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Teoría del espejo y las claves de la piscología para ver 'Mindhunter'

31 de octubre de 2017

Cultura Colectiva

Esta serie de Netflix te ubica del lado correcto de la historia, se ocupa de ti como espectador y te hace cómplice

Es necesario saber la localidad y el estado para marcarlo con un pin en el mapa. El nombre está escrito en letras blancas, grandes, que ocupan toda la pantalla. Es imposible no verlo. No te puedes perder y si te pierdes, allá tú. Por supuesto que es un riesgo, en especial si te estás moviendo mucho, pero tener a alguien que te recuerde constantemente dónde estás es un sosiego. Ese es el único sosiego que te regala Mindhunter: te ubica del lado correcto de la historia, se ocupa de ti como espectador y te hace cómplice. Recordándote que "estamos vivos porque estamos en movimiento" (Jorge Drexler dixit) te separa de aquellos que están condenados a no moverse.

He ahí la primera promesa cumplida de esta serie. Mindhunter te mueve, y te mueve mucho. Te inocula la necesidad de entender la mente de los criminales más peligrosos de Estados Unidos con el objetivo utópico de prevenir asesinatos brutales en el futuro, un futuro que es hoy y en en el que los asesinos seriales siguen ejerciendo.



La acción dramática recae en un joven agente especial del FBI que se llama Holden Ford (Jonathan Groff), quien maneja un Chevy Nova azul celeste del año 77, recién sacado del concesionario. Se trata de un personaje clásico de joven promesa que con talento y desenfado consigue oportunidades y levanta polémica en partes iguales dentro del bureau. Meticuloso hasta la obsesión, se involucra de una manera muy inquietante con su proyecto. Ford es quien se convence — y a la organización— de que para atrapar a los "locos" hay que saber cómo piensan.



La frase, así tal cual, de hecho es una línea del otro personaje principal: el enigmático Bill Tench (Holt McCallany). Aunque Ford y Tench son casi que arquetipos clásicos del género policial, en Mindhunter desdibujan las preestructuras. Los roles de liderazgo se cambian. La experiencia de uno da sosiego al ímpetu del otro, pero la intuición del otro suele superar el conocimiento del uno. Ambos se lanzan a la aventura de conocer y entrevistar presencialmente a varios de los más sanguinarios y despiadados asesinos de Norteamérica.



Teoría del espejo



Según la teoría del psicoanalista Jacques Lacan, lo que a las personas les gusta (o disgusta) de con quienes se relacionan es lo que reflejan en ellas. Es un poco espeluznante sorprender a Ford, con devota obsesión, descubrir patrones de meticulosidad, orden y planificación en el trabajo de asesinos aberrantes mientras él interrumpe una y otra vez las entrevistas para tomar nota de cada detalle.

Desvelar al culpable de ciertos asesinatos se convierte en el móvil obcecado de Ford. Al otro lado del espejo de la amenaza letal, el joven agente se convierte en un frío actor que objetiviza todas sus relaciones, tanto interpersonales como profesionales. Maquiavélicamente pone el fin por encima de los medios con prácticas poco ortodoxas a la hora de interrogar, así como utiliza su relación sentimental según a su conveniencia.

Quizá la relación más auténtica y comprometida que tenga sea con su compañero, Bill Tench, quien tampoco escapa de los espejos agobiantes. No contó nunca con el amor de un padre, lo que sensibiliza su sentido paternalista, pero no tiene idea de cómo ejercerlo, ni con su pequeño hijo ni con Ford. No es casualidad que ambos sean real o simbólicamente adoptados.





El estigma de mal padre persigue a Tench con un patrón que se dispara en un aparatoso accidente de auto o en la decisión de la mejor terapia para que su hijo vuelva a hablar, mientras lidia con las primeras conclusiones de la investigación: los niños no queridos por sus padres son los que más riesgo corren de convertirse en potenciales asesinos.

Los asesinos en

Mindhunter

están diseccionados psicológicamente con la misma precisión con que diseñaron sus fechorías. Se trata de personajes con un entramado de frustraciones y alcabalas transversales en común entre ellos y entre todos los seres humanos. En ese sentido, los demás no son tan distintos. Todo individuo tiene zonas oscuras: deseos, obsesiones, carencias y cosas que esconder. Quizá cada uno tenga un

stresser latente que pueda hacer olvidar su lugar en el mapa o, peor aún, que te confine al mismo. Que te condene a ver siempre las mismas letras blancas, gigantes, ocupando toda la pantalla, recordándote dónde estás. Una y otra vez el mismo lugar.



Escrito por Daniel Mariani Carnevale


***

¿Por qué detenerte ahora? No puedes perderte estas 10 series que puedes ver en un sólo día.

TAGS: Netflix Series de tv Asesinos seriales
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