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El miedo y la añoranza que todos sentimos por los 80 es el resultado de IT

Por: Luis Fernando S27 de septiembre de 2017

El miedo es un sentimiento que creamos como un mecanismo de defensa para alertarnos, puede manifestarse en distintas formas, y de acuerdo a las malas experiencias, estos temores incrementarán o disminuirán. Pero cuando aparece un ser de otro mundo con la capacidad de transformase en un monstruo grotesco y terrible, al que es casi imposible derrotarlo, ¿cómo le ganas al miedo? ¿Cómo vences a la violencia incesante?

La idea de la existencia de un monstruo de otra dimensión que asesina a sangre fría a niños es más reconfortante que pensar en cómo un miembro de nuestra especie es capaz de tales atrocidades. Al menos, eso es uno de los puntos que toca la nueva adaptación de la novela de Stephen King, It, dirigida por Andrés Muschietti; protagonizada por Bill Skasgard, quien revitaliza la energía de Pennywise, el payaso bailarín; Jaeden Liebrher (St Vincent, The Confirmation) interpreta a Bill, el chico tartamudo y líder del Club de los Perdedores, quien busca venganza por el asesinato de su pequeño hermano Georgie.

La adaptación se ubica a finales de los 80 (a diferencia de la novela que sucede a finales de los 50), y nos muestra una aventura en el verano de 1989, incluso si nos fijamos en la cartelera del cine de Derry podemos ver los nombres de Batman y Nightmare on Elm Street 5. El uso de la estética de los 80 no es algo nuevo, el año pasado, con el estreno de Stranger Things tuvimos suficiente del revival del terror y ciencia ficción de aquella época.

Otra de las referencias es la música. Desde New Kids on the Block que suena en los audífonos de Ben; o mientras los niños limpian la sangre en el baño de Beberly suena la voz de Robert Smith; o cuando Los Perdedores se enfrentan a los bullys al ritmo de "Antisocial" de Anthrax; podemos ver un pequeño pero eficaz resumen de la música a finales de la década.

¿Entonces qué ofrece esta nueva adaptación de It? A diferencia de la miniserie para televisión en la que Tim Curry interpretaba a un Pennywise muy aterrador, conserva elementos más torvos de la obra original. Sin dejar tantos cabos sueltos, se puede ver reflejado el miedo en común de los siete niños: pasar de ser un niño a adolescente en medio de un contexto lleno de violencia, racismo, sexismo, y el miedo a no poder salir de un lugar donde no hay ningún futuro.

Derry representa aspectos negativos y discordantes con las políticas económicas de ese tiempo. ¿Cómo el pequeño pueblo puede competir con la globalización de ese momento? ¿Cómo esa comunidad semiurbanizada podría comprender los ritmos de vida de las grandes urbes?

Al ser un grupo de preadolescentes que se enfrentan a lo sobrenatural les es difícil; por un lado, empiezan a experimentar cambios en su sexualidad. Beberly (Sophia Lillis), la única chica del grupo, es estigmatizada por estar con niños y no con niñas; además, enfrenta sus cambios hormonales sin alguien que la pueda aconsejar, en cambio, tiene un padre muy withe trash que la acosa constantemente.

Por otro lado, Ben (Jeremy Ray Taylor), el niño con sobrepeso del grupo, experimenta un amor no correspondido, como son casi todos los amores infantiles. Comparte el gusto por los pioneros de las boybands, New Kids on the Block, y cree tener un vínculo más allá de la amistad con Beberly.

Algo que es más evidente a diferencia de la adaptación de los 90, es el uso del gore y la sangre falsa. Un poco más grotesco, casi cronenbergeano, parecido a esos monstruos sexualizados del Almuerzo desnudo; un ejemplo de esto lo encontramos cuando el monstruo se lleva a Beberly y el malvado payaso abre la boca, y muestra sus terribles colmillos que parecen una vagina dentada.

Tal vez uno de los miedos más interesantes es el de Stan (Wyatt Olef), un judío escéptico, quien se enfrenta a algo sobrenatural. Su miedo se relaciona a la duda de su conocimiento, algo elemental en el terror, es decir, la pugna entre lo lógico y fantástico.

Eddie Kaspbrack (Jack Dylan Grazer) es el niño hipocondriaco del grupo con una madre sobreprotectora que lo asusta con los peligros del mundo exterior. Él se preocupa del sida sin saber exactamente qué es y de un mundo que aún no experimenta; además, es medicado con placebos.

Henry Bowers (Nicholas Hamilton), es el otro antagonista, un bully de los 80 muy similar a Kiefer Sutherland en The Lost Boys. A pesar de ser quien aterroriza a los niños con amenazas violentas también es una víctima, pues es acosado constantemente por su padre que es policía.

IT, de Andrés Muschietti, es un buen intento de presentarnos una película de terror; sin embargo, cae en la nostalgia de los 80, de la cual estamos atiborrados entre secuelas, reboots, remakes, etc., pareciera que ver al pasado es más reconfortante. Culpar a un monstruo por los males del mundo es más sencillo que enfrentar la realidad y cambiarla. Mientras Pennywise despierta cada 27 años, parece que los monstruos republicanos de la Casa Blanca también lo hacen, por eso encontramos tanta fascinación en estos productos. Tal vez de manera inconsciente también queremos ver a esos monstruos ser destruidos.

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