Apocalypse Now, las fronteras entre la realidad y la representación
Cine

Apocalypse Now, las fronteras entre la realidad y la representación

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Por: mediodigital

1 de diciembre, 2015

Cine Apocalypse Now, las fronteras entre la realidad y la representación
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1 de diciembre, 2015



Francis Ford Coppola, el director de Hollywood que ha aportado a la historia del cine películas como
El Padrino y  Drácula, debe su talento no solamente a su papel a la hora de dirigir filmes, sino a toda la parafernalia que conjuga el séptimo arte, es decir: él mismo se ha desempeñado como director, guionista y productor de sus obras más reconocidas. Sin lugar a dudas, fue un parte aguas en la industria del cine estadounidense durante la década de los 70, y esto lo ha hecho acreedor de seis premios Oscar y ser considerado uno de los más grandes directores de la segunda mitad del siglo XX.


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En ese sentido, cabe la aclaración que Coppola formó parte de un nuevo grupo de directores que culminaron con el movimiento cinematográfico desde el punto de vista artístico conocido como Hollywood Renaissance o Nuevo Hollywood, del que forman parte otras figuras destacadas como Arthur Penn, Martin Scorsese y Peter Bogdanovich. Éste se caracteriza por elementos del movimiento cultural y filosófico de principios de los años 70 conocido como Posmodernismo. En el Nuevo Hollywood, inscrito en la contracultura, se caracteriza a grandes rasgos bajo un nuevo radicalismo de temas moralmente inaceptables por la sociedad norte americana como la sexualidad y la violencia, al mismo tiempo que converge entre la subversión y el neoconservadurismo.

Katixa Aguirre examina el fenómeno del cine posmoderno a través de estrategias intertextuales características de toda estética de ruptura, en este caso, la parodia y la metaficción, “la primera tiene una naturaleza irónica y suele ser irreverente, y la segunda pone en evidencia las fronteras entre la realidad y las convenciones de toda la representación”.

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En esta trama social se viene a enmarcar Apocalypse Now, un género bélico que representa uno de los hechos históricos más documentados del acontecer contemporáneo, no solamente por sus repercusiones a nivel global (en el sentido de que era una batalla simbólica entre el capitalismo y el comunismo), sino por los bombardeos masivos y la crueldad de la guerra transmitida por primera vez con una libertad pocas veces repetida. El apocalipsis ahora hace referencia al completo desastre y humillación, desde mi punto de vista, que significó la mala logística militar del conflicto por parte del gobierno de Estados Unidos, representado en un sinfín de alegorías seniles y metáforas satíricas en la obra de Coppola, como cuando el personaje principal, el capitán Willard, protagonizado por Martin Sheen, hace referencia a los oficiales mayores al decir que “la guerra estaba dirigida por payasos que iban a terminar de perder el circo”, en alusión al escenario instalado en la oscuridad en medio de la selva para llevar a cabo un evento con las conejitas de Play Boy para los soldados con una banda de rock tocando Oh Susy Cute de los Creedence, en vivo, que termina en una batalla campal entre el mismo bando por la excitación que les provocó el espectáculo.


La película causó gran polémica precisamente por la fecha en que salió a la luz, 1979, es decir, a tan solo cuatro años de haber concluido la guerra, el director causaba revuelo por haber plasmado los estragos de una intervención sin sentido para el resto de la humanidad. Dicha controversia, vista como denuncia tal vez por los altos mandos conservadores del gobierno, le costó a Coppola el Oscar a la mejor película; sin embargo, la crítica europea del afamado Festival francés de Cannes, por otro lado, la consideró la mejor película del año, premiándola con la respetada Palma de Oro y reivindicando su valor artístico y social.

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En fin, el argumento gira entorno a la misión secreta que le es comisionado al capitán Willard,  éstal consiste en asesinar a un oficial con alto grado dentro del ejército (protagonizado por Marlon Brando), quien era considerado el futuro Jefe del Estado Mayor, uno de los oficiales más brillantes de las fuerzas armadas que tras haber enloquecido durante el transcurso de la guerra deserta al interior de la jungla hacía la frontera con Camboya, donde se han adherido a él tanto soldados estadounidenses como vietnamitas y camboyanos habitantes de colonia idílica en una zona arqueológica donde emprenden sus propias formas de organización y rituales un tanto bárbaras desde el punto de vista occidental; aquí, el oficial Kurtz es considerado por su séquito como un semidiós, “un poeta guerrero en el sentido clásico” que solía abstraerse con lecturas de magia y religión del antropólogo Sir James George Frazer.

La canción de this is the end, de the doors, transfiere la atmósfera de incertidumbre que caracteriza toda la secuencia inicial, interpretado por los efectos de la heroína que el personaje principal refleja en su agonía a tan sólo cinco minutos de haber comenzado la cinta, dicha canción se emplea de igual forma para el cierre.


Independientemente de ello, un trabajo aparte podría hacer gala de la banda sonora de la obra de Coppola que va acorde con el reflejo de la juventud rebelde de finales de los 70 que determinaron las organizaciones de paz de los jóvenes que se negaron a obedecer el servicio militar de un gobierno neo imperialista. Dicho agobio se nota constantemente a lo largo del filme por soldados inexpertos, quienes en su vida habían sostenido un arma y que a miles de kilómetros de su hogar en arranques de crisis nerviosas exclaman “what the fuck are we doing here” mientras suena satisfaction, de los Rolling Stones de fondo.

El éxtasis donde se conjugan todos los elementos, desde mi parecer, de la posmodernidad cinematográfica con las analogías sobre el desorden de la guerra ocurre a la mitad de la película en la escena que se ha vuelto mítica del bombardeo con napalm y que es protagonizado por el sociópata teniente coronel: Kilgore, el prototipo de oficial carismático adicto a la guerra que en medio de un frenesí neurótico sale de la trinchera quitándose la ropa entre las bombas y balas de ametralladora arrojadas por el vietcong para inculcar valor entre su ejército dejándose solamente su sombrero de la Guerra Civil de Estados Unidos.


Ninguna otra parte de la película se vuelve tan realista mágica como esa parte, La metaficción se hace reconocible cuando la música de fondo se vuelve parte de la realidad, representada cuando la caballería aérea. integrada por una docena de helicópteros Black Hawks al son de la Cabalgata de las Valquirias de  Richard Wagner, se disponen a arrasar un poblado indiscriminadamente entre civiles y guerreros vietnamitas, mostrando los más excesivos crímenes de guerra, al mismo tiempo que un par de soldados californianos son ordenados a introducirse al mar para surfear en medio de la batalla, al cuestionársele al capitán Kilgore sobre disparatada orden, éste sólo se limita a responder, “tú qué sabes sobre surf, eres solamente un chico de New Jersey”.



Referencias: