción narrativa. En la serie, el miedo se anuncia como una percepción de la identidad de la mujer sometida y violentada por un sistema que la aplasta bajo su poder; y justo es ese punto de vista lo que emparenta la serie con el universo descrito en
The Handmaid´s Tale
. Entre ambas percepciones del terror, Atwood logra crear una supraconciencia de la mujer maltratada, herida y aplastada por una autoridad demoledora y que le despoja de todo elemento de su personalidad. A la novela
Alias Grace
—y también a la serie— se le ha descrito como “metaficción historiográfica”, en la que la autora combinó elementos reales de anales jurídicos en la historia de Estados Unidos con la ficción, todo para elaborar un cuidadoso manifiesto sobre la libertad personal y una alegoría sobre el dolor de la impotencia histórica.




 

La historia de Grace Marks —una criada condenada a prisión durante su adolescencia por el asesinato de su empleador y su amante— parece ser la metáfora de la opresión y la discusión moral de siglos de antigüedad sobre la mujer como elemento confuso y, sobre todo, objeto de discriminación frente a la ley y la moral. La historia, basada en hechos reales, es un relato devastador sobre la pobreza, la hambruna y la ignorancia de una época signada por la presión cultural hacia lo femenino; pero también es una muy lúcida disertación sobre la impotencia. Grace no sólo es acusada de la muerte de su patrón, sino que se convierte en símbolo involuntario de la pulsión ética de su tiempo. Progresivamente, Grace es abusada, violada, maltratada y despojada de todos sus derechos a través del peso de la ley; pero también por una cultura que la culpabiliza por transgredir la figura ideal de la mujer. Pero Grace no es otra cosa que una mujer sin poder, una mujer sometida a todo tipo de vejámenes y dolores en medio de una situación de absoluta crueldad. Grace no dispone de voz ni de voto para defender su honra o incluso demostrar su inocencia, es un objeto utilizado por el estamento del Estado y la ley que la acusa sin transiciones ni medias tintas.

 

Resulta inquietante que
Alias Grace
refleje, sin quererlo, el actual debate sobre el poder, la agresión sexual y moral que sacude a la sociedad norteamericana —un debate que, por cierto, elude la desigualdad estructural. No obstante, en
Alias Grace
hay algo más temible, doloroso y punzante: una concepción sobre el autoritarismo y el fenómeno del patriarcado que se contempla desde decenas de situaciones disímiles y desconcertantes con respecto a la figura de la mujer como sujeto legal y cultural. La Grace Marks de Atwood se convierte sin quererlo, en chivo expiatorio de un sistema que la destroza por el mero hecho de simbolizar un tipo de amoralidad sin nombre ni explicación coherente. Es entonces cuando el argumento alcanza su punto más duro y complejo, porque no sólo muestra a Grace como víctima, sino como posible producto de su entorno, de su dolor y de la rabia contenida.

 



En una ocasión, un periodista le preguntó a la escritora Margaret Atwood qué la hacía inscribir ese elemento misterioso y obsesivo que la impulsaba a contar historias. Con una de sus sonrisas misteriosas y duras, Atwood se tomó un tiempo antes de responder: “el miedo a lo que no podemos ver, a lo que se esconde en lo corriente, lo que tenemos a diario”. Toda una declaración de intenciones que resume no sólo su punto de vista sobre la escritura, sino sobre la creación misma. Margaret Atwood —decana de una generación de escritoras obsesionadas con su entorno, pero sobre todo con la condición humana— analiza desde la periferia ese conciencia de lo misterioso y lo terrorífico que se esconde bajo lo cotidiano. Porque más allá de su labor como escritora, Atwood es militante de ideas complejas basadas en un humanismo profundo. Todas sus obras analizan la libertad de expresión, el feminismo, los procesos de identidad regional e incluso la poesía desde un ángulo fresco y renovado. Atwood observa la realidad desde una sabiduría sin pretensiones eruditas; el resultado es una percepción sobre la identidad colectiva aguda, irónica, crítica y conmovedora.

 

No obstante, Atwood rechazó por un largo tiempo la etiqueta de “feminista”, aunque su primera novela —
The Edible Woman
, de 1965— era una reflexión tan profunda sobre la identidad femenina, que pareció adelantarse a la Segunda Ola del Feminismo. Pero para Atwood, el problema de la mujer va más allá de la comprensión ideológica y política. El éxito de sus novelas radica en su capacidad para analizar historias no contadas sobre la perspectiva femenina, desde una crudeza desconocida. La escritora encontró una manera de hablar sobre mujeres desde la perspectivas de las mujeres; pero a la vez mostró una comprensión histórica sobre la identidad que sustenta la idea de lo femenino. Toda una proeza que convierte a sus novelas en reflejos persistentes de la memoria colectiva. Atwood siempre parece encontrar la forma de contar un secreto más allá de la conciencia cultural y atinar con sus reflexiones los dolores que aplastan a la cultura.

 




Se trata, desde luego, de un acto de ficción radical cercano al manifesto. Pero Atwood no pierde tiempo satanizando, dramatizando o victimizando a sus personajes. Sus novelas son sobre hombres y mujeres oprimidos por igual en un sistema que desconoce su individualidad y los aplasta bajo la noción del poder absoluto. Ese sentimiento de alineación, de odio a lo diferente y de distinciones clasistas, parece reflejar con enorme precisión el pulso incómodo de Estados Unidos en plena segunda década del siglo XXI. Atwood tiene un evidente interés sobre el mito y también la connotación sobre la historia que se repite, por lo que sus novelas tienen un dejo de atemporalidad.

 

Nada es casual en una obra de Atwood y
Alias Grace
tiene mucho de esa identificación precisa y casi académica. Sus diálogos rápidos e inteligentes llegan a la pantalla de forma detallada y perspicaz. Además la serie hereda de su gemelo literario el poder de evocación para crear una sensación de inevitable desastre, es un teorema intelectual que convierte a la serie en una reflexión sobre quiénes somos según la cultura en que nacemos, pero sobre todo, las implicaciones temibles del poder y sus ramificaciones cuando se combina con la moral y la ética distorsionada bajo el prejuicio.





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TAGS: Feminismo Recomendaciones de Netflix Series en Netflix
REFERENCIAS:

Aglaia Berlutti


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