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"Las oscuras primaveras": La película que nos muestra lo que somos capaces de sacrificar por sexo

Cine "Las oscuras primaveras": La película que nos muestra lo que somos capaces de sacrificar por sexo

Texto escrito por Sara Jiménez



El goce, por una parte, no es otra

cosa que el deseo, que es al mismo

tiempo, deseo muerto.

Jacques Alain Miller


Un oasis de horror en medio de

un desierto de aburrimiento.

Charles Baudelaire



El cuadro a medio plano deja ver a una mujer que desabrocha poco a poco su blusa atrayendo hacia sí a un hombre. Llevado entre primerísimos planos y plano americano, se muestra al hombre besándola y tocándola. Mientras ella está de pie, él a sus pies se pierde en su cuerpo dándole un placer que parece disfrutar hasta que atraída por la culpa se retira del cuadro. El hombre, aún excitado, se dirige a ella y pregunta: ¿Cómo te llamas?


La película Las oscuras primaveras, de Ernesto Contreras, circula entre la monotonía y la soledad de personajes atrapados en la rutina en una suerte de asfixia, dentro de un escenario urbano y marginado. Pina e Igor, viven atrapados en una rutina que no cuestionan hasta que se enfrentan a vivir amargamente el deseo al goce atravesado por la culpa e individualidad.


Autores como Jacques Lacan y Roland Barthes distinguen una oposición entre el placer y el goce, aunque éste último para referirse al texto, ambos coinciden en que el placer satisface y da euforia sin involucrar la ruptura, mientras que el goce ofrece una satisfacción que incomoda y transgrede, que ocurre cuando se siente presente una situación de peligro. El goce mantiene constante tensión entre quienes lo viven. Ante esto, se puede inferir que Pina e Igor buscan el goce entre ellos como una forma de salida repentina y momentánea de su vida rutinaria que gira alrededor, en ambos casos, de trabajos repetitivos que consisten en realizar una sola actividad, en sobrellevar la codependencia de sus compañeros y la costumbre que hay entre ellos; una esposa nerviosa y sumisa que se ocasiona accidentes para llamar la atención, en el caso de Igor y Lorenzo, el hijo de Pina, que es consciente de sus travesuras y actitudes que usa para manipular y enfadarla.


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El peligro y la seducción como tal comienzan a hacerse más fuertes, quizás, en su segundo encuentro. Ambos, en la cafetería de su trabajo, en una secuencia de plano contra plano cuyo enfoque por debajo de la mesa, radica en un intercambio de gestos, mantiene la provocación de ambos personajes tocándose para deleite y deseo del otro, sin dejar de lado la tensión en la que se encuentran, que consiste en ser observados y sorprendidos por otros. "El placer relativo o deleite, es un sentimiento doloroso y placentero que puede sentirse cuando aparece la representación de una idea de dolor o de peligro sin hallarnos en tal circunstancia" (1). En este caso, la idea formulada implícitamente por ellos reside en provocar su deseo al goce al mismo tiempo que lo generan al otro, sin dejar de lado nunca la culpa producida por serle fieles a sus acompañantes. Aquí hay que decir que no es lo mismo ser leal a ser fiel, ser fiel en este caso refiere más a la carne, mientras que la lealtad involucra sentimientos; Pina e Igor no dejan duda de ser leales a sus compañeros teniendo incluso que ser infieles para conservar esa lealtad resguardada bajo la monotonía.


Así, en un acuerdo implícito de miradas, ambos caminan hacia un lugar oscuro, que será escenario de su tercer encuentro erótico, la pregunta, ahora contestada aún es latente "¿Cómo te llamas?", acompañada luego de "¿Vamos al motel?", y aunque es en este encuentro en el que se logra decir más, el intercambio de palabras entre ellos no pasa de los que son considerados sus obstáculos para el goce, la esposa y el hijo. Obstáculos asfixiantes que no permiten la individualidad de Pina e Igor, quienes comparten un dolor y un vacío en sus vidas, pero que no resulta similar, pues cargados de gestos y silencio dan evidencia de no compartir entre ellos nada más que el deseo al goce.


