La película que tienes que ver para perder el miedo a enamorarte de nuevo

Viernes, 17 de noviembre de 2017 20:13

|Alonso Martínez

Definitivamente "Call Me By Your Name" es uno de los mejores filmes románticos de los últimos años y, sin importar la preferencia que tengamos, nos hace creer de nuevo en el amor.



El verdadero amor llega antes de estar enamorado. Conocemos a una persona, nos aprendemos su nombre y comenzamos a hablar con ella, tratando de averiguar si hay algo dentro de sus mentes que pueda crear un vínculo con nosotros. Lentamente deseamos estar más cerca de esa persona, esperamos que las miradas incómodas se transformen en contemplaciones románticas, anhelamos tomar sus manos y que nunca se separen. Ese miedo juvenil, ese campo minado de incertidumbres es lo que nos hace caer en la trampa. Ese momento es aun más importante que la relación y el romance, ya que está lleno de inocencia. No existen más aspiraciones que la de aprovechar la pasión y tensión que existe entre ambos, y soñar que una vez que estén juntos, todo será posible.


Lo triste es que, aunque todos lo vivimos y tenemos ese momento de infinita alegría y esperanza, pocos nos damos cuenta de que ése es el periodo más importante que define el amor. Por ese motivo, es posible que no terminemos con el amor de nuestra vida. Está el riesgo de que la persona con la que de verdad tuvimos una sincronización exacta, llena de deseo, espera e inverosimilitud se vaya de nuestros brazos y decida tener su vida alejado de nosotros. Aunque amemos a alguien más, nada se comparará a ese momento... Call Me By Your Name es un relato que nos enseña eso y nos destruye lentamente al revelarnos que el amor que tanto deseamos bien pudo haber quedado en el pasado.



Considerado uno de los mejores filmes de este año, este trabajo del aclamado director Luca Guadagnino, encargado de I Am Love y A Bigger Splash, es un relato incomparable sobre el vínculo que define el amor entre dos personas. Inspirada en el libro del mismo nombre, escrito por André Aciman, narra la tensa relación que se desarrolla entre un joven llamado Elio y un académico mayor de nombre Oliver, es la tercera parte de la trilogía del Deseo y sirve como una satisfactoria conclusión que lleva a su máxima expresión a través de medios cinematográficos, el significado conciso del amor y su papel dentro de la perspectiva que tenemos del mundo que nos rodea.



La trama sigue la historia básica del libro. Elio es un chico introvertido de 17 años que vive con sus padres en Italia. Cada verano sus padres contratan a un estudiante como invitado para que le ayude al padre del joven a revisar sus trabajos y sus manuscritos. Elio mantiene una relación con una mujer que conoce, pero una vez que llega el nuevo académico de su padre, llamado Oliver, un hombre mayor, desinteresado y extrovertido, sus sentimientos dan un extraño giro.



El trabajo de Guadagnino es excepcional, no sólo por integrar honestamente una historia de romance tradicional, sino porque en las sutilezas de la fotografía, la música y las expresiones de los actores muestra ese sentimiento que mencionamos hace unos instantes. La relación amorosa de Elio y Oliver, a pesar de que parece no llegar a ningún lado, se hace más fuerte y relevante cuando miramos cómo la incertidumbre crece en ellos, y cómo los momentos en los que crean una conexión toman aun más fortaleza ya que no conocemos el futuro que les espera. Es el amor en su forma más propia.



Mirar el trabajo actoral de Armie Hammer y Timothée Chamalet pasa a un segundo plano y genuinamente parece que miramos un romance real en la pantalla. Nos perdemos en la música de Sufjan Stevens (quien creó todo el soundtrack de la cinta) acompañado de las imágenes de una Italia sencilla, romántica y abrumadora, y a través de esos elementos nos llegan aquellos sentimientos que pensamos que nunca volverían. Nos recuerda el verdadero enamoramiento y es imposible pensar que, aunque creímos lo contrario, de verdad podemos volver a amar.



Otro elemento que resalta entre toda la orquesta audiovisual dirigida por Guadagnino es, indudablemente, el guión, que logra integrar todos los puntos fuertes del libro para darle la base a la unión entre los dos amantes. Su contexto cultural, su herencia, su amor por el arte, sus diferencias –que terminan siendo los atractivos principales de cada uno– y, por supuesto, el enfrentamiento que tienen con su entorno al ser una relación masculina se convierten en los motivos y las herramientas que ambos tienen para generar un vínculo que, aunque parezca tener un fin, nunca desaparecerá. Decir que es una obra sobre romance homosexual sería una descripción extremadamente superficial, ya que este filme, más allá del género, es un retrato de ese amor en el que todos queremos creer y que, para nuestra fortuna, sí existe.


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El filme nos demuestra que, aunque creamos que amamos con pasión a nuestra pareja, ningún sentimiento se comparará con aquél que experimentaron antes de enamorarse por completo. A través de su danza sonora y visual recordamos lo que pensábamos y sentíamos cuando aún no se concretaba el amor. Esos momentos sutiles en los que las miradas, los silencios incómodos y las risas tímidas parecían pavimentar el camino hacia una unión permanente. Y una vez que recordamos eso veremos que, así estén juntos para siempre o no, ese amor era lo más puro que podía existir entre ambos.


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