INICIO NOTICIAS VIDEO SERIES INFOGRAFÍAS ARTE FOTO CINE HISTORIA LETRAS MÚSICA DISEÑO ESTILO DE VIDA MODA VIAJES CIENCIA Y TECNOLOGÍA COMIDA

Todos los derechos reservados 2017
© Cultura Colectiva

Antes el cine se trataba del futuro, hoy se trata del pasado; ¿pero cuál es la mejor propuesta?

17 de noviembre de 2017

Irving Flores

Películas como "Volver al futuro" pretendían adivinar y visualizar una época que ahora ya hemos dejado atrás.



El 2017 está por terminar y fue un año con grandes avances tecnológicos y posibilidades para realizar casi cualquier idea en las producciones de cine y televisión. El uso de las computadoras para la animación digital ha permitido desarrollar un lenguaje audiovisual que va más allá de los efectos especiales y la forma de narrar una historia. Este acompañamiento entre tecnología y cinematografía ha existido desde el nacimiento de la industria. Se suele asociar al inventor y director francés George Méliès con la incorporación de técnicas como la cámara rápida, el color y exposiciones múltiples en sus obras. El Viaje a la Luna (1902) ocupa un lugar especial en el corazón de los cinéfilos; su aporte e influencia se vio destacado en la película Hugo (2011) de Martin Scorsese.




 

Otro de los maestros del cine contemporáneo, el director James Cameron, afirmó en varias oportunidades que no se atrevió a rodar Avatar en el año en el que escribió el guion —alrededor de 1994—, porque la tecnología no estaba a la altura para realizar la visión que él tenía. Esto demuestra la importancia que pueden llegar a tener los efectos especiales a la hora de producir un filme o un programa de televisión.




 

Esa idea del futuro y de las posibilidades nos abrió las puertas a una serie de películas que buscaban llevar al límite la imaginación humana. La trilogía de Volver al futuro ofrecía una visión cómica de lo que sería un 2015. Hay muchos artículos en la red sobre todas las predicciones acertadas de dicha película a nuestra historia contemporánea. Otra línea cinematográfica prefirió llevar la humanidad a otros universos impensables. La saga de Star Wars presentó los mejores efectos para le época al desarrollar un panorama de cómo sería la vida fuera de la Tierra; el viaje a la velocidad de la luz, el sable de los jedi, los androides carismáticos y las batallas entre naves espaciales formaron parte de la propuesta de George Lucas.




 

Finalmente, también hemos sido espectadores de aquellas películas que nos advierten del peligro inminente de un futuro distópico causado por la misma tecnología. La trilogía de Matrix, V de Vendetta y la inolvidable Blade Runner forman parte de este apartado. Los más jóvenes encontraron en las novelas —y posteriores adaptaciones— de Los Juegos del Hambre, Maze Runner y Divergente una curiosa fascinación por el caos, la opresión y el desorden, por un mundo perdido con protagonistas dispuestos a desafiarlo todo. En este caso, la tecnología fue usada tanto para crear escenarios como para advertirnos que como raza estamos en un camino oblicuo y decadente.




 

Sin embargo, parece que recientemente nos hemos dado cuenta de algo: ese futuro que se percibía lejano hace cinco o diez años, ya está acá. Si retomamos la línea de Volver al futuro, hemos avanzado ya un par de años de la fecha en que Marty McFly “viajó” hasta nuestra época. Celulares, tablets, aplicaciones y redes sociales forman parte de nuestro día a día. El acceso a la información ha cambiado y nuestras rutinas de consumo también; las formas de ver televisión, de comunicarnos y de compartir información son muy distintas. Ahora agachamos la cabeza frente a una pantalla de nuestro dispositivo móvil y tenemos la ilusión de estar en mil lugares al mismo tiempo. Estar conectado es lo que mueve a muchos individuos.

 




En medio de ese nuevo devenir social, parece que en lugar de continuar con la mirada hacia el futuro preferimos —aunque sea por unos minutos— mirar hacia atrás y recordar una época sencilla donde todo parecía más fácil. Los tiempos de correr en la calle y pegarle a un balón, de reunirse a las afueras de una casa a comerse una paleta o de esperar con impaciencia el horario para poder ver nuestra caricatura favorita. Encontramos en aquellos años una belleza que vuelve frío nuestro actual entorno. Y por lo anterior, lo vintage ha sido sabiamente explotado.

 




El cine se ha dado cuenta de ello. Si se toma como referencia los premios de la academia —por su influencia en el cine latinoamericano—, no es sorprendente encontrar que las historias que nos retratan un tiempo anterior figuran siempre entre las nominadas. Por ejemplo, el juego de la nostalgia parece haberle funcionado a la reciente adaptación de It, aquel cuento de niños inadaptado que deben enfrentar sus mayores temores para derrotar a la criatura hambrienta de otra dimensión. Pero no es la única, la sobrevalorada La La Land tuvo eco en la audiencia y nos da un vistazo a aquella época dorada de los 50 en una ciudad de soñadores y glamour. Ambas apuestan por retratar un tiempo sin celulares, notificaciones y aplicaciones.

 




Así como esos filmes, otras producciones han buscado recordarnos lo bello de la vida en décadas anteriores, o los crímenes que se han cometido y que hoy debemos evitar para demostrar que nos hemos superado como humanidad. Son formas distintas, pero nostalgia al fin de cuentas. Mucho del éxito de la serie de Stranger Things se debe al guiño hacia toda una generación influenciada por aquellas películas, series, historietas y juegos que nos evocan un pasado no tan lejano. La manera en la que la nostalgia se convierte en el principal protagonista de las producciones va más allá del retrato de una época; incluye también la música, el uso de objetos en la escena que quizá hoy ya no se utilizan y el lenguaje característico de aquella generación.

 




Por supuesto que el uso de la nostalgia no es nuevo en el cine. Sin embargo, hoy en día responde a una nueva necesidad social que busca no sólo codificar el presente, sino establecer el vínculo con el pasado, a fin de recordar un tiempo en el cual los placeres se encontraban en el detalle más insignificante.


**


Las series televisivas y algunos filmes recientes han encontrado su razón de ser en programas o películas ya lanzadas algunos años atrás. Estos filmes son el ejemplo que, sin importar cuántos años pasen, cuando las historias saben contarse cualquier momento es bueno para valerse de su magia. 



TAGS: Siglo xxi Siglo xx crítica cinematográfica
REFERENCIAS:

Irving Flores


Colaborador

  COMENTARIOS

  MÁS DE CULTURA COLECTIVA

Tupac Amaru II: El líder indígena de la primera revolución latinoamericana Pedro Díaz Parada “El Cacique de Oaxaca”, el capo más violento y sigiloso del sur de México Las 10 pinturas más caras de artistas vivos Poema para recordar a los periodistas que defendieron la verdad hasta la muerte 100 consejos que hubiéramos querido escuchar cuando teníamos 15 años Bioenergética: cómo dominar la terapia que te liberará de la angustia del pasado

  TE RECOMENDAMOS