Este deseo, frustrado una y otra vez en sus encuentros, por compartir la piel, da muestra de un goce imposible que a decir de Jacques-Alain Miller, es el goce real, aunque como él dice, la satisfacción que es verdadera fuera de lo simbolizado se halla en lo real, quizá, por ello, para el cuarto encuentro de la pareja, también en la clandestinidad, vuelve la pregunta "¿Vamos al motel?". Y aunque esta vez es respondida con un sí, la culpa de Pina, acaso por cumplir con el estereotipo de madre abnegada, acompañada del hijo asfixiante, le impiden acudir. Al segundo encuentro en el motel y el quinto entre la pareja, es Pina quien queda plantada debido a la culpa generada de Igor por dejar sola a su esposa. El goce, que para Lacan en su determinación negativa no sirve para nada y no es un signo de amor, se vuelve imposible e inaccesible otra vez, lo cual resulta en una especie de goce en su determinación positiva que según Lacan es opuesto al deseo.



La primavera para estos personajes ya no muestra entonces su lado amable y mitificado, sino esa cara agresiva y violenta en la que se busca la perpetuidad, ya no se trata de deseo ni de placer, sólo de goce. Un goce que se expresa en el sentir de la piel. "En este paradigma, en el que el goce está puesto de relieve como fuera de sistema sólo accede al goce por forzamiento, es decir, estructuralmente inaccesible, salvo por la transgresión" (2). Lo curioso es que durante la película los personajes no trasgreden de forma violenta su rutina para alcanzar su goce, sino que cargados por la culpa, quizá, deciden portarse de tal manera que no tengan que ser ellos quienes rompan con su rutina.


Pepa Medina, hablando de Burke, enuncia que para este autor lo sublime resulta como un sentimiento que va entre el placer y el dolor; sin embargo, se distingue de lo que son el dolor y el placer real. Lo sublime, según el autor, es todo aquello que funciona para excitar ideas de dolor y causar peligro, que además atrae y produce emociones más fuertes que el placer; el goce. Si se toman en cuenta estas referencias, puede entenderse que Las oscuras primaveras es una suerte de fotografía de lo sublime, dado que mediante sus personajes monótonos y rutinarios muestra el deseo por el goce que no se separa del dolor por romper con su rutina y lo que ésta les implica y significa en su vida, tales como el acompañamiento y convivencia sin pretensiones.


"El goce es una palabra para decir la experiencia de sentir una tensión intolerable, mezcla de ebriedad y extrañeza" (3). El goce, para los personajes, no es conocido sino hasta que se encuentran el uno con el otro, por ello, toda su tensión a lo largo de la película, que lejos de inferir su búsqueda por comprenderlo, los muestra renuentes a alcanzarlo, atormentados por las culpas y dudas que el goce desata entre la tensión de situaciones que, si bien no los llevan al límite, los confronta con sus compañeros y con ellos.


No puede dejarse de notar que salvo por Pina, quien tiene más libertad para expresar de manera decidida su enojo mediante gritos y regaños, los personajes no enuncian sus emociones, pues una vez más, la jaula que les representa la rutina en la que viven no les permite salirse del diálogo que ésta les marca. Flora —la esposa de Igor— y Lorenzo no se salen de la línea en la que denuncian implícitamente la actitud del otro para con ellos, mediante manipulaciones como la de Flora que se provoca pequeños accidentes, como Lorenzo que mediante una suerte de discurso del hijo de padres divorciados al que no le ponen atención culpa a Pina en su rol de madre.


