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6 lecciones sobre el amor y la violencia que aprendimos de 'The End of the F***ing World'

9 de febrero de 2018

Alonso Martínez

'The End of the F***ing World' es posiblemente la mejor serie coming of age de la historia y nos da unas grandes lecciones para superar la adolescencia.



Por más que quieras pensar que eres un psicópata, que no tienes sentimientos y que nada tiene sentido, la vida siempre te demostrará lo contrario.


Cuando éramos adolescentes, todos queríamos matar a alguien, ser especiales, demostrar nuestro odio hacia la humanidad y mostrar que éramos más maduros que los adultos, pero la realidad tenía otros planes.



Así como James de The End of the F***ing World aprende que cargar con la consciencia de haber matado una persona no es tan sencillo como parece, nosotros lentamente entendemos que todo lo que pensamos durante los años previos a la madurez son ideas erróneas, que son una ilusión que nos impide ver la realidad y... al igual que James al final de la serie, quizá no queremos verla.


The End of the F***ing World es casi perfecta porque muestra una fantasía que revela cómo funciona crecer en la vida real. James se rehúsa a interactuar con otras personas y Alyssa sólo quiere escapar. Y aunque ellos aprenden a crecer a través de su odisea violenta y criminal, nosotros podemos hacerlo a través de ellos (aunque no tengamos una aventura tan interesante como la suya).


Estas son las lecciones que aprendimos de esa excelente serie:


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El amor aparece cuando menos lo esperas



Alyssa sólo buscaba un poco de diversión, James quería matar a alguien. Su relación comienza porque ninguno de los dos tiene con quién compartir su sufrimiento y pesar. Al inicio comparten cosas sólo para obtener lo que quieren: ella-atención, él-una víctima, pero eventualmente descubren que pueden hacerlo sin esperar nada a cambio. Es entonces cuando comienzan a unirse más y a descubrir que sólo se sentían cómodos cuando estaban juntos. Alyssa tarda en comprender por qué James asesinó al hombre que intentó violarla, pero cuando lo hace, descubre que no está sola y que quizás ese hombre al que usó para escapar posiblemente la haga feliz.


Es una lección de cómo, inesperadamente, conectamos con alguien y cómo eso puede cambiarnos la vida. Cuando somos jóvenes sólo pensamos en estar con alguien, pero cuando conocemos a esa persona y vemos todo lo que se puede compartir con ella, nos damos cuenta del tesoro que tenemos entre manos.


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Aunque creas que odias al mundo, éste te puede demostrar lo contrario



Tanto Alyssa como James odian al mundo. Sin embargo, al final de la serie, no sólo se aman el uno al otro, aprenden a comprender a otras personas y entender que no todo es tan malo. Los dos personajes tienen una visión oscura y distorsionada del mundo; han visto lo vacío de los estudiantes de secundaria, la indiferencia de sus padres y la estupidez del resto de las personas, pero cuando finalmente salen a la realidad y observan lo que tienen alrededor, comprenden que no todo es tan oscuro como parece, y aunque todo puede empeorar en cualquier momento, también puede mejorar.


En la adolescencia nos sentimos encerrados, limitados, angustiados; pero es porque tenemos una visión extremadamente cerrada de lo que realmente sucede en el mundo, y no es sino hasta que entramos en contacto con él, que vemos toda su belleza y el resto de su podredumbre.


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Las personas no son lo que parecen



Solemos idealizar a las personas. Alyssa pensaba que su padre era el mejor del mundo, y al final es él quien la traiciona llamando a la policía por su recompensa. Somos jóvenes; pensamos que alguien puede tener todas las respuestas porque parece cool e interesante, pero puede que no estemos viendo claramente y que no notemos el lado oscuro que oculta cada ser. Asimismo, existen muchas veces en las que realizamos fuertes prejuicios en contra de individuos que en realidad no son malos y sólo quieren ayudarnos, como es el caso de la Detective Eunice, quien sólo quiere proteger a los jóvenes.


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Los que parecen no interesarse por ti, a veces son los que te quieren más



Alyssa cree que su madre no se interesa por ella porque tiene a su nuevo esposo, sin embargo, al final aprende que está preocupada y que fue ella la que escribió las tarjetas de cumpleaños para Alyssa a nombre de su padre. Especialmente cuando somos pequeños pensamos que nuestros padres son villanos, guardias de prisión que sólo sirven para gritar y jodernos, pero no nos damos cuenta de lo que hacen por nosotros; los sacrificios y las pequeñas cosas que nos hicieron felices cuando éramos niños. Desgraciadamente, muchos lo aprendemos hasta que pasamos los 20 años, pero es una lección que todos, eventualmente, entendemos.


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La violencia no es sencilla



Como mencionamos al inicio, James creía que matar era sencillo. Él se creía psicópata e incluso soñaba con matar a Alyssa; sin embargo, una vez que le quitó la vida al violento hombre que casi la viola, el chico se da cuenta de que no importa si asesinas a alguien bueno o a la peor escoria de la Tierra, no es fácil procesarlo. Quitar una vida, actuar de forma violenta o grosera todo el tiempo no es sencillo, incluso si sólo son pensamientos.


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Todos quieren escapar



La madre de Alyssa quiere huir de la realidad del mundo, el padre de James del sufrimiento, Alyssa del mundo que la rodea y James de la estupidez y la alegría de todos. Y aunque los chicos creen que ellos son los únicos que quieren hacerlo, en realidad todos lo desean, sin embargo, todos tratan de contener su impulso y ser felices. Cuando somos chicos queremos liberarnos de todo lo que nos ata, y no es sino hasta que vemos que todos quieren hacer lo mismo que entendemos que es mejor encontrar la comodidad a seguir huyendo toda la vida. James decide seguir corriendo porque no quiere aceptar que es momento de detenerse, y quizás ese es su error más grande. Se rehúsa a crecer y a aceptar la vida después de la adolescencia.


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El término coming of age se refiere a las historias en las que los personajes llegan a una edad en la que maduran y comprenden más cosas del mundo. The End of the F***ing World es el claro ejemplo de ello y una de las mejores obras que se han hecho en honor al final de la adolescencia. Usa el amor y la violencia de formas irónicas para mostrar los múltiples cambios psicológicos que tenemos a esa edad y qué tan difícil es aceptar que no somos especiales y que el mundo no es tan horrible como lo pensábamos.


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REFERENCIAS:

Alonso Martínez


Editor de Cine

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