Dos películas que podrían pasar por feministas cuando en realidad no lo son

Jueves, 9 de noviembre de 2017 16:56

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peliculas que podrian pasar por feministas

Más allá de sus méritos artísticos, estilísticos y cinematográficos, estas cintas pueden confundir sus sentidos y no representar las luchas reivindicativas

Si se revisa la historia del cine, es fácil determinar que, como industria el séptimo arte no se caracteriza precisamente por su adhesión a los valores del feminismo. Acorde con el contexto sucesivo del transcurrir del tiempo, la figura femenina estuvo en gran medida vedada. Hay que recordar la anécdota de Howard Hawks, director de Scarface (1932), una de las películas más polémicas de la historia, cuando en 1946 contrató a Leigh Brackett para que escribiera el guión del El sueño eterno. Hawks no sabía que era mujer, pues su nombre era más bien ambivalente, unisex, indeterminado. Era demasiado tarde para arrepentirse, aseguró, pero los prejuicios no tardaron en desvanecerse cuando resultó ser su mejor aliada. Desde entonces Leigh Brackett destacó como guionista de grandes clásicos, incluido el de El imperio contraataca (George Lucas, 1980), según muchos fanáticos la mejor entrega de la saga de Star Wars. Además de la falta de reconocimiento a las mujeres guionistas que escribieron lo mejor del cine negro durante los años 50, es evidente la desigualdad en premiaciones y galardones. La brecha es abrumadora entre la cantidad de hombres ganadores de estatuillas de la Academia contra la cantidad de mujeres.

No todo está perdido, claro está. Muchas mujeres han demostrado ser directoras increíbles capaces de derrumbar estereotipos y puedes encontrar en el vasto mundo filmográfico internacional cintas feministas que trascienden en la historia, así como obras para toda señorita punk. Pero algo no cuaja cuando se trata de películas que pretenden ser feministas cuando en realidad no lo son. Más allá de sus méritos artísticos, estilísticos y cinematográficos, esta reseña pretende desentrañar lo que, quien suscribe estas palabras, considera como farsas.



Requisitos para ser una persona normal (Leticia Dolera, 2015)



Leticia Dolera dirige, escribe y protagoniza esta comedia ligera con pretensiones feministas. Después de todo, Dolera se define a sí misma como tal y ha hablado a menudo de desigualdades de género en medios de comunicación. La protagonista, María (Dolera), tiene 30 años y no cumple con ninguno de los requisitos consignados por ella misma para ser una persona normal: tener trabajo, casa propia, alguna afición, un grupo de amigos con los que salir, una buena relación con la familia, pareja, etc., en fin, todo lo que se supone que te lleva de cabeza a la felicidad, el sueño pequeño burgués.

Decide ponerse manos a la obra y, en sus idas y venidas, conoce a Borja (Manuel Burque), un barbudo que trabaja en Ikea y que quiere perder peso. Se hacen amigos y deciden echarse una mano mutuamente: ella lo ayuda a él con el ejercicio y la dieta y él a ella con la “normalidad”. La premisa no cumple con las expectativas: al final de la película resulta que se han enamorado y eso arregla mágicamente todos los demás problemas.


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Final feliz y punto. El personaje de María a esas alturas lo único que ha conseguido es arreglar su relación con su madre, pero, por lo demás: no tiene casa, no tiene amigos y tiene un trabajo miserable. Pero no pasa nada porque ahora tiene novio y cuando tienes novio da igual que no tengas un círculo social ni carrera profesional, que no son más que nimiedades que al final no van a aportar tanto a tu vida ni a darle sentido de la forma en que tu pareja lo hace. Una pareja supone la felicidad plena, ¿no? Es ridículo que una mujer aspire a nada más una vez que está en una relación feliz.

El hecho de que María sea exponencialmente más atractiva que Borja (quien por cierto no pierde nada de peso) ya es el remate de los tomates. Dato curioso: todos los besos que se dan María y Borja en la película son decepcionantes: no hay un beso apasionado de verdad. Lectura: ni Dolera se lo cree. Cualquiera al salir del cine les daba a estos "tórtolos" un año como mucho.



Hysteria (Tanya Wexler, 2011)



Esta comedia británica supuestamente reivindicativa y también dirigida por una mujer cuenta cómo nació el primer dildo o consolador de la historia. Un poco de contexto histórico: a finales del siglo XIX los modos de vida extremadamente opresivos a que eran sometidas las mujeres las hacía enfermar de “histeria”. Básicamente, las señoras de la burguesía estaban deprimidas y ansiosas porque no hacían nada de nada. No tenían una profesión y ni siquiera podían entretenerse con las tareas del hogar, pues lo adecuado era dejarlo todo en manos del servicio. En resumidas cuentas, una señora no cocina ni hace camas. Todo este asunto es en realidad sumamente apasionante y si a alguien le interesa y quiere ver el efecto que tuvo sobre la producción artística de la época, Ídolos de perversidad, de Bram Dijkstra, es una lectura más que recomendada.

En Hysteria, los médicos dan con una forma bastante eficiente de calmar los síntomas de sus pacientes: las masturban hasta que tienen un orgasmo. La película se centra en el joven doctor Mortimer Granville (Hugh Dancy), quien entra a trabajar a la consulta del doctor Robert Dalrymple (Jonathan Price), padre de la subversiva Charlotte Dalrymple (Maggie Gyllenhaal), una rebelde que se dedica a ayudar a los más necesitados y monta en bicicleta, algo que las mujeres empezaron a hacer justo en esa época, contra la opinión de la mayor parte de la sociedad.


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El doctor Granville experimenta junto con su mejor amigo, un excéntrico y alocado ricachón, hasta que inventa un consolador eléctrico que le trae mucha paz a su adolorida muñeca. Esto está muy bien porque ayuda a disimular los males que realmente aquejan a las mujeres: la profunda insatisfacción de sus vidas, el vacío existencial, el aburrimiento, la total ausencia de gozo sexual, la represión absoluta de sus deseos, su posición accesoria y secundaria. Pero el aparato “hace feliz a la gente” y eso es para celebrarlo: he ahí un ángulo ingenuo de la película.

Charlotte se mete en líos con sus luchas y acaba en un juicio en el que un especialista médico asegura que tiene un tipo de histeria fatal porque las mujeres tan intensas no son normales y no hay quien las aguante. Por eso se dictamina que debe extirpársele el útero para “curarla”. Granville, quien está enamorado de ella, da un alegato y la salva de la mutilación. Terminan siendo una pareja muy feliz: él sigue de médico y ella dirige una suerte de centro de asistencia social. La película va sobre cómo las mujeres juegan un rol secundario en el mundo y lo que hace es poner a la protagonista en un rol secundario. Charlotte no dispone de los recursos para salvarse a sí misma y necesita que lo haga Granville: sin él hubiera estado perdida. Pareciera expresar que necesitas que un hombre te salve, tú no puedes hacerlo sola. Tal vez por aquello del pacto ficcional y en aras de una historia redonda, pero es un poco preocupante que termine en boda. Al fin y al cabo es una comedia romántica y ya se sabe que el amor lo arregla todo, así que fin de los conflictos.



Escrito por Julia González Calderón


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Para continuar con el hilo de esta lucha por reivindicar a la mujer en el mundo escucha y analiza las Canciones y letras para comprender la tercera ola feminista y para relajarte después haz un playlist con las 6 canciones para punks enamorados.

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