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El actor porno que hizo una secta y abusó de sus seguidores

21 de noviembre de 2017

Diego Cera

Muchos charlatanes se aprovechan de sus habilidades para atraer "creyentes" que les sirva cual si fueran esclavos. Michel Rostand es uno de los peores.



A partir de 1861 la región de Canudos en Brasil fue cuna de una de las «reencarnaciones de Cristo más extrañas de la historia». Llegando a la comunidad como un carismático vagabundo, un hombre llamado Antonio Conselheiro logró convencer a todos de que, al ser un enviado divino, todo el mundo debía unirse para luchar a su favor.


Entre abril y octubre de 1897, hartos de las reacciones violentas de los seguidores de este oscuro mesías, el ejército terminó con más de la mitad del pueblo con el fin de exterminar la amenaza que representaba el peculiar profeta.



Conselheiro es apenas un ejemplo de lo que un “mesías” puede llegar a hacer. No obstante, siguen apareciendo sectas alrededor del mundo cuyos fundadores no son más que personajes megalomaniacos que buscan el reconocimiento mundial al precio que sea. Uno de ellos comenzó como actor porno y se convirtió en otro de esos falsos profetas.



En el documental Holy Hell, de Will Allen (disponible en Netflix) se construye el perfil del que seguramente es uno de los guías espirituales más extraños de nuestro tiempo: Michel Rostand.


El director de la película relata cómo él, junto con un numeroso grupo de personas, decidieron seguir los pasos de este mesías rubio de voz dulce e incomparable carisma. A través de las tomas que Will realizó para su maestro es posible reconstruir el día a día de este grupo de personas que, bajo el nombre de “El jardín de Buda” se movían bajo el concepto de un grupo de sanación del alma y encuentro con el ser. Sin embargo, detrás de esa fachada brillante había una serie de abusos.


«Este hombre usaba lentes oscuros y pantalones cortos, no obstante, su voz y movimientos hacían que sus fieles se sintieran fuertemente inspirados con sólo escucharlo».



Según el mismo director del documental, a principios de 1985, después de que a sus 22 años su madre lo echara de la casa por ser homosexual, el cineasta encontró el apoyo que necesitaba en Michel, una especie de gurú que no lucía como cualquier guía convencional. En lugar de una larga barba y una túnica perfectamente blanca, este hombre usaba lentes oscuros y pantalones cortos, no obstante, su voz y movimientos hacían que sus fieles se sintieran fuertemente inspirados con sólo escucharlo. Y es que, si nos detenemos a escucharlo, podremos notar que entre su acento y discurso, pocas son las diferencias si lo comparamos con las enseñanzas de otros personajes como el Mahareshi Majesh Yogi, el gurú que durante años aconsejó a los miembros de The Beatles.



De hecho, al igual que el Yogi, Michel fue revelando poco a poco que no era precisamente el hombre virgen e iluminado que todo mundo creía. Corrían los rumores de que “en su otra vida”, antes de su supuesta iluminación, era actor y bailarín; los dotes de este último talento los demostraba de vez en cuando frente a sus alumnos, a quienes con el tiempo les dio clases e incluso formó una compañía de danza y teatro cuyas presentaciones ─con vestuario y maquillaje incluidos─ sólo se hacían una vez ante los miembros de la comunidad y jamás se volvían a interpretar.



«El amoroso guía que parecía llegado desde el mismo cielo, en realidad era un exactor de porno gay que gustaba de penetrar a sus adeptos ─siempre varones─ aun en contra de su voluntad, mientras que a las mujeres las convencía de no relacionarse con nadie, especialmente con los hombres del grupo».


Fue entonces cuando todo comenzó a volverse turbio: lo que parecía un enviado divino se convirtió, según sus propios seguidores, en un ser terrible. Comenzó a llevarlos hacia una devoción que no apuntaba directamente hacia el crecimiento y la sanación del alma, sino hacia una eterna y ciega adoración, tanto así que había una persona designada solamente a cargar para él una especie de trono en el que debía sentarse a cada lugar al que fuera. Michel contaba ahora con un equipo de masajistas, otro de cocineros y así ocurría con cada una de sus necesidades. Siempre había alguien que las cubría.


De pronto, ese infierno celestial que anuncia el título del documental cobra suficiente sentido. Argumentando que no podían estar más a merced de Michel, algunos miembros del Jardín de Buda comienzan a irse sin explicación alguna. El líder, al ver que su alcance comienza a ser menor, se tornó paranoico y exigió a sus devotos labores más pesadas, imponiendo reglas cada vez más estrictas.



«No era más que un actor fracasado que había encontrado el papel de su vida».


Conforme las acusaciones de abuso sexual empiezan a aparecer en el documental, parecemos ver a un viejo dios desmoronarse frente a nuestros ojos. Sí, el amoroso guía que parecía llegado desde el mismo cielo en realidad era un exactor de porno gay que gustaba de penetrar a sus adeptos ─siempre varones─ aún en contra de su voluntad, mientras que a las mujeres las convencía de no relacionarse con nadie, especialmente con los hombres del grupo.


Holy Hell incomoda al espectador al ver cómo Michel se libra de los procesos legales mientras su furia crece al ver a su grupo desaparecer. El mismo Will, que a pesar de los abusos seguía con él, le pide finalmente que abandone todo sueño mesiánico, que se mude a un punto lejano y deje a todos en paz. El líder, ahora bajo el nombre de Andreas “aceptó” mudarse a Hawái, sólo para que, en 2016, fuera visto de nuevo con un grupo nuevo de seguidores que parecen cuidarlo y protegerlo al igual que ocurría en el Jardín de Buda.



¿Cómo será la vida dentro de la nueva comunidad liderada por Andreas? Realmente nadie lo sabe, lo único cierto es que después de ver este documental uno comienza a desconfiar de cualquier líder ─religioso o no─, pues lo cierto es que dentro del mejor lado del hombre siempre hay un lugar reservado para la maldad, la avaricia y el amor por el bien propio a costa de los demás.


Finalmente, aunque todos necesitemos algo en qué creer, lo ideal sería que ello no nos llevara a la ruina.


Recuerda que puedes ver Holy Hell en Netflix.



TAGS: Documental Dios Religión
REFERENCIAS:

Diego Cera


Articulista Senior

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