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El documental en Netflix que muestra la obsesión de los hombres con la virginidad

5 de abril de 2018

Alonso Martínez

Filas enteras de hombres de más de 40 años que sólo desean interactuar con mujeres hermosas que cantan melodías pop. ¿Qué dice esto de la sociedad?



«Creen que deben ser amados y aceptados sin realizar ningún esfuerzo». Cientos de hombres japoneses gastan miles de dólares cada mes en espectáculos de jóvenes hermosas que cantan canciones sobre superación, éxito y ser especiales; lo único que piden a cambio es pasar un momento con ellas, estrechar sus manos y recibir amor. Las apoyan como si fueran sus hijas. Bailan como adolescentes inocentes y son felices dándoles dinero desde sus trincheras. Pero, ¿qué dice eso de su forma de pensar?



Controlan sus vidas. Quieren que sean vírgenes eternamente; que se asemejen a una niña indefensa que no alza la voz y que no se negará a nada porque vive para ellos, para hacerlos felices, satisfacer su necesidad de amor y acompañarlos. Y es que esa es la obligación (o convicción) de las pop idols, mujeres japonesas de entre 16 a 25 años que adoptan un personaje inocente, alegre y amable, que están listas para hacer feliz a sus fanáticos para ganar fama y desaparecer en el olvido a los pocos años.


Esos son los temas principales del documental Tokyo Idols que hace una aproximación a la escena de las pop idols independientes en Japón y su extraño séquito de fans compuestos principalmente por hombres adultos, mostrándonos un mundo extraño que podría parecernos bastante desconcertante.



Resulta perturbador ver un concierto de una pop idol. Uno imaginaría que, como en la escena pop de Estados Unidos, la audiencia está poblada de niñas adolescentes que quieren ser como Lady Gaga o Dua Lipa, pero no es así. En los cientos de escenarios en los que las jóvenes buscan convertirse en figuras inmaculadas y virginales sólo parecen asistir hombres mayores de 30 años que cantan con toda vehemencia sus canciones y que en cierta forma las "adoptan" para ayudarlas a realizar sus sueños.


Sus rostros envejecidos hacen un fuerte contraste con la juventud y perfección de la mujer que se encuentra en el escenario, pero parece no importarles; se sienten en un lugar seguro, uno en el que no serán juzgados y podrán recibir amor al seguir dándole dinero a sus "protegidas".



En el documental, distintos periodistas y sociólogos tratan de explicar el fenómeno y sus conclusiones están vinculadas con el permanente deseo del hombre japonés de poder controlar a una mujer y recibir amor sin realizar un gran esfuerzo; su mente se ha negado a la evolución de la mujer independiente —que puede lograr lo que se propone— y se conforma apoyando a una imagen falsa de lo que él cree que es la feminidad: virginidad inmaculada, inocencia, amabilidad y amor incondicional.



De igual forma resulta perturbador que una audiencia tan grande se sienta atraída por mujeres que aunque sean mayores de edad, evocan una inocencia casi infantil, quizás adolescente, lo cual complace el deseo de la eterna juventud; cuando esa ilusión se rompe, sólo necesitan buscar a otra idol que cumpla con esas características.


Es decir, cuando una idol comienza a verse con mayor edad (por lo general después de los 25), puede que desaparezca en el olvido para darle paso a alguien más joven. Esto está vinculado con cómo alrededor del mundo en distintas industrias se suele dar prioridad a las mujeres de menor edad y la psicología de los fanáticos (u hombres tradicionales) que se rehusan a creer en una versión real de las mujeres. De igual manera, si una idol deja de ser amable o si su vida privada no es como los seguidores la imaginaban, puede recibir mensajes de odio e incluso amenazas de muerte, sólo por no adecuarse a las reglas establecidas por quienes las controlan.



Tokyo Idols hace una profunda aproximación a ese enfermizo mundo que refleja un machismo que se rehusa a desaparecer en el mundo. «Las Idols hacen todo eso porque no existe otra forma en que una mujer pueda recibir reconocimiento», afirma una socióloga y trágicamente para hacerlo tienen que someterse a una idea de la feminidad basada en la mentalidad masculina, su necesidad de mantener poderío sobre las elecciones de los demás y su miedo de perder el control que históricamente poseyeron durante miles de años.



Quizás uno de los momentos más perturbadores del trabajo es cuando presentan a las idols menores de 12 años, quienes también interactúan con sus fanáticos mayores de 40 años y les dan fuertes apretones de mano —lo cual en Japón podría tomarse como una fuerte sugerencia sexual—. Y aunque en el documental no se habla del acoso por parte de los fanáticos, ha habido esfuerzos periodísticos que atraen atención hacia el acoso que sufren estas mujeres por su mánager u otro tipo de miembros de la industria. Lo peor es que quizá las cantantes no alcen la voz porque no serán escuchadas y porque aún desean encontrar el éxito.



Es una industria tanto compleja como enfermiza, ya que podría justificar la atracción adulta por el mundo infantil en el aspecto sexual, pero ha sido defendida porque se dice que ofrece un punto de vista positivo en una sociedad negativa. Tokyo Idols lo presenta desde todas sus perspectivas, sus atractivos y problemas, pero realiza una pregunta muy importante, ¿qué deberíamos pensar de esos hombres mayores obsesionados con adolescentes, virginidad e inocencia?, y, ¿qué tan bueno es alimentar su constante deseo por mujeres jóvenes?


Tokyo Idols está disponible en Netflix.


Mira el tráiler:


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Alonso Martínez


Editor de Cine

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