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El contexto en el que viven, que se deja entrever a lo largo de la película, nos refiere a personajes que no están privilegiados económicamente y se ven forzados a trabajar en espacios encerrados que fungen como ratoneras. Igor, en una especie de sótano ambientado en la oscuridad y humedad, se dedica cada día a buscar y arreglar imperfectos; mientras que Pina, en un puesto quizá más limpio, reparte café una y otra vez alrededor de las oficinas, y aunque las luces muestran un ambiente más cálido y amigable, éstos no dejan de ser encerrados para ambos y funcionan como una jaula a la que son sometidos cada día con el único fin de producir. Pina e Igor son un medio más para generar la riqueza de otros que no necesariamente involucra la suya, sino que los mantiene con lo justo para volver al otro día a la ratonera.


Este trabajo que sólo los mantiene para vivir con lo justo es la causa que detona la búsqueda del goce entre los protagonistas. El goce que no sólo los desconcierta, postra en ellos una excitación exagerada que les incomoda y atormenta, porque va más allá de las representaciones que tienen de la satisfacción y las relaciones interpersonales. "Hay un goce en el nivel en que comienza a aparecer el dolor y se ubica más allá del principio del placer" (4). Este goce comienza para Pina e Igor desde el momento en que se encuentran por primera vez, que aunque no queda claro cómo llegó a suceder, los gestos y acciones infieren que previo al encuentro hubo un intercambio de miradas que iniciaron la seducción y el deseo al placer, pero que los condujo a la culpa y al goce.


En cuanto a sus relaciones interpersonales, resulta comprensible que, dada la incapacidad por Pina e Igor por transgredir y romper con su rutina, sean sus acompañantes quienes deciden dejar de ser obstáculos e irse. Flora, esposa de Igor, en un intento por dejar al marido ante la traición decide irse con todo y la copiadora que fue comprada con el dinero de sus ahorros, encontrando en su escape una muerte absurda y simbólica; lo mismo que la impulsó a irse fue lo que la mató. Mientras que Lorenzo, casi como un acto de venganza hacia su madre por tirarle los juguetes llama a escondidas al padre para que sea él quien lo aleje de Pina, en esta situación sí hay una despedida entre ambos, aunque se muestra sorpresivo el acto de Lorenzo, Pina acepta que es precisamente lo que necesita: ser alejada del niño.


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El trastorno de la cotidianidad, el deseo de alcanzar un goce que se les muestra como imposible dentro de su rutina monótona y aburrida, los mueve a cuestionarse sobre sí mismos y sus relaciones, atravesados por la culpa del querer alcanzar el goce; Pina e Igor son instrumentos uno del otro, funcionan no sólo para satisfacer el goce, también para salirse de la jaula que les representa su rutina y soledad acompañada. No es gratuito que sólo al dejar de tener sus respectivos obstáculos se produzca el último encuentro, el de la realización del acto del goce pleno y fuera de lo clandestino. Lo fugitivo queda fijado por fin y sin esfuerzo (5).


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(1). Medina, Pepa. Sobre el placer, el dolor y el goce. Artículo disponible en la liga de Internet: http://www.ub.edu/las_nubes/archivo/diez/articulos/pepa_diez.html Revisado por última vez el 1 de junio de 2017.

(2). Jacques-Alain Miller, Los seis paradigmas del goce. Texto disponible en Internet, en la liga: http://www.bibliopsi.org/docs/materias/electivas/ECFP/Clinica-de-la-urgencia-Sotelo/Los%20seis%20paradigmas%20del%20goce.pdf Revisado por última vez el 1 de junio de 2017.

(3). Medina, Pepa. Sobre el placer, el dolor y el goce. Artículo disponible en la liga de Internet: http://www.ub.edu/las_nubes/archivo/diez/articulos/pepa_diez.html Revisado por última vez el 1 de junio de 2017.

(4). Medina, Pepa. Sobre el placer, el dolor y el goce. Artículo disponible en la liga de Internet: http://www.ub.edu/las_nubes/archivo/diez/articulos/pepa_diez.html Revisado por última vez el 1 de junio de 2017.

(5). Aumont, Jacques, El ojo interminable. Cine y pintura. Paidos, España. 1997.