Black Mirror, la serie que todo el mundo debería ver

Black Mirror, la serie que todo el mundo debería ver

Por: Diego Pacheco Illescas -


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Hasta qué punto la sociedad puede modificar sus cánones de moralidad ante la tecnología? ¿Cómo se van construyendo identidades generacionales según el progreso electrónico? ¿Cómo se modifican nuestras perspectivas? ¿Cuál es el significado de naturaleza u orgánico? Todas estas preguntas parecen ser connaturales al dar un vistazo panorámico de la realidad. Podemos ver las nuevas pedagogias gestionándose en tabletas electrónicas. El nuevo entretenimiento parece ser exclusivo del wifi.

Black Mirror
La tecnología se expande de forma espacial y temporal, y hay quienes se encuentran asustados ante este cambio y hay quienes les parece una simple evolución: ni bueno, ni malo.

Eventualmente podemos ver escenarios que son claros ejemplos de que existe una línea del bien y el mal ante nuestro uso de la tecnología. No ante la tecnología misma, es el uso que le damos que lo convierte en bueno y en malo. La tecnología es accesible y por esto se puede hablar de ella en ámbitos sociales, pues ambas han evolucionado juntas.

  La tecnología siempre ha tenido su ámbito ético inculcado en su uso: imprenta, la pólvora, ondas electromagnéticas etc. todas se han presentado como armas de doble filo. No obstante, las sociedades se enfrentan hoy a un nuevo concepto de futuro; lo que solía ser una mera abstracción del pensamiento en el que sólo se encontraba productos imaginarios de los individuos, la cultura popular a través de novelas, novelas gráficas, películas y series nos han dado una visión del futuro que dejó de ser abstracto; Volver al futuro nos encontró con el futuro, pues los inventos futuristas ahora son una comparación; 1984 ya pasó y las predicciones de Mclughan también se convirtieron en comparación.

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El futuro es un ámbito comparativo. Tangente.

Todos estos usos de tecnología son una esfera luminosa que resalta en las ciudades de acero inoxidable. Hablar de nuestras perspectivas ante la tecnología no significa hablar de nuestro punto de vista ideológico sobre este avance. Las perspectivas que han cambiado, a lo mejor, son sensoriales: hemos visto distintos los colores a como solían ser, la luz a la que nos sometemos es más propensa a causar un cambio neurológico, la acústica debió cambiar a cuando los edificios no eran mas grandes de tres pisos, las puntas de los dedos no tocaban algo todo día. El concepto del Ser Humano está cambiando junto a la abrumadora esfera luminosa de las pantallas.

Todas las problemáticas que nos ha mostrado Black Mirror son en un ámbito futurista que, a la vez, no está lejos de esa realidad. Podemos llegar a esos escenarios con el pseudónimo de progreso y evolución y la sociedad dejará que pase porque es tentativa la promesa de la facilidad cotidiana a través del uso de estas tecnologías. El transporte, la salud, la comunicación, el deporte, todo ello se soluciona con el menor esfuerzo del trabajo humano, la misma gastronomía se ha solucionado con comida de microondas y dispensadores eléctricos. Trivialidades que hemos pasado por alto porque cumplen con su fin de facilitar la vida humana.

series de tecnologia

A diferencia de vastos programas televisivos o películas, Black Mirror toma temáticas que son reales y problemáticas, propensas a ser verosímiles. En siete capítulos han logrado un mejor sustento argumentativo, mostrando historias de individuos que se ven afectados ante problemas que no existirían si el abrumador uso tecnológico no fuera una constante en la vida actual.

En algunos capítulos nos enfrentamos a situaciones transhumanistas que no son precisamente futuristas, y en otros capítulos el futuro tecnológico no está retratado como un escenario de coches voladores, vestimenta estrafalaria. No retratan el futuro distópico que nos introdujo Orwell en 1984, nos retratan la distopía que hemos construido en la esfera social no en la esfera imaginativa de la literatura.

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El teléfono inteligente es la mayor problemática en el debate del trashumanismo. El aparato que todo el mundo carga en su bolsillo que es capaz de hacer todo y que comienza a sustituir capacidades humanas como la memoria, la paciencia, el sentido de ubicación, la atención. La sensación de la trivialidad y cotidianidad se tergiversa a un mapa en horarios virtuales que maneja una inteligencia artificial dentro de las computadoras y teléfonos inteligentes.

Las redes sociales se comunican a través de la no-presencia, la publicidad son ideales tergiversados a la banalidad, la muerte dejó de ser natural ante los procedimientos médicos.

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Si todas estas problemáticas son de un interés colectivo, entonces, no puedo recomendar lo suficiente Black Mirror, son guiones de excelencia y la producción británica nos promete excelente formato y fotografía en sus series. Además, minucias como la precisión en la representación actuada de las emociones lo manejan con la cautela necesaria para crear los escenarios de mayor verosimilitud y para el final, la cereza del paste, la conciencia humana ante estas posturas de uso tecnológico. Desde la reproducción de la conciencia a través de la ondas electromagnéticas que producen las cargas eléctricas de las neuronas, comunicándose hasta la imitación de la personalidad a través de la memoria de los teléfonos inteligentes, que son capaces de gestionar un algoritmo que lee tus actividades, lo que te gusta, tus publicaciones, memorias, familia, amigos, lugares, GPS. etc.

La noción de un humanos ha cambiado mucho desde los primeros usos tecnológicos, desde el promedio de vida, a la propiedad privada el ser humano está en cambio constante.



Black Mirror ya está en Netflix.

Referencias: