Razones por las que "Ant-Man and the Wasp" podría ser la mejor comedia del Universo Marvel

Martes, 10 de julio de 2018 18:04

|Aglaia Berlutti
ant man and the wasp

Después de la tragedia que fue Infinity War, "Ant-man and the Wasp" nos muestra un heroísmo más ligero y divertido.



En la actualidad, el cine de superhéroes se enfrenta al peligroso riesgo de perder el interés del público en el género, un fenómeno que se anuncia desde hace más de dos años y que continúa sin suceder. Luego del resonante éxito de Avengers: Infinity War (Hermanos Russo, 2018) y sus consecuencias sobre el Universo Cinematográfico Marvel, la gran preocupación a nivel general es cuánto pudo haber afectado la violenta e imprevisible conclusión de la más grande de las películas de la franquicia a las venideras historias. Pero Marvel parece tener todo perfectamente calculado y quizá por ese motivo Ant-Man and the Wasp (Peyton Reed, 2018) es el necesario tránsito de la acción trágica y grandilocuente de Infinity War a algo mucho más ligero y divertido. Es indudable que para Paul Feige, la tan anunciada y no del todo cumplida teoría sobre la fatiga que podría producir la saturación del género superheróico es una variable de considerable importancia. El tono y el ritmo desenfadado de Ant-Man and the Wasp lo demuestran y deja claro que Marvel tiene una perspicacia cuidadosa al momento de escoger la forma en que se desarrolla su universo. Además, triunfa en la manera de estructurarlo como un todo creativo enorme y de considerable inteligencia. Después de una aventura emocional devastadora como lo fue el filme de los hermanos Russo, la película de Peyton tiene algo de pequeño pero de enorme importancia: una audacia argumental sorprendente y una búsqueda sobre el sentido de sí misma que modula la percepción de lo monumental que fue Infinity War.



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Sin duda es un movimiento calculado. Gran parte de los personajes de la subfranquicia de Ant-Man se encuentran a considerable distancia del resto del Universo Marvel; y más allá de la aparatosa aparición de Scott Lang (Paul Rudd) en plena Guerra Civil entre superhéroes hace un par de años, la saga del superhéroe más pequeño del Universo Marvel se ha mantenido cuidadosamente alejada de la trama principal de los Avengers y el resto de los personajes de la franquicia. Una forma inteligente de utilizar a Ant-Man como bisagra necesaria entre las superproducciones de ruptura. A pesar de eso, la trama de Ant-Man and the Wasp conecta de inmediato con el resto de la saga para dejar claro que, a pesar de la distancia, Scott Lang continúa siendo parte de la gran familia del MCU en mayor o menor medida. De hecho, el gran conflicto de la secuela comienza justo con las consecuencias de Capitan America: Civil War (Hermano Russo, 2016) y ese único vínculo brinda a la película su peso como parte del Universo Marvel sin necesidad de recurrir al peso de películas de mayor envergadura en la franquicia. Dos años después de la ya famosa batalla en el Aeropuerto entre los bandos de superhéroes, Scott Lang se encuentra bajo arresto domiciliario luego de declararse culpable de haber participado —y por tanto, transgredido los acuerdos de Sokovia—; por lo que intenta sobrellevar lo mejor que puede el arresto domiciliario y la amenaza de 20 años de prisión que pesa sobre él si se atreve a entablar cualquier comunicación con el Dr. Hank Pym (Michael Douglas) o Hope Van Dyne (Evangeline Lilly). Por supuesto, la prohibición no es otra cosa que uno de los obstáculos que deberá atravesar Lang en una película trepidante, con un ritmo vertiginoso y cargada de una osadía argumental. Sin caer en el absurdo o en la autoparodia, Ant-Man and the Wasp hace reír, pero también mantiene una estructura lo suficientemente sólida para ser una buena película de acción. El resultado es una combinación extraña pero efectiva por el mero hecho de rehuir lugares comunes y crear una versión sobre lo heroico desenfadada y ligera.



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Pero además, Ant-Man and the Wasp es una comedia deliciosa. Peyton no desaprovecha la vena humorística de Paul Rudd y la pone al servicio de la escala rápida de una película pensada para sorprender, pero esencialmente para divertir. El filme no se toma en serio a sí mismo y atraviesa todas las versiones y posibilidades del Universo cuántico —que apenas se anunció en su predecesora— para crear algo más sólido e intrincado. Entre tanto, Hank Pym pasea por la ciudad con su laboratorio convertido en una especie de equipaje de mano, y Hope se transforma en la superheroína más sólida del Universo Marvel, con un despliegue de habilidad mental y física que asombra por sus alcances. Todo esto mientras un mercenario de la tecnología intenta vender la obra de Pym en el mercado negro y un enemigo, que maneja con asombrosa habilidad el Universo cuántico (Hannah John-Kamen), atraviesa la ciudad demostrando las peligrosas posibilidades de una versión de la realidad aún inexplorada.



