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La película que te mostrará la oscuridad que se vivió en la Segunda Guerra Mundial

28 de febrero de 2018

Irving Flores

"Darkest Hour" es uno de los contendientes más fuertes para la categoría de Mejor película en los premios a lo mejor del cine este año.



Cuando se piensa en fotografía en el cine nos viene a la mente el trabajo que realiza el equipo para garantizar el adecuado manejo de la luz para ambientar las secuencias cinematográficas, dar coherencia a la escena y a través de ella comunicar emociones. Si dejamos de lado lo técnico, hablamos entonces de los aspectos estéticos en determinados momentos de la cinta. Un juego de colores, un atardecer o el ambiente de un bar en el encuentro final de dos amantes; un paisaje que contrasta lo cálido con lo frío, que transmite lo extremo que puede ser el mundo y cómo cambia a las personas. El interior de un teatro, una ciudad ruidosa en matices y los sombríos pensamientos del protagonista han identificado, por ejemplo, a las últimas tres producciones ganadoras de premios en la categoría de mejor fotografía. Desde sus inicios, el arte de los maestros de la luz en el cine es uno de los pilares fundamentales para la producción del séptimo arte.

 

Darkest Hour, filme de Joe Wright, es uno de los contendientes más fuertes para la categoría de Mejor película en los premios a lo mejor del cine este año. La historia cuenta esos instantes críticos que vivió el infame Winston Churchill en el contexto de la Segunda Guerra Mundial y el avance de Adolf Hitler. Pese a que el personaje ha sido adaptado en varias oportunidades con anterioridad, es la actuación del multifacético —y también ignorado por la academia— Gary Oldman lo que ha llevado a esta película a un nuevo nivel. Sin duda, el papel de Oldman merece todos los aplausos posibles. El actor aparece totalmente irreconocible en la piel de quien fue el Primer Ministro del Reino Unido; y encarna los distintos conflictos que vivió aquel hombre en esos momentos decisivos durante el conflicto bélico.

 




No obstante, más allá de la puesta en escena de Oldman, existe otro elemento digno para destacar en el largometraje: el juego de las sombras. Desde el título, el director nos da un guiño sobre la propuesta visual. Son los instantes más oscuros de un país vistos a través de un hombre; por lo tanto, el personaje no se encuentra en una posición iluminada, sino que lucha con sus conflictos internos y los deseos de sus colegas. Las sombras lo acompañan no como temores, sino como consejeras fiables para afrontar la incertidumbre del futuro.

 

¿Qué sentido tendría nombrarla de esa forma si esa oscuridad no fuera parte de la película? Pudo llamarse simplemente Churchill y —con los arreglos de derechos de autor— se entendería el mensaje. Pero la película no destaca por mostrarnos paisajes hermosos y tonalidades bellas; al contrario, nos hunde en unas tinieblas mezcladas de complots políticos, desesperanza y deseos de rendición. Pese a ello, nos regala secuencias visuales trabajadas con tanto detalle que es imposible no disfrutarlas igual —o hasta más— que una puesta de sol saturada de calidez.

 




Como un primer ministro recién nombrado que camina a través de un largo pasillo con ventanales para encontrarse con el rey por primera vez. Su recorrido lo lleva a cruzar en varias ocasiones una la luz cegadora que se filtra por las ventajas a un intervalo de sombras. Al final, es el rey quien ostenta “la luz” mientras él se ubica en “la oscuridad”. De hecho, el director juega con los significados antagónicos entre ambos elementos. Aquellos que buscaban la paz mediante un acuerdo con Hitler ostentaban siempre el lado claro de la luz, mientras que el protagonista se mantiene en lo opuesto, a la vez que niega que esa sea la solución para su país. Sin embargo, debe dirigirse a ellos y tratar de convencerlos de luchar hasta el final. En esos momentos, es él quien debe salir y ponerse al descubierto mientras los otros se esconden al escucharlo.

 




Secretos y bromas en pasillos subterráneos, la transmisión de un mensaje a la nación a través del radio desde un cuarto sombrío y las voces susurrantes de quienes no confían durante las sesiones de crisis tienen ese mismo elemento común. Un efecto similar que logró Christopher Nolan con la banda sonora en Dunkerque y que trasciende de la misma historia narrada. Darkest Hours nos demuestra que la fotografía en el cine es más que saber pintar con colores, es también hacerlo con las sombras.





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TAGS: Oscar crítica cinematográfica cine
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Irving Flores


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