La película que demuestra que los amores de veranos son los más bellos y nunca se olvidan

Lunes, 12 de febrero de 2018 12:04

|Wilmer Ogaz

Quizá la historia de "Call Me By Your Name" no cuente nada nuevo, pero está llena de atención y belleza en los detalles.



Un verano dorado de 1983 ilumina el paso de los días en algún lugar al norte de Italia; los rojos albaricoques y el susurro del viento paseando entre sus hojas parecen entonar una sutil melodía que se acompaña por el trinar de los pájaros. Los días son esplendorosos para salir a pasear en bicicleta, devorar libros al borde de un estanque y descubrir caminos nuevos e inexplorados; demasiado tiempo libre resulta peligrosamente tentador para un adolescente en pleno despertar.


A los 17 años no se piensa, hacerlo sería desenmascarar el encanto de la juventud; esa que es curiosa, imprudente, arrebatada y sobre todo inocente. Y como tarde o temprano a todos nos alcanza el amor, a Elio —un sorpresivo y magnífico Timothée Chalamet—, un espigado joven, le llega con Oliver —Armie Hammer—, un estudiante americano que se instala en su habitación por seis semanas para trabajar al lado de su padre.


 



No hace falta explicar sus miradas y adivinar sus gestos: Oliver es el objeto del deseo de Elio. Aunque pensarlo siquiera suponga una utopía y una total contradicción en una época donde no se puede hablar de eso, pero se puede sentir.


 



La hipnótica belleza de Elio radica por mucho en su autenticidad: políglota, adicto a la lectura, toca el piano y escribe música. Lo anterior se contrapone a Oliver, un extranjero desconocido algunos años mayor. Un amor de verano, un romance tan corto como frugal con el súbito reproche de haber desperdiciado los días con sus noches en una burbuja de falsa arrogancia; uno pretendiendo esconder la mirada lasciva, y el otro menospreciándose para no sentir el castigo de la indiferencia.





Un tiempo sobrecargado de emociones, sentimientos, descubrimientos y sorpresas. Los padres de Elio conocen su secreto porque es sangre de su sangre; sin aspavientos, su padre —un contenido Michael Stuhlbarg—le ofrece una reflexión que bien vale todo el metraje; una declaración de amor, la más valiosa de las herencias hechas en vida que un padre puede hacer a un hijo, un bálsamo para el corazón roto de Elio, un sentimiento para recordar toda su vida.

 


 


Jamás dura una flor dos primaveras, pero siempre permanecerá el recuerdo de su infinita belleza en la memoria del corazón; ahí persiste muda, estática, resistiendo el embuste del tiempo, de las muchas estaciones que vendrán y se repetirán una y otra vez. Call Me By Your Name no es otra forma de amar, es la forma de amar. Esa que sólo sucede una vez, la que nunca vuelve, la que siempre recuerdas y añoras.





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Son muchos los detalles que componen a una gran película, pero cuando además refleja los sentimientos de toda una sociedad se convierte en una joya que puede llegar a influir en la manera de pensar y quizá revolucionar algunas ideas que antes no compartíamos; en este caso, comprender a una comunidad. Aquí te compartimos otras 12 películas para entender el orgullo LGBT; o si la literatura es tu hit, con estos libros podrás comprender los derechos de los homosexuales a través de la historia



Wilmer Ogaz

Wilmer Ogaz


Colaborador
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