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CINE

El ícono del cine mudo que fue condenado al olvido



Su rostro trasciende toda época, su mirada femenina fue en realidad una mezcla de toda ambigüedad sexual y su nombre brilló en las marquesinas del Hollywood silente. Pero su vida dentro del celuloide fue como un meteorito; fugaz, inadvertido e implacable.

Joan Geraldine Bennett nació el 14 de noviembre de 1906 en Cherryvale, Kansas. Su padre fue un prominente abogado y su madre una pianista que inculcó a sus tres hijos su pasión por el arte y los libros. A la edad de 9 años, la pequeña Joan fue abusada sexualmente por un trabajador de la familia, ese acontecimiento la marcó de por vida.





Su carrera comenzó como bailarina en la compañía de danza moderna Denishaw. Sin embargo, fue despedida por desacuerdos con el productor, lo que la llevó a probar suerte como corista en George White´s Scandals. Años más tarde, fue descubierta por Walter Wanger, quien la invitó a filmar con Paramount Pictures. En 1928, filmó “Beggars of Life”. Pero su gran paso por el cine fue en Europa, al rodar “La caja de pandora” (1929), un filme dirigido por el expresionista alemán George Wilhelm Pabs. La trama aborda la prostitución y el lesbianismo, lo que ocasionó la censura en varios países de Europa. Actualmente es considerada una de las mejores cintas de su tiempo. En 1929, filmó “Diary of a Lost Girl” y se posicionó como una celebridad en el viejo continente. Al volver a Hollywood, Paramount le ofreció un papel en una película sonora, pero la actriz lo rechazó debido al bajo salario que los estudios le ofrecían, el desdén enfureció a los directivos quienes la vetaron definitivamente.





Louise Brooks no sólo era una actriz prodigiosa, sino que fue una mujer liberal, con un gusto por la lectura y las discusiones de filosofía e historia, su intelecto se sentía como una amenaza para los hombres que la rodeaban en una época en la que la mujer no figuraba en lo académico. En 1925, Brooks conoció a Charles Chaplin; ambos se sintieron cautivados y rentaron la habitación del Hotel Ambassador por dos meses, tiempo que duró el romance.





La actriz era un torrente emocional y no fue sino hasta 1926, cuando contrajo nupcias con el director Edward Sutherland, de quien se divorció dos años más tarde. En 1933, se casó con el bailarín Deering Davis y juntos fundaron la compañía de danza Brooks & Davis, la cual sólo duró un mes pues la pareja disolvió su matrimonio.

Brooks desapareció paulatinamente de la estela fílmica, como estrella fugaz que brilla incandescente para desintegrarse en los cielos. La actriz regresó a Kansas, donde permaneció varios años en el olvido, sin los reflectores de los estudios cinematográficos. A los 33 años era una alcohólica que vivía con su madre con la que constantemente peleaba. En la década de los años 40 se mudó a Manhattan, donde participó esporádicamente en la radio y trabajó como vendedora en una tienda de almacenes. Su turbulenta vida estuvo llena de problemas con el alcohol, hasta que en la década de los 50 fue redescubierta por teóricos de la historia fílmica, quienes la buscaron para homenajear su corta pero fructífera carrera.





Años más tarde, publicó su exitoso libro titulado “Lulú en Hollywood”, el cual narra su historia dentro de la industria del cine mudo. Sin embargo, la salud de Brooks empeoraba, sus últimos días los pasó en reclusión y murió un 8 de agosto de 1985 a causa de un ataque al corazón.

La diosa del cine que causó furor al aparecer en la pantalla con su melena corta y sus ojos desafiantes y emotivos se convirtió en leyenda, en ídolo de un tiempo recóndito y lejano que regresa cuando el espectador la revive en cada uno de sus filmes.





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El cine es una de las artes más bellas que existen, así que si estás estudiando cinematografía, estas son las 67 películas que debes ver antes de terminar tu carrera. Si quieres saber más sobre la historia del cine, te recomendamos leer las 10 cosas que no sabías sobre Charles Chaplin, el genio del cine mudo.


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