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No obstante, Ant-Man and the Wasp lleva con cierta torpeza el peso de su predecesora, que sorprendió por su fluidez, frescura y despreocupación. De nuevo, el director prescinde de los detalles de trasfondo y parece más interesado en la camaradería entre sus personajes para crear una especie de pandilla bien intencionada, aunque un poco torpe. El resultado es el mismo tono y ritmo del filme original, con el añadido que la dinámica familiar del doctor Pym mejora en profundidad y se hace más convincente, con una extraña mezcla de añoranza, tensión y amor. De la relación amor/odio entre padre e hija que se explotó de forma medianamente interesante en la película anterior, ahora parecen coexistir en una especie de camaradería forzada, inquieta pero realista, que hace al argumento mucho más creíble, pero a la vez un tanto artificial en medio de los golpes de efecto y gags que pueblan la trama.


El guión tiene un quinteto de guionista —Paul Rudd, Chris McKenna, Erik Sommers, Andrew Barrer y Gabriel Ferrari—, pero mantiene cierta cohesión que demuestra que hay un evidente y bien medido trabajo de equipo. La historia juega con las versiones del espacio y el tiempo, crea una percepción singular sobre este superhéroe modesto y de pasado complicado que debe luchar por encontrar su lugar en un mundo superpoblado de heroísmo. Y no se trata sólo de una metáfora con la que el director Peyton Reed juega con buen pulso y un sentido del humor ligero, sino que la trama parece hilvanada para cuestionar la naturaleza del superheroísmo y la percepción del poder como un atributo de difícil concepción. Paul Rudd encuentra el punto y el sentido justo para mostrar la vulnerabilidad de Ant-Man, pero también para demostrar que Marvel tiene una percepción muy clara sobre sus productos en apariencia “menores”: la de crear líneas y vínculos sustanciales con el Universo más amplios y ambiciosos.



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Peyton Reed es un experto en comedia, y de hecho el peso considerable de su experiencia marca la película desde la primera escena. Hay muchas más conversaciones y chistes que escenas de acción —pero las que hay son lo suficientemente divertidas para hacer reír. Y siendo que la audiencia conoce la franquicia, no considera necesario revisar sus historias, a excepción de aclarar qué ha ocurrido durante los últimos dos años desde que vimos a la pandilla. El resultado es una película por momentos insustancial, que se percibe como una mezcla de pequeñas intersecciones entre los personajes y la química indudable que los une, lo que resta profundidad inmediata a la película. Claro está, la ligereza en la forma de delinear a los personajes podría explicarse por el hecho que Ant-Man depende por completo de su personalidad para hacerse creíble, siendo que carece de cualquier tipo de superpoder más allá de su traje y su inteligencia. Quizá por ese motivo Ant-Man continúa siendo el personaje más singular de Marvel —un Universo poblado de dioses, titanes, prodigios intelectuales y morales. En lugar de eso, Scott Lang es sólo un hombre amable, un tanto torpe y sagaz que hace lo mejor que puede en medio de circunstancias extraordinarias. Además, Reed encontró la forma de dirigir una película en la que las escenas de acción se conectan con una emoción de peculiar intensidad, lo que convierte a Paul Rudd en el centro de la mayoría de las peripecias intrascendentes de la película.


Por supuesto, Paul Rudd y Evangeline Lilly son el centro de la película. La química entre ambos desborda la pantalla y son sus momentos juntos lo que marcan el tono y el ritmo de los interminables gags y chistes que llenan el guión como un soplo de aire fresco. Aunque es Luis (Michael Peña) quien de nuevo se roba la película. En cada una de sus apariciones resulta evidente que el personaje es la piedra angular de la fórmula Ant-Man, y sobre todo uno de los secretos de su éxito. Con su tono liviano, humorístico y lo suficientemente emocionante para crear un conflicto meritorio sin entrar en lo dramático, Ant-man and the Wasp demuestra que siempre hay una nueva forma de comprender el heroísmo y, sobre todo, de hacerlo mucho más atractivo.





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Aglaia Berlutti

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